CORONDA, CIUDAD DE PALABRAS
En el presidio donde se cometió una masacre que dejó catorce muertos presentaron ayer una revista hecha por internos. Así, se reivindican como voz activa en el debate sobre las políticas carcelarias.
Ayre se presntó en el penal la revista “Coronda: ciudad interna”.
“Los que tendrían que estar recibiendo estos diplomas también son los chicos que están muertos”. La voz de Jorge Crespillo llega con interferencias a este lado de la línea aunque se adivina que allí donde está hay mucha gente. Para este hombre de 42 años –que desde hace 10 está detenido en el Penal de Coronda–, ayer fue un día celebratorio. Aunque no se trata de una celebración tilinga, nimbada de lucecitas de colores o falsos deseos, sino de un sentir más complejo, hondo en su intimidad.
Sucede que un grupo de internos de esa penitenciaría recibió su diploma en manejo de programas de computación, un curso que realizaron en el taller de comunicación que funciona allí dentro, en la sala de informática, coordinado por sus pares. En ese marco, también se presentó el primer número de “Coronda: ciudad interna”, publicación concebida, escrita y diagramada en el penal. Atravesada por la memoria de la masacre del 11 abril pasado, cuando murieron 14 internos, la revista trasciende la bronca y el dolor. Se transforma en un ámbito de producción creativa. Y como una de sus características más novedosas, propone un debate político entre quienes son objeto de los lineamientos carcelarios en la provincia de Santa Fe.
EL PROYECTO
El proyecto comenzó tres meses atrás, como iniciativa de un grupo de internos, luego de materializar la sala de informática a través de donaciones. A ellos se sumaron dos periodistas rosarinos, Daniel Ekdeseman y Matías Ayastuy. “En Coronda hay unos 1.200 presos y unos 400 «cobanis», que es el modo en que los internos nombran a los policías. O sea que se trata de una verdadera ciudad puertas adentro”, explica Ayastuy. “La aparición de esta revista significa la emergencia en el espacio público de uno de los actores principales de las políticas carcelarias, justamente los que están privados de su libertad. Si bien se han hecho otras revistas en cárceles, lo novedoso en este caso es que no se trata de una publicación institucional en el sentido clásico, sino de un espacio de crítica, debate y propuesta, que parecía impensable hace un tiempo nomás”, agrega.
“Coronda: ciudad interna” contiene notas sobre historias de vida y entrevistas a los sobrevivientes de la masacre. En cada una de ellas no sólo se reflexiona sobre los dispositivos carcelarios sino también sobre las posibilidades de reinserción social, algo que en lo cotidiano se traduce en el deseo de formar o mantener familias y afectos, y lograr un reconocimiento no como “ex preso” sino como trabajador, escritor, o poeta. De hecho, en Coronda funcionan diversos talleres de capacitación, como el de computación, e inclusive una radio FM.
“Es una forma de trascender los muros de la cárcel e instalar una serie de debates hacia adentro y afuera del penal”, afirma Ayastuy en relación a la publicación. “¿Es posible fijar una política carcelaria realista que respete los derechos humanos básicos? ¿Se pueden trazar políticas penitenciarias sin contemplar siquiera la voz y opinión de aquellas personas que son objeto de estas políticas? ¿Por qué casi todos los presos son pobres? ¿Cuánto tiempo más va a primar la política de exterminio por sobre la de reinserción social?”, interroga el periodista.
PARA NO CAER DE NUEVO
Por su parte, Crespillo indica que “una de las cosas más importantes es lograr que a través de estas actividades los pibes no pisen otra vez el penal, no vuelvan a estar en cana”. “¿Sabés cuántos chicos están detenidos acá con un promedio de edad de 25 años? El problema fundamental, entonces, es ver cómo pueden reincorporarse de la mejor manera al medio y para eso lo más importante es la educación. Por eso decidimos organizar talleres”, sostiene.
En relación a la masacre, el interno evalúa que “no era impensable una cosa así, en una cárcel llena de gente que, como otras del país, está en una situación peor que a las de la época de la dictadura. Es que el Estado se ha cargado unos cuantos muertos en situación de cárcel”.
“Estamos acá porque cometimos errores, pero muchas veces la sociedad no sabe lo que pasa adentro y nosotros, que lo vivimos todos los días, queremos contarlo”, dice Crespillo. Insiste en que la revista será un espacio de comunicación para hablar de lo ocurrido. Pero también, un desafío para que la privación de la libertad física no signifique la clausura de la palabra.
Este contenido no está abierto a comentarios

