CRISTINA, SIN PIEDAD CON EL PARTIDO SOCIALISTA
Tras más de 8 horas de debate, el Senado extendía la sesión por los objetados decretos de necesidad y urgencia.
La reglamentación fue prometida por todos los gobiernos desde la modificación constitucional de hace doce años, pero nunca fue sancionada por el temor a una autolimitación en el ejercicio del poder.
“A partir de la sanción de esta norma, todos los DNU que firme el presidente deberán ser ratificados o rechazados por el Congreso, pero el dictamen puesto en consideración establece que quedarán vigentes en los casos en los que no exista un pronunciamiento parlamentario”, expresa la iniciativa
De acuerdo a ese numen, la oposición sostiene que no habrá modificaciones de fondo con la situación actual: al oficialismo le bastará dejar sin tratamiento los DNU, a partir de su amplísima mayoría parlamentaria, para que los DNU conserven su legalidad.
La sesión fue monopolizada durante sus casi tres horas iniciales por la intervención de la titular de Asuntos Constitucionales. En una inédita y extensa intervención, la primera dama buscó exponer, siempre en un tono que osciló entre ironías y virulencias, las contradicciones en las que incurrieron legisladores opositores.
Además de Giustiniani, los medios de comunicación, a los que denominó “la otra oposición”, fueron blanco de las punzantes intervenciones de la senadora por Buenos Aires. “Puedo mencionar obras en todos lados: en su provincia, Santa Fe un montón, señor senador. ¿Por qué, entonces, esta mala fe? Se trata de obras que han sido presentadas por Miguel Lifschitz y Hermes Binner sentados al lado del presidente; obras que necesitaban y necesitan Santa Fe y Rosario, y respecto de las cuales, pese a que muchos en mi partido nos criticaban, nosotros decíamos: «No. ¡Qué importa de qué partido son si las obras las necesitan los rosarinos!» De esas obras, que son todas compañeras de este decreto 140, el senador Giustiniani no habla de ninguna: no dice que era un DNU porque así lo había establecido la Alianza en función de las facultades delegadas”, asestó Cristina, mientras Pechito, tal el apodo del legislador, la miraba a los ojos. En el recinto solamente se escuchaba la estridente voz de la primera dama.
“¡Un poco de honestidad, Giustiniani! Usted no puede decir que por ese DNU damos obras a Santa Cruz”, increpó. En ese momento, el socialista pidió una interrupción que no fue concedida y amenazó con plantear una cuestión de privilegio. “Pido que discutamos ideas y que no haga ese tipo de imputaciones. Si no retira lo que acaba de decir, voy a pedir una cuestión de privilegio”, intentó contraatacar el líder nacional del PS.
Pero Fernández no dio ni un paso atrás: “No voy a leer todos (los decretos); no tengan miedo. Me voy a referir a uno, nada más: ruta 33, Firmat-Santa Fe; rotonda de acceso a Wheelwright, Santa Fe; iluminación, distribución e intersección con autopista Rosario-Armstrong; RNA cero a 12 kilómetros, Roldán, provincia de Santa Fe; rotonda de intersección Rufino, Santa Fe; mejora de acceso de canalizado barrio Casilda, Santa Fe; intersección en Hersilia, Santa Fe; y así está también toda la obra de la autopista de circunvalación de Rosario (sic). Todo eso, en el informe de sus asesores, no existió: está el decreto 140 con las obras en la provincia de Santa Cruz”.
Más allá de la aprobación en la Cámara alta de los DNU quedó flotando en el ambiente la ruptura de la buena relación que el Ejecutivo y los socialistas habían mantenido hasta inicios del 2006.
Fue Alberto Fernández quien comenzó a tensar la cuerda al vincular al PS con la dictadura militar y, anoche, nada menos que Cristina Fernández de Kirchner al atacar con toda la munición al titular nacional del socialismo.
Ahí, Cristina admitió los reparos que muchos justicialistas locales ponían por las obras y fondos que se destinaban a Rosario, específicamente en lo que refiere a la avenida de Circunvalación. También citó el caso de Binner y Lifschitz, sentados junto al presidente, a la hora de los anuncios.
Giustiniani había prendido la mecha cuando anticipó antes del inicio de la sesión: “La mayoría de los DNU que dictó Kirchner tienen que ver con el manejo discrecional de los recursos públicos”. A la hora de los discursos, y con la televisación en directo de la televisión estatal, Cristina hizo explotar la bomba dialéctica en el campo socialista.
“Parece que se terminó el romance, ¿se enteraron?”, preguntó anoche a La Capital un legislador nacional por Santa Fe, tratando de oficiar de vocero de algo que se siguió en vivo y en directo por Canal 7. Al mismo tiempo que, en la Casa Rosada, Kirchner y numerosos intendentes radicales se abrazaban para la foto.
Pasada la medianoche, el jefe de la bancada del Frente para la Victoria, Miguel Pichetto, también se ocupó del partido de la rosa: “Me imagino que los rosarinos no estarán enojados de que su intendente socialista utilice facultades especiales para hacer alguna que otra obra”. Todos miraban a Giustiniani y al reloj.
Este contenido no está abierto a comentarios

