CRISTIAN SIGUE SIN APARECER Y AUMENTA LA INCERTIDUMBRE
Pasan las horas, el rescate ya se pagó (el viernes, temprano a la mañana) y sin embargo los secuestradores no liberan a Cristian Ramaro (23). Su familia, que lo reclama con desesperación, habría tenido ayer una novedad que los animó en su drama: la banda les envió la primera prueba de vida, una grabación con la voz de Cristian leyendo los diarios.
Según dijeron a Clarín fuentes de primer nivel, los padres del chico, Hilda Larrosa y Víctor Ramaro —dueño de la empresa interisleña S.A y flamante socio de Cacciola S.A—, habrían recibido a la tarde un casete de audio.
“Lo más importante sería que en esta supuesta grabación se escucha al muchacho leyendo las crónicas periodísticas de su caso que salieron en los diarios de hoy” (por ayer), dijeron las fuentes consultadas.
Ayer a la mañana se cumplió el cuarto día de cautiverio de Cristian, quien fue sorprendido el martes, a las 7.15 de la mañana, cuando salía de su casa de Tigre. Iba a subirse a su 4×4 para ir a su trabajo cuando aparecieron dos hombres en un Volkswagen rojo, lo amenazaron con armas y se lo llevaron. Esto se sabe porque los vio una vecina.
El joven —que es estudiante de Derecho— trabaja en la empresa de su padre (La Interisleña), dedicada al transporte de pasajeros por el Delta del río Paraná. Hace pocos días Víctor Ramaro había ampliado su negocio al adquirir el 50 por ciento de la firma Cacciola S.A., otra compañía de transportes fluviales que lleva pasajeros desde el Tigre hasta la ciudad de Carmelo, en el Uruguay.
Los secuestradores hicieron una primera llamada el mismo día martes y pidieron el rescate poco después. De acuerdo a lo que trascendió, a la tardecita del miércoles llamaron al teléfono celular de un íntimo amigo del joven y le dijeron: “Si quieren volver a ver al chico junten 400.00 dólares”. La comunicación esperanzó a la familia que dedujo que Cristian seguía con vida porque sólo él conocía el teléfono de su amigo.
En un principio los investigadores judiciales sostenían que este podía ser un secuestro de largo aliento porque las negociaciones se prolongarían debido al monto de rescate exigido. Pero las cosas parecieron cambiar cuando los Ramaro (que no realizaron la denuncia del caso) pactaron relativamente rápido el pago del rescate. Este habría sido entregado el viernes a las 6 de la mañana por el padre del joven, en la Capital Federal, de auto a auto. Una versión no confirmada hablaba de algo más de 250.000 pesos.
Sí hay coincidencia sobre un punto: todos los voceros (incluso la familia) confirmaron que el dinero se entregó. Por eso ayer la angustia crecía y también el des concierto porque en lugar de recibir a Cristian habrían recibido una prueba de vida.
Los investigadores ahora dicen que los secuestradores forman una banda poco sofisticada, cuando al inicio del caso hablaban de un grupo bien preparado.
Para apoyar a los Ramaro, vecinos, amigos y compañeros de trabajo de Cristian siguieron con una vigilia frente a la casa de la familia, un chalé en Lavalle 863, en Tigre. Pidieron por su liberación y colocaron en las paredes de la vivienda carteles con, entre otros, estos mensajes: “Liberen a Cristian”; “Tengan piedad, estamos destruidos”; “Extrañamos a Cristian”.
Ayer los padres de Cristian decidieron quedarse en la casa y no hablar con los periodistas.
Según trascendió, aunque la familia del joven no mantiene contacto con las autoridades, cerca de 200 policías están pendientes del caso, igual que el subsecretario de Investigaciones en Función Judicial del Ministerio de Seguridad bonaerense, Domingo Esteban Marino, y la fiscal federal de San Isidro, Rita Molina, a cargo de la investigación.
Los Ramaro optaron por el silencio luego de mostrarse shockeados el viernes. Cerca de las 12 de ese día la madre del joven salió a la puerta de su casa y llorando les pidió a los secuestradores que cumplieran con su palabra porque ellos habían cumplido con todo lo pactado.
Empujados por este secuestro, vecinos de la Zona Norte organizaron para mañana, a las 18, una marcha hacia la estación fluvial de Tigre, por la avenida Cazón, para pedir más seguridad.
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