CRECE EL MALESTAR EN EE.UU POR CHÁVEZ
El presidente venezolano, Hugo Chávez, representa un dilema que no logra resolver el gobierno de George W. Bush, que debate todavía cómo enfrentarlo sin polarizar aún más la relación bilateral ni poner en riesgo las instituciones democráticas que siguen en pie en Venezuela.
Un día después de haber criticado a España por su decisión de vender armas a Chávez, ayer se informó que la secretaria de Estado, Condoleezza Rice, no viajará a Barcelona para la Cumbre Euromediterránea la próxima semana. El anuncio provocó inquietud en Madrid (ver aparte), pero el Departamento de Estado descartó cualquier gesto político por esta imprevista cancelación.
Dos de sus voceros argumentaron que Rice no debía asistir a la cumbre porque Estados Unidos no integra el llamado Proceso de Barcelona, pero Washington también presiona a las autoridades españolas para que no completen la venta del material militar a Chávez, a quien consideran un “factor desestabilizador” en la región.
La administración republicana no ha definido aún, no obstante, cómo responder a los desafíos de Chávez. Aunque con diferencias internas entre ellos, parecen aflorar dos grupos a la hora de plantear estrategias: quienes promueven una solución más silenciosa, casi pragmática, y quienes promueven un enfrentamiento dialéctico público y directo con Chávez, relataron a LA NACION varios analistas externos y funcionarios de la administración y republicanos del Congreso.
El director para América latina del Consejo de Seguridad Nacional, Dan Fisk; el subsecretario de Defensa para el hemisferio, Roger Pardo-Maurer, y el presidente del subcomité para la región de la Cámara de Representantes, Dan Burton, integran la línea más ideológica. De hecho, Pardo Maurer ya acusó en publico a Venezuela de intentar “desestabilizar” a Bolivia con el apoyo de Cuba, aportando recursos al líder cocalero Evo Morales. “Están tratando de dirigir esta revolución hacia un estado marxista y socialista y populista”, afirmó durante una conferencia en el Hudson Institute, meses atrás. Y agregó: “Hay otros proyectos subversivos de ese tipo en otras partes”.
Pardo-Maurer es apadrinado en el Pentágono por Richard Perle, uno de los halcones más duros de la administración, indicaron a LA NACION dos fuentes de la Casa Blanca que conocen al funcionario de Defensa desde hace años. Sin embargo, fue excluido repetidas veces en los últimos dos años de las discusiones internas sobre Venezuela por el Departamento de Estado y el Consejo de Seguridad Nacional, cuando Roger Noriega y Tom Shannon lideraban ambos espacios, dijeron fuentes que participaron de aquellos debates.
La visión de la inteligencia estadounidense evidencia, por lo menos, “cautela”, como lo definió el director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) en su único comentario público sobre la región este año: “América latina representa hoy un potencial foco de inestabilidad, que puede amenazar la seguridad nacional de Estados Unidos”.
ACTUAR EN SILENCIO
Al igual que ahora con los planteos sobre el gobierno argentino y el controvertido papel como anfitrión del presidente Néstor Kirchner en la IV Cumbre de las Américas, es Shannon quien, como subsecretario de Estado para América latina, promueve la idea de callar en público y actuar en silencio.
Shannon es apoyado por los números dos y tres dentro del Departamento de Estado, Robert Zoellick y Nicholas Burns, en las discusiones, según dijeron a LA NACION dos académicos y un lobbista que han dialogado con él por separado, en tres reuniones distintas en los últimos 10 días, incluyendo una en la Georgetown University, pero que pidieron resguardar sus nombres por la sensibilidad de las discusiones.
Pero qué hacer ante Chávez, ya que las presiones económicas resultarían inviables, dado sus petrodólares y el hecho de que parece desechar las supuestas sugerencias de Kirchner y otros líderes de la región, como el peruano Alejandro Toledo y el brasileño Luiz Inacio Lula da Silva.
La opinión dominante, por ahora, es que se debe aumentar el apoyo a los grupos opositores y las organizaciones no gubernamentales (ONG) que pueden aportar algún viso de control a la gestión chavista. Según los registros oficiales, las partidas del National Endowment for Democracy (NED) para entidades políticas venezolanas ascendieron a un millón de dólares anuales entre 2001 y 2004. Pero el Congreso aprobó elevar a nueve millones las operaciones de 2005 de la NED y la Agencia de Desarrollo Internacional (US-AID).
Más aún, la Cámara de Representantes acordó girar otros 9 millones de dólares en septiembre, para actividades promovidas por la NED y la AID en Venezuela en los próximos dos años.
Pero la presión de los halcones de la administración, incluidos los del Departamento de Defensa, aumentará si no prosperan los planes promovidos por Shannon y su equipo de colaboradores, según afirmaron asesores externos que participan del debate.
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