CORRIÓ CON SU AUTO, MATÓ, PERO NO IRÁ PRESO: ESCÁNDALO EN EL TRIBUNAL
“El Tribunal resuelve veredicto condenatorio”. Cuando escucharon esa frase de la sentencia, los padres de Paolo Mellano respiraron aliviados: tras casi tres años de dolor parecía evidente que el joven que había atropellado y matado a su hijo finalmente terminaría preso. Todo cambió un segundo después. Sin tomarse un respiro, la secretaria que leía el veredicto dejó al desnudo que Federico Ferrazo no quedaría detenido: “No se acreditó que el conductor participara de una picada ni se determinó que su vehículo estuviera preparado para correr carreras”.
El Tribunal Oral Nº 3 de San Isidro no encontró nada que probara —tal como sostenían la familia de la víctima y la Fiscalía— que Ferrazo estaba compitiendo cuando atropelló a Mellano, que tenía 19 años. Se lo condenó por homicidio culposo a 3 años de prisión y a 8 años de inhabilitación para manejar. No irá preso.
En el mismo momento en que se anunció la condena, desde la secretaría del Tribunal se oyó tronar la voz de una mujer que no había conseguido entrar a la diminuta sala de audiencias: “Hijos de puta. Nosotros los parimos y ustedes dejen que sus asesinos queden libres”. Los jueces, ahí nomás, ordenaron la suspensión de la lectura y que se desalojara la secretaría.
Pero la lectura ya no se pudo retomar. La gente que estaba afuera de la sala —había amigos de Paolo y miembros de asociaciones de familiares de víctimas de accidentes de tránsito— ya estaba enterada del fallo. Algunos golpeaban los vidrios de la sala de audiencias, que terminaron rotos. Otros intentaban forzar su puerta, cerrada con llave.
Aunque testigos del accidente —fue el 21 de setiembre de 2003 en Avenida del Libertador y Corrientes, Olivos— aseguraron que Ferrazo manejaba con un casco puesto, el Tribunal no consideró ese elemento como prueba de que corría una picada. Los jueces tampoco entendieron que manejara rápido.
La sentencia plantea que Mellano habría tenido cierta culpa en su propia muerte. “Cruzó por un lugar no permitido” (es decir, fuera de la senda peatonal), dijeron los jueces.
Teresa de Mellano, madre de Paolo, quedó desconsolada. Llorando, adelantó: “Esto no va a quedar así. Vamos a apelar la sentencia y a demostrar que el Tribunal tenía predisposición a favorecer a este asesino”.
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