CRIMEN DE LA RECOLETA: SE SUMAN LAS DECLARACIONES Y LOS CAREOS
El juez de Instrucción Dardo Rosciani llamó a declarar a la chica y al muchacho que habían recuperado la libertad el viernes pasado -y de quienes se tiene certeza de que no tuvieron participación directa en el asesinato-. Mientras, los cuatro amigos restantes continúan presos luego de que se produjeran contradicciones y acusaciones mutuas.
Tal como lo informara ayer El Litoral, uno de los jóvenes planteó ayer que otro de sus compañeros lo habría amenazado para que se autoinculpara o para que no dijera quién fue el verdadero homicida. Estos dichos desataron una serie de declaraciones y careos considerados clave antes de que el magistrado tome la decisión de procesar a alguno de los involucrados.
Paralelamente trascendió que, pocas horas después de cometido el crimen, la policía habría devuelto la ropa de algunos de los detenidos a sus familias, en lugar de reservarla como prueba y presentarla ante el juez. Incluso, algunas fuentes consultadas por este diario aseguran que un pantalón de varón, manchado con sangre, llegó a Tribunales varios días después de la detención de los jóvenes.
También se supo que el arma homicida habría sido portada por una de las chicas involucradas, quien la habría puesto en manos del asesino luego de que se desatara la discusión con otro grupo de jóvenes.
El asesinato se produjo en la esquina de Obispo Gelabert y 25 de Mayo. Más allá de la gravedad del caso, lo ocurrido tuvo amplia repercusión pública porque sucedió en una zona céntrica y por el insólito motivo de la pelea. Alrededor de las 7 de la mañana, Díaz recibió una puñalada en el corazón -habría sido efectuada con una “chuza” de fabricación casera- luego de discutir porque no quedaba claro a quién le correspondía una hamburguesa que acababa de ser comprada en un carribar.
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