CRECE LA DEMANDA DE ALARMAS COMUNITARIAS
En julio de 2003 se conoció la primera experiencia de alarmas comunitarias en barrio Judiciales, y desde ese momento la propuesta se extendió a numerosos sectores de la ciudad. Hay más de 1.000 alarmas instaladas en distintos puntos, y el “pico” de demanda se produjo en 2004. La cifra es relativa: comparada con la cantidad de habitantes de la capital provincial no resulta demasiado elevada, aunque explican que está en constante crecimiento.
Entre los vecinos hay opiniones coincidentes: desde que colocaron la alarma hay menos delitos o, como menciona una vecina de Villa Setúbal, hay menos “gente extraña” merodeando por las calles. En ésto juega un papel fundamental la colocación de carteles que acompañan al artefacto en sí. Son visibles en los frentes de las viviendas o en las esquinas, y funcionan como disuasivo.
A pesar de que hasta ahora no habían tenido que utilizar las alarmas, pobladores de Santa Marta coincidieron en que “el barrio está más tranquilo”.
Al barrio Judicial le siguió Loyola Norte y, luego, un tramo céntrico de Santo Tomé. Más tarde se sumaron cuadras en distintas zonas. Se tiene registro de unos sesenta sectores, distribuidos en distintas jurisdicciones policiales de esta ciudad, Santo Tomé y Sauce Viejo. No es una cantidad inamovible: hace escasos días se habilitó un nuevo tramo, esta vez en Guadalupe Este. Y desde la Asociación Civil Dar en barrio Villa Dora, se anticipó que en poco tiempo se colocará medio centenar más de artefactos.
La oficina de Juntas Barriales, que funciona en la subsecretaría de Seguridad de la provincia (San Martín y Obispo Gelabert), coordina la tarea. Walter Martínez está al frente de la repartición y afirma que, junto con la disuasión y la prevención, el objetivo es lograr que los vecinos interactúen.
UBICACIÓN, COSTO Y GESTIÓN
¿A qué equivale un sector? Puede ser igual a una cuadra y media o a una manzana. No está establecida su extensión, pero sí están diseminados por distintos barrios (Siete Jefes, Loyola Norte, Candioti Sur, Candioti Norte, Villa Dora, Guadalupe Este y Guadalupe Oeste, por mencionar algunos).
¿El sistema es accesible para todos? El costo de la alarma oscila entre los 35 y 45 pesos, a los que hay que sumar el precio del cartel y la instalación. La oferta se amplió en los últimos meses y es posible confrontar montos, pero se aconseja comprar en comercios “visibles” donde los vecinos puedan reclamar en caso de fallas de funcionamiento. Las alarmas no tienen un costo mensual, ni un mantenimiento engorroso, aunque requieren de una protección apropiada en el momento de su instalación.
¿Por dónde se canaliza el pedido? El paso fundamental es una reunión con los propios vecinos. Para que el sistema funcione debe contar con la adhesión de, al menos, el 60 % de los frentistas. Martínez sugiere que la inquietud se curse a través de la vecinal o alguna institución barrial, y se pida asesoramiento a su oficina. La participación de las autoridades policiales -en la figura de la seccional barrial- también es fundamental. “El comisario participa de las reuniones previas y luego puede monitorear el resultado”.
Martínez admite que el sistema de alarmas requiere de una respuesta policial, pero aclara que “no hay soluciones mágicas, los móviles no alcanzan, pero para mi es un logro que hayamos evitado el delito”.
De todos modos, no es sólo como prevención del delito que actúa el sistema: “también puede salvar una vida, porque puede haber una persona mayor que está descompuesta y que haga sonar la alarma para llamar la atención y recibir auxilio”.
En definitiva, evalúa que el objetivo final es el restablecimiento de los lazos de convivencia, porque a veces “hay tanto desconocimiento de quién vive en la misma cuadra que podemos ser testigos de un delito sin darnos cuenta”.
Los primeros
Barrio Judicial inauguró la modalidad de las alarmas comunitarias en julio de 2003. El balance de Juan Pablo, uno de los vecinos, es positivo. “Antes llegaban a robar dos veces en el mismo día y a la misma vivienda, y ahora está más calmado”.
Aún así destaca que para que el sistema sea óptimo requiere una buena organización entre los vecinos y de la misma policía, para una correcta distribución de los recursos.
El antecedente de Río Cuarto
Para poner en marcha el sistema de alarmas comunitarias en esta ciudad, se tuvo en cuenta el antecedente de la ciudad de Río Cuarto, donde unos 1.400 domicilios cuentan con esas instalaciones, sobre una población cercana a los 180 mil habitantes.
El resultado es “positivo” en la evaluación de Gabriel Ávila, comisario retirado y director de Seguridad Urbana de la ciudad cordobesa. En unos 40 días serán colocadas otras 500 alarmas.
En los distintos barrios las inquietudes se canalizan a través de las vecinales, y son trasladadas luego al gobierno municipal. “Hacemos charlas donde se presentan los principales problemas del barrio y evaluamos si debe existir una alarma”.
El funcionamiento se mide con la propia policía, y para Ávila es un hecho que “en los sectores donde están los carteles que indican la existencia de estas alarmas, hubo una disminución de los delitos”.
De primera mano
Para conocer cómo está funcionando el sistema de alarmas comunitarias “in situ” El Litoral visitó algunos de los barrios que lo implementaron y escuchó la opinión de los vecinos.
Arnaldo (Villa Setúbal): hace unos dos meses que instalamos el sistema. Nunca hubo casos graves de robos, sí hemos sufrido robos pequeños, ladrones que entran por el fondo de las casas y se llevan lo que encuentran. Cuando hay gente los robos desaparecen, el problema es cuando uno se va unos días y deja la casa sola. Entonces el sistema no funciona.
Nilda (Villa Setúbal): Antes, a toda hora andaba gente extraña por el barrio deambulando, mirando todo, estudiando los movimientos y las cosas. Eso ha desaparecido como por arte de magia desde que pusimos los carteles en el frente de las casas. Antes estaba lleno de chicos en las calles andando en bicicletas, pero ya no están más porque se las robaron a todas. El verano pasado hubo varios robos en esta cuadra; este verano estuvo la alarma y no hubo ninguno. Hasta ahora, por suerte, nunca hemos tenido que ponerla en funcionamiento. Coincidimos todos los vecinos en que tenemos una sensación de mayor seguridad, hay más tranquilidad en el barrio.
Ernesto (Santa Marta): Colocamos el sistema hace unos tres meses y no lo hemos utilizado hasta ahora. Disminuyó el delito; antes eran muy frecuentes los robos y hace un tiempo que el barrio está más calmo. Como saben que tenemos la alarma los ladrones se quedan más tranquilos.
Otra vecina: Hasta ahora, gracias a Dios, no la usamos nunca, y espero no usarla. El barrio está más tranquilo. A mi nunca me pasó nada, pero a algunos vecinos los asaltaron.
José: Es una protección extra porque uno nunca sabe cuándo pueden suceder estas cosas. Antes no teníamos nada y a varios vecinos los asaltaron, les robaron bicicletas.
Adriana (Candioti Sur): Hasta ahora no tuvimos que hacerla funcionar. Antes de instalar el sistema, asaltaron la casa del frente y las dos de las esquinas. Después de la alarma se ha calmado. Sí se produjeron hechos con gente que va caminando por la calle, pero no adentro de las viviendas. En mi cuadra la tienen todos.
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