CORONDA: LA "ENGOMADA" QUE PRECEDIÓ LA MASACRE
“Esto fue una entregada por otras cuestiones de las que no puedo hablar”, apuntó con temor. Por qué no nos desengomaron, por qué, por qué?”, se preguntaba uno de los sobrevivientes del pabellón de la muerte, donde nueve detenidos perdieron la vida en la masacre ocurrida el lunes de la semana pasada en la Unidad I de Coronda. Fue testigo de la masacre, salvó su vida de milagro, y habló con El Ciudadano en forma exclusiva relatando detalles que ratifican la hipótesis de la complicidad policial. Su identidad, su estado de salud y el lugar donde se encuentra alojado fueron omitidos en esta nota porque su vida aún corre peligro.
Emgomar alude –dentro de la jerga carcelaria– a la acción de liberar a los internos de sus celdas, una actividad que, junto al encierro, marca la rutina y constituye una medida temporal en los penales. De acuerdo a la visión del testigo, el hecho de que no se hubieran destrabado las rejas de los calabozos y permitido a los reclusos escapar hacia el patio interno en momentos en que la horda enfurecida no se detenía, “es una muestra de que hubo complicidad de los guardiacárceles con los asesinos”, una hipótesis que refuerza las denuncias realizadas por la Coordinadora de Trabajo Carcelario (CTC).
Otro de los detalles aportados por el joven pone en evidencia, en el mismo sentido que lo hizo la organización carcelaria, que el día en que se desató la matanza a los reos del pabellón 11 los obligaron a aislarse antes del horario habitual. El interno aludido en esta nota se salvó pero sufrió heridas.
En la masacre vio morir a dos de sus compañeros y esas imágenes son las heridas más fuertes con las que carga a dos semanas del horror.
De acuerdo a la versión del detenido –que, se insiste, por motivos de seguridad no se identifica– “el ataque fue sorpresivo” y en los días previos no existieron evidencias de lo que estaba por ocurrir.
“Todo eso de que se estaba por armar un motín y que habían aparecido facas en el patio del penal son ideas que hicieron circular los canas (por los guardiacárceles) para tapar lo que pasó”. El testigo aún no puede comprender por qué los celadores no “destrabaron las puertas de las celdas cuando el pabellón se rompió”, es decir cuando la masacre ya se había iniciado y cobrado vidas. “Si nos hubieran permitido salir al patio todo hubiera sido diferente”, señaló, para luego admitir que esa inacción “y el hecho de que nos les hubieran hecho ni un rasguño a los guardias que tomaron de rehenes demuestra que todo venía muy claro hacia un sector, que se la tenían jurada desde hace un tiempo, que era una entrega”.
Con respecto al horario en que comenzó a correr la sangre, el detenido lo ubica diez minutos después de que encerraran a los internos del pabellón 11, un punto oscuro que todavía es motivo de discusión, ya que de acuerdo a un informe de la CTC no se explica cómo se obligó a “engomarse” a los alojados en ese sector y no a los de otros pabellones. “Fue antes de la hora en que siempre nos metían adentro, no era el mismo horario de todos los días”, aseguró, para luego aclarar los períodos de clausura que coinciden con las horas de las comidas. “De las ocho de la mañana a la una estamos afuera, luego entramos a almorzar y nos engoman hasta las 15; salimos nuevamente hasta las 18, horario en que permanecemos en las celdas para cenar, y luego estamos desengomados de las ocho hasta las once de la noche”. De acuerdo a sus registros, el aislamiento del pabellón 11 se produjo cuando todavía debían estar en el recreo de media tarde, “mucho antes” del horario de encierro previo a la cena. “Diez minutos después empezó todo”, recordó.
El sobreviviente también desestimó que la muerte del delegado Verón fuera el detonante de la matanza porque “era de otro pabellón” y si bien señaló que la antinomia entre rosarinos y santafesinos existía desde hacía tiempo, no lo atribuyó como el móvil principal de la masacre. “Esto fue una entregada por otras cuestiones de las que no puedo hablar”, concluyó el sobreviviente sin ocultar su temor.
“TODO TRANQUILO”
El ministro de Gobierno, Roberto Rosúa, aseguró ayer que el traslado de presos lo tiene que resolver el Servicio Penitenciario. Y si bien no descartó que pueda sacar más presos de Coronda, dijo que ello no va a ser en lo inmediato. “En Coronda está todo tranquilo”, sostuvo ayer Rosúa, y evaluó que para el fin de semana próximo “todo va a estar funcionando normalmente”. Al respecto explicó que durante la semana se van a hacer más requisas y las últimas revisiones.
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