CRECE LA BRECHA DEL CONSUMO ENTRE LOS MÁS RICOS Y LOS MÁS POBRES
En Tomo I, el selecto restaurante de Carlos Pellegrini al 500, es difícil encontrar mesas vacías, aunque el menú más económico de su cocina arranca en los 78 pesos. En el otro extremo de la pirámide social, en cambio, hay 6,4 millones de personas que no llegan a comprar la canasta básica de alimentos que define la indigencia y que cuesta $ 357 para una familia tipo, el equivalente a una comida para cuatro personas en aquel reducto gourmet. Esa brecha del consumo, según un estudio privado, se viene agrandando, en una tendencia que se detecta tanto a la hora de ir al supermercado como en los electrodomésticos que cada uno posee.
Según un informe de la consultora LatinPanel, en el primer semestre de este año, el 33 por ciento de los hogares argentinos que pertenecen al sector socioeconómico más bajo gastó, en una canasta básica de productos de alimentación, perfumería y limpieza, la mitad de lo que desembolsó —para la misma canasta— un hogar promedio de clase alta.
Puesto en números, mientras un hogar de clase alta dedicó 1.204 pesos a esos rubros básicos, en el otro extremo dedicaron al mismo rubro $ 602.
En el medio de las dos puntas, un hogar de clase media baja (el más numeroso, con el 44% del total) destinó para comprar los mismos productos el 63% de los más ricos, esto es, 758 pesos. Y uno de clase media alta (15% de la población), destinó el 80% de lo que pagó un hogar de la clase más acomodada, 963 pesos.
En el 2004, según el informe, esa relación era del 55% para el hogar más carenciado, del 68% para uno de clase media baja y del 87% para uno de clase media alta.
Además, “los dos estratos de menor poder adquisitivo disminuyeron más la frecuencia de sus compras”, señaló Mariana Rossi, responsable del sondeo.
“Mientras que la clase baja y la alta pudieron mantener el ritmo”, dijo la especialista.
Las diferencias en las posibilidades de compra de los dos extremos de la pirámide se agrandan en las categorías de productos no básicos, como aquellos de limpieza y tocador. En este sentido, según LatinPanel, mientras una familia del sector marginal destina el 53% del gasto a los productos básicos, como la leche, la harina o el aceite, entre los consumidores más pudientes ese porcentaje es del 43%. El resto, (57%), lo gasta en productos no básicos.
Los aumentos de precios que vienen teniendo los alimentos y bebidas (acumulan 7,9% desde diciembre del año pasado, según el INDEC) “fueron la causa directa de la pérdida del poder adquisitivo de la gente más humilde, que destina una mayor proporción de sus ingresos a los artículos indispensables”, señaló Silvina Neder, de la consultora Neder Estadística e Investigación Creativa. Lo contrario ocurre con el segmento de clase alta. Un relevamiento de la consultora ACNielsen, señala que en el mercado se observa una “sofisticación del consumo” que indica una vuelta a aquellas categorías de mayor valor agregado y un retorno a las marcas premium.
La brecha entre los consumos de esta Argentina “fragmentada”, que también describe el consultor Guillermo Oliveto, no sólo se marca en el dinero que la gente dedica a los productos de consumo masivo. Claramente, se refleja también en el equipamiento y el confort que tienen los hogares y que varía mucho entre los distintos niveles sociales.
Sin contar la televisión y la heladera, que están presentes en todo los hogares, las diferencias más pronunciadas se reflejan en la posesión de otros bienes y servicios como computadoras, conexión a Internet, aire acondicionados y microondas. El caso de las PC es el más paradigmático. Si bien, en promedio, el 29% de los hogares tiene una computadora, la brecha es abismal entre los extremos de la pirámide: en la clase alta, la penetración es del 92% y en la baja, sólo del 1%.
Este contenido no está abierto a comentarios

