CRECE LA POLÉMICA EN BOLIVIA POR EL REFERÉNDUM SOBRE HIDROCARBUROS
El presidente boliviano, Carlos Mesa, anunció ayer las cinco preguntas que se harán en el referéndum que definirá la política energética del país, el próximo 18 de julio, desatando una dura polémica y el rechazo de la Central Obrera Boliviana (COB), que radicalizó su oposición al gobierno y exigió la convocatoria a elecciones generales en seis meses.
La COB decidió romper el diálogo con el Gobierno apenas tres horas antes de una reunión inicial en el Palacio de Gobierno y en la que debían participar el presidente Mesa y los máximos dirigentes sindicales.
La posición de la COB se radicalizó después de que Mesa dio a conocer las cinco preguntas del referéndum sobre una nueva política energética.
El cuestionario pregunta si se está de acuerdo con abrogar la actual ley de hidrocarburos, con recuperar la propiedad de éstos en boca de pozo y con refundar la empresa petrolera estatal.
También pide la opinión sobre la política del gobierno de utilizar el gas como argumento para buscar una solución al problema de la mediterraneidad y sobre la posibilidad de exportar el gas después de industrializarlo y de satisfacer todas las necesidades del consumo interno.
“Estamos indignados, porque las preguntas demuestran que Mesa no es nada más que un gerente de las transnacionales”, declaró Jaime Solares, secretario ejecutivo de la COB. Anunció que por ese motivo no asistió a la apertura del diálogo al que se había comprometido el miércoles, aunque bajo medidas de presión “cada vez más duras”.
Solares explicó que había aceptado ir al diálogo “sólo para decirle que debía nacionalizar los hidrocarburos o llamar a elecciones en seis meses”. Dijo que “ahora eso no es posible porque con las preguntas que pretende hacer nos demuestra que es un gobierno entreguista, que responde a los intereses de las transnacionales y a las órdenes de la embajada norteamericana”. Y agregó que su organización ahora exige “la convocatoria a elecciones en seis meses”.
En cambio, el referéndum ganaba el respaldo de sectores centristas y “moderados”, incluido el principal partido de izquierdas, el Movimiento Al Socialismo, que se ratifica así como un decisivo aliado coyuntural para el presidente Mesa.
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