CREAMFIELDS 2005 EN BUENOS AIRES
La tarde del sábado fue celeste y radiante; por la noche, la brisa del río y un cielo salpicado de estrellas impugnaban al fantasma aguafiestas de ediciones anteriores. Esta vez Creamfields se destacó con dos marcas numéricas: agotó las 60 mil entradas disponibles (10 mil más que en 2004) y anotó el récord mundial de convocatoria para el festival made in UK. Pero, además, este año, la estadística empezó a variar y el encuentro se libró de su mala reputación meteorológica. El amanecer llegó claro en la Costanera. No llovió. Algo que no sucedía desde aquel remoto Creamfields 2002.
Poco después de las 15, el parque de entretenimientos ya estaba montado en el predio de la ex Ciudad Deportiva de La Boca. Cuatro coloridas carpas con capacidad para varios miles de bailarines cada una, dos escenarios al aire libre con bandas de pop, rock y electrónica en continuado y, por lo menos, una decena de espacios emplazados por sponsors dibujaban sobre el mapa de 13 hectáreas los casilleros donde se desarrollaba la acción. El público, en ese peregrinar sin pausa de tantas horas, fue haciendo su elección.
Cerca de las 20, unas 30 mil personas daban su voto a los que serían, finalmente, los shows más concurridos de la noche. La Zuker XP les ganó la pulseada por la audiencia a Los Natas, debutantes en Creamfields. La banda que reinventa el cancionero rocker salió a escena con sus músicos de traje y antifaces negros y, al comando del DJ y bajista Javier Zuker, convirtió el campo del escenario principal en un resorte eufórico.
Exprimiendo al máximo el genial “Shot You Down”, los inglesitos de Audio Bullys tomaron la posta: el tema conocido a partir de la banda de sonido de “Kill Bill” sonó por lo menos tres veces en el mismo show. El dúo de veinteañeros alternó su rumbo entre los hits de su primer disco (“Real Life”, “We Don´t Care”) y los de su flamante álbum “Generation”.
Mientras el viento enroscaba los peinados más producidos, llegaba la medianoche. En la Cream Arena Hernán Cattáneo le ponía proa a un set que desbordaba los límites de la carpa. Sin embargo, el foco seguía puesto en el otro extremo del predio. Con una poderosa intro, los británicos de The Prodigy pusieron a Creamfields en sintonía punk maquinal. Hiperkinéticos, Keith Flint y Maxim Reality llevaron sus cuerdas vocales al límite y cumplieron con la promesa de mantener “un show en llamas” durante una hora y veinte. Encerrado en un semicírculo de teclados y máquinas, Liam Howlett -cerebro del team- timoneó el espectáculo desde el centro de la escena. Mientras tanto, los cantantes iban y venían por una suerte de pasarela trazada en medio del campo encendiendo aún más “la llama”. En retrospectiva, el grupo que fusiona rock y electrónica entregó los aclamados “Spitfire”, “Firestarter” y “Voodoo People”, en una especie de grandes éxitos ideados para festejar sus 15 años de trayectoria.
De madrugada, el dance fue líder. El DJ neoyorquino Danny Tenaglia, famoso por tocar 10 horas sin parar, debió conformarse con el segmento de 2 a 6 de la mañana.
La ronda siguió por el sector Alternative Beats, donde los belgas de 2 Many DJ´s daban cátedra en materia de mash-ups. Eran cerca de las 5 cuando, hacia el cierre de su presentación, el superstar DJ Paul Oakenfold apelaba a una de sus bandas favoritas, U2, para manifestar el estado de “Vertigo” colectivo. Ya se divisaban los primeros éxodos. La vuelta a paso aletargado poblaba la avenida Dellepiane, en sentido Puerto Madero. Varios miles de almas, sin embargo, creían que aún había cuerda para rato.
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