Crece el asentamiento vecino al Paseo del Sol
Cada vez más techos de chapas se asoman a la vera de la ruta 168 a la altura del centro comercial frente al barrio El Pozo. El asentamiento donde viven los Shutt hace más de 60 años, comenzó a ser ocupado por familias que buscaron la tranquilidad lejos de los aglomerados urbanos.Carlos Shutt con sus orgullosos 89 años contó que junto a su mujer, María, están en el lugar "desde el año 40, cuando todo esto era monte". En ese momento estaban solos junto a sus hijos, hoy se sumaron cerca de 15 familias que fueron seducidas por un asentamiento muy espacioso donde pueden criar animales y los chicos disfrutan de la naturaleza.Muchos de los "nuevos", a los que a veces los Shutt miraban con desconfianza, llegaron luego de que la Municipalidad los instó a desocupar los terrenos lindantes a Piedras Blancas. "Vino gente nueva, que se colocó acá cerca nuestro"; el lugar que indica Silvia está en las inmediaciones de la estación de servicio que se emplaza a la entrada del Paseo del Sol. Uno de ellos es Alberto Lencina que llegó a este paradero coincidiendo con sus vecinos en que "acá se vive tranquilo. Yo tengo animales y vivo de esto, nos quisieron llevar a Loyola pero no puedo por los animales". Sus cinco hijos, que antes habitaban cerca de la playa de la costanera este, también conviven con las gallinas, chanchos y caballos.Llevados por la corrienteLa crecida del Salado obligó a Juan Carlos y Víctor a elegir para sus respectivas familias una nueva locación. Esta extensión que se asemeja a las zonas de islas y está cerca de la ciudad se presentaba como ideal. "Tenía una casa prestada, cuando me inundé perdí un montón de cosas y no tenía dónde vivir. Ni bien cobré algo vine para acá". Para Víctor, que se compró su rancho con una división entrando al terreno, Pompeya quedó en el pasado, este lugar "es más cómodo y más tranquilo. Allá no se podía estar, me robaron todo. Acá crío animales y la gente es buena, nadie roba".Barranquitas es vista por Juan Carlos como un barrio que, por lo menos, alarma. "Me agarró la inundación y me vine para acá. No tenía dónde ir, así que decidí armarme un rancho al lado de la casa de mis padres", está contento ya que "es un lugar tranquilo". Y ésta es sin duda la descripción que se repite en todos los habitantes que tienen sus chapas y animales a una distancia considerable del resto, rodeados de pasto, animales y basura, ya que varios viven del cirujeo. A dos pasos, las miles de personas que concurren diariamente al cine, al shopping o al supermercado, están a miles de kilómetros del silencioso lugar.
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