CRIMEN DEL ABOGADO: UNA HISTORIA DE AMORES CRUZADOS, ODIOS Y RENCORES
Lloró, gritó y contó todo. Solange María Belén Inque (24) declaró ayer ante el fiscal de San Isidro John Broyad en medio de un estado de conmoción. Durante ocho horas la chica le dio detalles de cómo, en la madrugada del martes, mató de un escopetazo al abogado Jorge López Olbea (58), pero también contó una historia de amores cruzados, odios y rencores oculta detrás del crimen.
Para empezar, dijo, ella detestaba a Olbea, a quien había conocido siendo camarera de un bar, en el verano de 2000, y con quien había salido un tiempo. Por eso luego de dispararle —de acuerdo a su versión, de manera accidental— se arrodilló junto a él y lo golpeó con la culata del arma y lo pateó.
Todo esto ocurrió en la habitación de la planta baja de una lujosa casa del barrio privado Hindú, en Don Torcuato (partido de Tigre), donde Inque y Olbea no se encontraban solos. En el mismo lugar estaba el dueño del chalé, el escribano Ricardo Luis Maquiavelo (59), y dos jóvenes mujeres que el abogado y el escribano habrían contactado esa noche en un bar de Barrio Norte, supuestamente para una “fiesta”.
Aunque estaban en la casa, ni Maquiavelo ni las dos jóvenes vieron cuándo ocurrió el disparo. Sin embargo, contaron la historia previa de esa noche que, en gran parte, se corresponde con los detalles que en su indagatoria —según confiaron a Clarín fuentes del caso— dio Inque.
A las chicas las tuvo que ir a buscar la Policía el martes a la noche porque luego del crimen decidieron irse del lugar. Se fueron caminando antes de que llegaran la Policía y la ambulancia. Al declarar como testigos, ellas corroboraron que esa noche Inque, a la que no conocían, casi no paraba de llorar.
¿Por qué si la joven odiaba a Olbea estaba con él la madrugada del martes? Según ella, fue engañada o burlada por Maquiavelo, quien además de ser el hombre con el que salía actualmente era amigo del abogado. Inque primero había salido con Olbea pero hace aproximadamente dos meses y medio cortó la relación con él y comenzó a verse con Maquiavelo. A partir de entonces, declaró la joven, el abogado y el escribano se distanciaron. Ella no vio más a Olbea hasta la noche del lunes.
De acuerdo a las fuentes del caso, Inque hizo la siguiente reconstrucción de lo ocurrido: Maquiavelo la llamó el lunes y la citó para las 23 en el café La Biela, en la Recoleta. Pero cuando ella llegó al lugar se encontró con Olbea. Intentó irse pero el abogado la siguió y en ese momento —según ella muy borracho— llegó Maquiavelo. Los tres se sentaron a charlar en una mesa y el abogado incluso comenzó a elogiarla delante de su amigo. De allí partieron en el auto del escribano.
El primer destino fue un bar de Barrio Norte. Según Inque, ella se quedó en el auto y los dos hombres entraron, pero luego el escribano la fue a buscar. Allí hubo un incidente: de acuerdo a la joven, Olbea la manoseó, ella se lo recriminó y el abogado la tomó por el cuello y amenazó con golpearla. Ese incidente, aseguró en su indagatoria, fue lo que la hizo sentirse amenazada horas más tarde cuando terminó disparándole al abogado.
Inque aseguró que ella quiso irse del bar pero que estaba con un ataque de nervios, lloraba y por eso terminó nuevamente en el auto con el escribano, el abogado y las dos chicas. Así el grupo llegó hasta el barrio privado Hindú. Antes pararon en un quiosco para que Inque comprara cigarrillos y un encendedor. “Olbea tenía cigarrillos y fuego pero ella estaba tan enojada con él que ni le hablaba”, contaron fuentes del caso y confiaron que hay un testigo que vio a la chica bajar llorando del auto para ir al quiosco.
Ya en la casa del barrio Hindú, Inque fue al baño que está en suite con el dormitorio de la planta baja y luego pasó a la habitación. Allí, de un armario, sacó la escopeta. Sabía dónde estaba, dijo, porque Maquiavelo se la había mostrado y agregó que el arma ya estaba cargada. Ella asegura que no vio a las dos chicas pero estas declararon que fueron hasta la habitación y la joven les mostró el arma y dijo: “Esto es para su amigo”. Y luego: “ése no vuelve a tocar a una mujer”.
Según la reconstrucción que hasta ahora se hizo en la causa, las chicas salieron del cuarto mientras el escribano estaba en otro sector de la propiedad. Entonces apareció Olbea. No está claro qué hizo el hombre o si hizo algo. Inque dice que el arma se disparó. Cuando Olbea cayó al piso, lo pateó y golpeó. Mientras las dos chicas del bar se iban caminando del lugar Maquiavelo e Inque trataron de reanimar al abogado tirándole agua. Y fue la propia chica quien llamó a una ambulancia. Pero Olbea murió tres horas después con el cuerpo lleno de perdigones.
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