“Cuando debuté, Cunil Cabanellas me dijo: Serás actor y de peluca”
-“Pepe” Soriano ¿En su familia había algún antecedente teatral? ¿Cómo nació su relación con el teatro?
-Mi padre tenía una particular debilidad por el mundo del teatro y escribía sainetes. Yo tengo dos obras de mi padre que nunca las leí a fondo porque supongo que son obras menores. De todas maneras, yo pienso que cuando decido entrar al mundo del espectáculo creo que es él quien me entrega el mandato. No es un mandato explícito, pero el tenía una forma de hablar que me inducía a mí al mundo del teatro. Recuerdo que siendo niño hice dos obras de teatro con un grupo barrial y luego abandoné totalmente porqué lo que estaba en juego era estudiar.
-¿Podría contarnos cómo era su familia, su casa?
-Yo vivía con mis abuelos. Ellos eran analfabetos, y yo pienso: que terrible para un ser humano esa condición, porque la conexión con el mundo exterior es muy difícil. Ellos eran inmigrantes italianos, vinieron como tantos a este país para poder comer. Mi madre murió cuando yo era chiquito, me crié con mi padre, mi hermana y mis abuelos. A pesar de ser analfabetos mis abuelos eran muy inteligentes, muy curiosos. Mi familia tenía una gran expectativa con mis estudios por aquello de Florencio Sánchez de “Mi hijo el doctor”.
-¿Usted estudió derecho?
-Exactamente. Al tiempo de estar en la facultad, tuve la suerte de encontrar un punto de apoyo en el teatro universitario. Y de repente, comencé a descubrir que eso es lo que yo quería. Entonces un día, después de dos años y pico de estar en la universidad, le dije a mi padre: “Yo lo que deseo es dedicarme al teatro. Y el me respondió: “Me parece bien. Eso sí, si te va muy bien disfrutalo mucho y si te va mal, no le eches la culpa a nadie”. Nunca me voy a olvidar de ese consejo. Desde aquel momento empecé a dedicarme con total fanatismo a la tarea del teatro. Empecé a estudiar con el maestro Antonio Cunil Cabanillas, quien fuera el que trajo a Buenos Aires el método Stanislavsky. Recuerdo que iba de domingo a domingo a mis clases de teatro, me olvidé de lo que era la milonga y me dediqué de lleno a esta tarea maravillosa de ser actor.
-“Pepe” Soriano ¿Es cierto que su debut fue en el teatro Colón haciendo nada más ni nada menos que “Sueño de una noche de verano”?
-Sí, fue a los tres años de estar estudiando teatro. Por aquella época lo habían nombrado a Cunil Cabanillas como director del teatro San Martín y su espectáculo como tal fue hacer el “Sueño de una noche de verano” de William Shakespeare en el teatro colón. Me llevó muchos años poder dimensionar lo que fue ese debut porque era como pasar de jugar en un campito a un estadio de primera división. La verdad es que me fue maravillosamente bien, tuve el único aplauso de mi carrera a escena abierta. Recuerdo que el maestro me abrazo en el camarín y me dijo: “Serás actor y de peluca”. “De peluca” quiere decir el actor que compone personajes.
Luego me fui ligando, con personalidades del teatro argentino como Elvio Gandolfo, como Oscar Ferriño, como Héctor Alterio, como Alejandra Boero, Norma Leandro, y hasta el día de hoy no paré de divertirme en mi oficio de actor. Es raro encontrar en mi trayectoria que yo me haya dedicado a ser escritor de teatro o director, yo soy muy feliz con mi tarea de actor.
-Pepe Soriano, usted tuvo la suerte de participar de Teatro Abierto interpretando uno de los personajes de “Gris de Ausencia” obra de Tito Cossa. Me imagino que debe haber sido una de las experiencias más emocionantes de su historia teatral.
-Tengo recuerdos absolutamente inolvidables. Uno de ellos es que entró conmovido al camarín mi adorado Osvaldo Pugliese y nos dijo a Brandoni y a mí: “Es un ruido sin barullo”. Era un ruido sordo, doloroso, no era gritón. Además, me dio la oportunidad de participar del acontecimiento político-teatral más importante del siglo XX. No hubo un acto más importante de defensa de la libertad que el de Teatro Abierto. Nos volaron el teatro. ¡Nos volaron el teatro! Que grado de barbarie hubo en esta acción, quedó un agujero en el lugar y nos rehicimos de las cenizas. Esto habla del amor de los actores argentinos por la libertad.
-“Pepe” Soriano. Usted es sin duda uno de los íconos del cine nacional. Me gustaría escuchar sus reflexiones sobre cuatro de sus tantas películas. Empecemos por “La Patagonia rebelde” (1974), donde le tocó interpretar al inquebrantable alemán Schultz.
-Es una película de la cual no puedo hablar sino me embarga la pasión porque fue un acontecimiento muy importante para mi vida como actor y para el grupo. Éramos 70 tipos viviendo en la soledad más infinita que se puedan imaginar. Fue maravilloso. Cuanto le agradezco a esa Patagonia: al viento, al silencio, a esa inmensidad.
-¿Qué sintió cuando leyó el libro y le dijeron que tenía que interpretar al alemán?
-No lo pensé un minuto porque además estaban mis amigos, Federico Luppi, Héctor Alterio, José María Gutiérrez, entre otros. Teníamos la sensación que estábamos aportando al país algo más que una película. Recuerdo que dormíamos poquísimo, porque pasábamos la noche discutiendo sobre el libro de Bayer. La recuerdo entrañablemente.
-Otro hito importante en su carrera como actor cinematográfico fue el protagónico en “La Nona” (1979) en el film de Héctor Olivera. ¿Es cierto que fue casi un milagro que pudiera hacer esa película?
-Sí, porque yo estaba prohibido. Y un día me llama Atilio Mentasti y me dijo: “Te acaban de liberar por seis meses, tenemos este tiempo para hacer “La nona”, el libro está listo, no me digas que no, tenemos que empezar ya. Por supuesto que luego el film tuvo problemas con la dictadura, pero el film se hizo. Fue una hermosa película. Además, fue una boutade, de hacer un personaje femenino y lo logramos.
-El otro gran personaje que le regaló al cine argentino fue la interpretación de Lisandro de la Torres en “Asesinato en el senado de la nación”.
– Un día me llamó Luis Machi y David Viñas y me ofrecieron hacerla. Tuvimos que trabajar mucho con el texto porque era más literario que cinematográfico, tenía la impronta de Viñas. Para mí fue un trabajo muy importante porque me permitió conocer en profundidad la historia de Lisandro de la Torre. Me encontré con el fiscal de la nación, con un hombre ético, con un hombre irrepetible de la historia argentina, con un incorruptible. A pesar de que Bretch dice que no hay hombres incorruptibles yo creo que este si lo era.
-¿Es cierto que cayó en un gran depresión luego de hacer este personaje?
-Sí, fue muy fuerte, porque me pesaba mucho la no aceptación de la sociedad de la figura de Lisandro de la Torre. Tuve que hacer un largo trabajo de psicoanálisis para establecer una distancia entre uno y el personaje.
-Y un personaje que fue muy importante para su trayectoria actoral fuera del país fue cuando le tocó interpretar a Francisco Franco.
-Sí, es verdad. Recibí muchos premios en Europa y hasta me nominaron para los premios Goya, en una terna con Paco Rabal y Fernando Fernán Gómez. No me tocó ganarlo porque era imposible competir con esto monstruos, pero fue muy lindo. Entré en España por la puerta grande con aquella película.
-“Pepe” Soriano ¿Cómo se siente hoy con sus casi 78 años a cuesta y esta hermosa trayectoria en su espalda?
-Hay que tener mucha garra, mucha fe en lo que uno hace para mandarse por días 400, 500 km a esta edad. Sí esto no lo hago con amor, entonces yo estoy mintiendo. Esto se hace porque se ama y una de las cosas que me apasiona es poder recorrer el país.
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