CRECE EL NÚMERO DE GIMNASIOS PERO POCOS SON CONTROLADOS
Favorecidos por un aumento en la práctica de deportes, por el extendido concepto de salud que fomenta la gimnasia y, en general, por un enfermizo culto al cuerpo, los gimnasios -ahora devenidos en centros de salud- han proliferado de forma impresionante por toda la ciudad.
Cualquier salón, galpón y hasta garage sirve para dictar clases de aeróbica, o la gran cantidad de nuevas técnicas surgidas en los últimos tiempos que van desde trabajos localizados, posturales, de box y con pesas.
El propietario de un local comentó que cuando abrió las puertas hace 8 años había menos de 10 gimnasios autorizados en Santa Fe, y arriesga que hoy son cientos, muchos de los cuales ni siquiera cuentan con la habilitación municipal correspondiente.
Desde la sección Registro y Archivo del Departamento de Inspección y Habilitación de Negocios de la Municipalidad se informó que son 60 los gimnasios inscriptos en los registros.
El gran problema es la falta de control no tanto sobre los locales en sí, sino sobre quién dicta una clase de gimnasia o quién coordina el sector de aparatos (sobrecarga) dentro de estos locales. Esto genera preocupación entre los padres, ante la posibilidad de que sus hijos sufran alguna lesión al manejar pesos o aparatos no recomendables para su contextura corporal.
Un caso: el padre de un joven de 17 años -que prefirió reservar su identidad-, envió un e-mail a El Litoral contando la experiencia de su hijo, que concurrió a un gym durante un año y realizó sobrecargas con un supuesto profesor. Hace poco el médico le detectó un problema en la columna por esa “mala implementación” de la sobrecarga, y ahora debe ser intervenido quirúrgicamente.
“No me quedé sentado ni cruzado de brazos”, cuenta el progenitor. “Fui al gimnasio y comprobé que este supuesto profesor no era tal, sino un simple instructor con un curso de 3 meses avalado por un instituto privado”. Y se pregunta quién controla a estos instructores y si existe alguna legislación específica sobre el tema, porque “están trabajando con el cuerpo de uno sin tener conocimientos”.
El tipo de gimnasia más riesgosa es aquélla que trabaja con peso libre (barras y discos) y aparatos con carga (sobrecarga) porque son las que pueden ocasionar lesiones lumbares o desgarros, de no trabajar con el peso y la técnica correcta.
Esto requiere que algún especialista guíe a la persona y lleve un control de su contextura física y requerimientos (no es lo mismo lo que busca un deportista que un fisicoculturista o una persona que sólo quiere tonificar sus músculos). Pero, además, el preparador debe llevar una planificación anual de cada cliente, porque -según explicó un profesor de educación física- un mes se debe trabajar con resistencia, otro con fuerza, y otro período es de descanso. Ese seguimiento muchas veces no se realiza.
¿QUÉ DICE LA NORMATIVA?
La ordenanza municipal N° 8950 regula todo lo que tiene que ver con gimnasios. En uno de sus artículos sostiene que la dirección técnica de los establecimientos deberá estar a cargo de profesores de educación física, de kinesiólogos, fisioterapeutas o terapistas físicos universitarios con títulos expedidos por institutos oficiales.
Sin embargo, unos años después esta norma fue modificada por la N° 9495, que es aún más precisa. No sólo establece que son ésos los profesionales que deberán estar a cargo de la dirección de los gimnasios, sino también del dictado mismo de las clases.
Y es contundente al afirmar que “quedan excluidos los certificados de cursos los cuales por su duración, contenido y autoridad que lo expide no son asimilables a los títulos oficiales”.
La ordenanza N° 8950 ya advertía que las entidades deben llevar un registro de concurrentes y un archivo de los certificados médicos de cada uno de ellos para las actividades a las que deben dedicarse.
Hasta aquí la norma. En los hechos ocurre que un profesor de educación física “pone la firma” como director del lugar pero “nadie controla quienes trabajan ahí”, dijo el dueño de un local consultado.
En general, y por una cuestión de costos, los gimnasios no contratan profesores sino instructores, cuya capacitación se limitó a un curso de 3 a 8 meses donde aprendió la técnica de una gimnasia, pero nada más. Contrariamente, un profesor de educación física aprendió en 4 años materias como anatomía, fisiología, análisis de movimiento (posturas), psicología, entre otras.
Igual, “no se trata de ir contra los instructores, porque nosotros sostenemos que tampoco un profesor de educación física puede dar una técnica si no se capacitó primero en ella. Pero lo cierto es que los saberes que tiene un profesor son más integrales”, advirtió Martín Sánchez, integrante de la Agrupación de Profesores de Educación Física (Apef), entidad que desde el año pasado viene luchando por la creación de un colegio provincial para la profesión, como primer paso para jerarquizar y ordenar la actividad. Ese proyecto tiene media sanción del Senado, y la Cámara de Diputados aún no lo trató.
La realidad también marca que la capacitación privada de instructores es otra veta que encontraron muchos centros de salud para ganar dinero mediante el cobro de los cursos. En Rosario incluso se advierte la llegada de multinacionales que desembarcaron para enseñar alguna técnica (los denominados “body…”), capacitan a cualquiera que desee una salida laboral rápida.
¿QUIÉN CONTROLA?
Volviendo a la ordenanza, son contados los locales que cuentan con especialistas como kinesiólogos o fisioterapeutas. Y en cuanto a la exigencia de llevar un archivo con certificados médicos de los concurrentes, directamente no se cumple.
Con respecto a los controles sobre si quienes se desempeñan en un gimnasio son o no profesores capacitados, desde la Dirección de Deportes de la Municipalidad, Jorge Cabrera Ibañez, informó que “hacemos lo que podemos”.
En realidad, el escaso presupuesto con que cuenta la dependencia, la nula movilidad y la presencia de un único personal idóneo licenciado en deporte, suman trabas a la hora de salir a la calle a recorrer los gimnasios.
“Vamos cuando nos advierten que hay una falencia”, reconoció. E informó que se encuentra abocado a conformar un equipo para efectivizar controles más severos y “evitar que se cometan abusos y que no haya al frente personal no idóneo”.
La ordenanza N° 9876, que modifica el reglamento de la N° 8950, establece que la Municipalidad podrá suscribir los convenios que sean necesarios para el estricto control sanitario de estos espacios con el Ministerio de Salud, los colegios de Médicos, de Bioquímicos y de Farmacias; y con la facultad de Bioquímica y Ciencias Biológicas de la UNL. Ante la manifiesta falta de presupuesto, ésta sería una buena alternativa para garantizar los controles, la tranquilidad de los padres y, prioritariamente, la salud de quienes asisten a un gimnasio confiados de que frente a ellos hay personal capacitado.
Prohibido medicar
La ordenanza prohíbe a los gimnasios suministrar anabólicos esteroides, productos similares o medicamentos, sin la pertinente orden médica, que tonifiquen o ayuden artificialmente al desarrollo muscular. Los consultados confirmaron que algunos preparadores recomiendan anabólicos. “No directamente pero sí se los insinúan”, dijo una fuente.
OPINIÓN: Aumento de consultas médicas por lesiones
Por el DR. PEDRO CELERI (*)
Es real la importancia de los centros de actividades físicas como efectores de salud, disminuyendo en gran medida los factores de riesgos cardiovasculares, respiratorios, osteoarticulares y en los diferentes síndromes de enfermedades ocupacionales.
Lamentablemente, la situación económica actual no permite realizar una normatización y control de dichos centros; en cuanto a espacio físico, equipamiento y mantenimiento de aparatos, y por sobre todas las cosas, del personal capacitado y registrado como tal por los organismos municipales, provinciales o colegios correspondientes.
Es preocupante ver que algunos gimnasios realizan programas de “rehabilitación” de patologías sin contar con los elementos de bioseguridad, ni personal adecuado para tales propósitos -fisioterapeutas, kinesiólogos, terapeutas deportivos, profesores de educación física, etc.- desconociendo los principios básicos de la actividad física y rehabilitación programada.
Todo esto hace que exista un aumento del número de consultas por lesiones traumáticas de importancia, como ser patología herniaria de columna vertebral y abdominal, hombro, rodilla, entre otras.
El otro aspecto importante es el control previo a la realización de actividades que implicarían un mayor requerimiento físico o en esqueletos inmaduros, lo cual se ve reflejado en el aumento de las lesiones por sobre uso o mal uso.
Estos dos puntos hacen que las personas tengan cierto temor para iniciar un programa de actividades físicas, lo que repercute negativamente en la salud de estos individuos.
El entrenamiento deportivo es otro tema que involucra la responsabilidad de clubes e instituciones dedicados a tales fines, los cuales deben arbitrar los medios para evitar injurias en los deportistas: como ser campos de juegos; profesores, entrenadores, médicos; equipos adecuados; y horarios acordes para los entrenamientos.
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