CONVOCAN A PARTICIPANTES DEL ROSARIAZO A SER EXTRAS EN UN DOCUMENTAL
En mayo y setiembre de 1969 universitarios y obreros de Rosario resistieron en las calles contra la dictadura de Juan Carlos Onganía. En la historia política, social y económica argentina los “azos” marcan un quiebre, y en este caso los Rosariazos –como se recuerdan aquellas históricas manifestaciones– no fueron la excepción. Ahora esas protestas del pueblo rosarino quedarán registradas en el documental “Rosariazos (ciudad tomada)”, en el que desde hace tres años trabaja el realizador local Carlos López. “Es una iniciativa que surgió a partir de un trabajo práctico que hicieron sobre el tema estudiantes de periodismo de TEA”, según apunta el mismo director.
“A partir de una muestra fotográfica de Carlos Saldi fue avanzando el trabajo de campo. Si bien se encontraban fotos de aquellas movilizaciones, durante la investigación nos dimos cuenta de que escaseaba material fílmico. Primero me contacté con algunos coleccionistas en Buenos Aires que conservaban grabaciones. En aquel momento dos empresas privadas eran las que filmaban en Rosario y por eso en los canales de acá hay poco y nada sobre el tema”, cuenta López. Y siguió: “Planeamos una investigación histórica y empezamos a convocar algunos referentes, como (Héctor) Quagliaro –un defensor histórico del movimiento obrero–, (Enrique) Gigena, militantes estudiantiles de la época. Incluso aparece el propio Saldi contando su visión de los acontecimientos desde la perspectiva del reportero gráfico”.
Según anticipa el director, “el documental va a tener algunos rasgos tradicionales del formato: una voz en off, un relato, aunque esta vez el plus lo aporta la ficción”. “La estructura del documental está definida por relatos, testimonios de la época, todo lo que es imagen y la recreación de aquellos sucesos. Esta parte de ficción va entrelazada con todo lo demás”, informa el documentalista.
Como cualquier historia guionada, hay un principio, un desarrollo y un final, aunque –según el realizador– “en el medio aparecen otras situaciones inesperadas, como por ejemplo la voz en off se transforma en un personaje”. “Además, no me quedo en 1969, ya que eso sólo fue el comienzo de una historia muy dura para nuestro país: se habla de los desaparecidos, de la militancia y persecución política, también hay un homenaje a Rubén Naranjo, un defensor de los derechos humanos”, indica López. “La idea es ir reconstruyendo el pasado a través de imágenes fílmicas en blanco y negro de aquella época. Inclusive uno toma una postura política e ideológica que después se refleja en el documental”, reconoce. Hasta el momento son 27 los entrevistados –“la idea es llegar a cuarenta”, según el director–, el documental tendrá una duración de 90 minutos y se estima que el trabajo esté terminado para setiembre de este año. “Lo más difícil es el trabajo de posproducción, el armado, editar los testimonios y sumarlos a la misma idea”, dice el documentalista que saca de su propio bolsillo los fondos para costear el proyecto.
“En cuanto a los testimonios, me llamó la atención que cada agrupación política se atribuye el Rosariazo. Entre esos relatos escuché muchas reivindicaciones, mucha pasión. Algunas declaraciones me costó conseguirlas porque todavía muchos sienten miedo, como que hay heridas abiertas”, acota. “La primera idea de este documental –sostiene López– es que recorra el camino de cualquier trabajo artístico: que se proyecte en salas, en escuelas, en cines, llevarlo a festivales para que se conozca y que tenga su publicidad. Al documental hay que verlo en un cuarto oscuro y cuando se termina la peli ponerse a debatir sobre qué sociedad queremos construir hoy”.
VOLVER A LOS ’60
El director Carlos López y su equipo de trabajo están convocando a extras con el fin de recrear una movilización del Rosariazo en una esquina céntrica de la ciudad que en principio sería para el 3 de junio. Todos los que se quieran sumar a la movida se pueden comunicar al teléfono 156-183821 o vía correo electrónico a [email protected]. Eso sí, los actores o ciudadanos que se presten para la ficción tienen que ir vestidos de época, los estudiantes con camisa blanca, corbata y saco; los trabajadores con oberol y las chicas con polleras por encima de la rodilla. “La idea es, además, recrear los cánticos ya que no hay mucho registro sonoro de la época”, dice López.
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