CRECEN LAS QUEJAS POR RUIDOS MOLESTOS ANTE LA EXPLOSIÓN DE LA CONSTRUCCIÓN
El boom de la construcción en Rosario está provocando efectos positivos, en la economía, y otros poco deseables. Entre ellos a vecinos, verdaderos convidados de piedra, que deben lidiar con la polución acústica y ambiental generada por las numerosas obras en construcción, y hasta con destrozos en sus propias casas. Son víctimas de la reactivación que ya hicieron conocer sus preocupaciones, en formato de denuncia, a la Defensoría del Pueblo de Santa Fe. Según esa dependencia, desde 2003 los casos se cuentan de a dos por día y multiplican por diez los recibidos en el período 1992-2002.
La construcción de edificios aumenta a la par de los valores de los nuevos departamentos; la cantidad de obreros del rubro viene in crescendo a un ritmo tan acelerado que se duplicó respecto del año pasado y se quintuplicó en comparación con el 2003; y en algunas manzanas de la ciudad pueden llegar a levantarse tres, cuatro y hasta cinco edificios al mismo tiempo. Aunque también crecieron las denuncias por ruidos molestos incesantes, polvillo y grietas en las medianeras generados por el uso permanente del pico y la pala en las construcciones locales.
Y si bien esta situación recuerda a otro boom, el de principio de los años 70, los vecinos se preguntan por qué se producen estas averías en las paredes de los edificios y casas vecinas a las obras.
A primera vista pareciera que no todas las empresas constructoras respetan las normativas en torno a las medianeras y a la seguridad en la construcción. En efecto, antes de comenzar a colocar los ladrillos, a veces hay que demoler. En los últimos doce años, el personal calificado de la construcción desapareció por diversos motivos, entre ellos por la falta de especialización. Por eso, la actual reactivación incluye a personas que no han tenido la posibilidad de aprender o bien de mejorar sus técnicas. Así, al realizarse una demolición o ya en plena obra, empiezan a producirse problemas en los inmuebles linderos y, a la vez, se desata la avalancha de denuncias.
“Desde 1992 a 2002, si hubo cuatro o cinco es mucho”, dijo Carlos Arcocha, desde la Defensoría embarcado en las comparaciones. En la actualidad, en cambio, se han “decuplicado (se multiplicó por diez)”, añadió. A partir de 2003, la repartición suma al menos dos por día.
Con respecto a los ruidos molestos, en Rosario rige la ordenanza Nº46.542 que regula las emisiones de ruidos en la vía pública y su impacto en las viviendas particulares. Además la refiere a las condiciones acústicas que deben regir tanto en horario diurno como nocturno.
Si bien generalmente en las obras de construcción se respetan esos máximos, “lo que perturba o molesta mucho es la continuidad de los golpes”, dijo Arcocha. Se trata de una batucada permanente que los vecinos no están dispuestos a aguantar. “Hay gente que vuelve a su casa del trabajo, quiere descansar y no lo puede hacer”, remarcó el especialista. Justamente, estas repeticiones no están legisladas. “Hay un vacío legal”, añadió.
Además, las tareas se llevan a cabo incluso los sábados y domingos. No está prohibido, pero altera mucho más. Según la ordenanza referida, los picos frecuentes de ruidos no pueden superar los 65 decibeles en el llamado ámbito II que comprende a las zonas residenciales. Y la Municipalidad controla cuando hay denuncias concretas. En efecto, los inspectores confeccionan actas de constatación y se sanciona con multas, salvo en los casos de reincidencia cuando podría obligarse a paralizar la obra.
Si bien estas mismas molestias originadas en la construcción de edificios se dieron durante el llamado boom de los 70, en aquellos momentos no se provocaban resquebrajaduras, quizás porque los obreros trabajaban mejor. “Yo no recuerdo quejas por grietas”, sostuvo Arcocha.
Las más comunes son las que se producen transversalmente: nacen en un ángulo y con un simple golpe pueden prolongarse en toda la pared. Ante estas situaciones, la gente concurre a la Defensoría diciendo que no sabe qué hacer. Y allí se le dan las soluciones.
Previamente, varios vecinos sumamente molestos llegan a apersonarse a las obras con cara de pocos amigos. En ese contexto, es normal que se produzcan fuertes intercambios de palabras que hasta terminan a los cascotazos.
-Ante estos problemas, ¿qué medidas deben tomar los afectados?
-Es necesario sacar una foto a la grieta y colocarle la fecha, y hacer un aseguramiento de prueba, si es posible con un escribano. Luego, radicar una denuncia ante la autoridad de aplicación que es la Dirección de Obras Particulares de la Municipalidad. Si allí hay demoras y no se produce una satisfacción plena de la demanda, las puertas de la Defensoría están abiertas.
-¿Cómo actúa la Defensoría ante estas denuncias?
-Oficiamos a las áreas de control ambiental del municipio con la correspondiente notificación a Obras Particulares. Si vemos que hay demoras en la dependencia municipal en cuestión, le enviamos un pronto despacho y, si se repite la lentitud, damos cuenta a la Secretaría de Medio Ambiente de la provincia.
-¿Se termina logrando que las rajaduras sean reparadas por quien las provocó?
-Sí y le digo más: se logra antes de cualquier juicio u otro tipo de acción judicial.
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