CRUCIFIXIONES REALES EN FILIPINAS FUERON PRESENCIADOS POR 30.000 TURISTAS
La figura principal de las crucifixiones fue Ruben Enaje, un humilde pintor de 45 años que –para cumplir una promesa– fue clavado al mástil por vigésima vez. “Esta debería ser la última vez, porque hice voto de sacrificarme 20 años”, dijo, “pero voy a seguir haciéndolo hasta que el cuerpo aguante”. Según él, las autoridades locales no encuentran a nadie que lo sustituya.
Enaje hace el papel de Jesucristo: vestido con una túnica blanca, espera en su casa a que lleguen los “centuriones” que lo conducen a la “casa de Poncio Pilatos”. Después carga una pesada cruz y, con una corona de espinas, hace un “vía crucis” de 2 kilómetros hasta el lugar del martirio.
Por su parte, un inglés, Dominic Diamond, estaba entre los voluntarios para la crucifixión, pero se echó atrás en el momento en que iban a ponerle los clavos. Después, pidió perdón a todos los presentes por no haber tenido el valor para llegar hasta el final del rito.
En esta ocasión se destacó la ausencia de Judas en la representación: el director Allan Navarro no consiguió a ningún voluntario para el papel. Precisamente días después de la difusión del “Evangelio de Judas”, que revisa el papel del apóstol considerado traidor por la tradición católica.
La representación es en el municipio de San Pedro de Cutud, en Filipinas, el único país católico de Asia. El pueblo está a unos 70 kilómetros al norte de Manila, la capital. La obra –que se representa desde hace 51 años, aunque sólo desde 1992 con crucifixiones verdaderas– no es vista con buenos ojos por la Iglesia Católica, según las autoridades locales, aunque hasta ahora no han tenido mayores problemas para continuar con la tradición.
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