Cuando la muerte gana el partido
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Opinión. Julio César Toresani se quitó la vida. El mundo del deporte lo llora, no sin un dejo de hipocresía: a los deportistas se les exige mucho, pero se les retribuye poco.
Por Analía De Luca
“Ahora, yo me pregunto, ¿por qué Boca, River o la AFA, no le dan apoyo a los futbolistas que pasan por esta situación? No creo que el caso de Toresani sea el único. Por otro lado, hay gente que conocía al ’Huevo’ mucho mejor que yo, y no hizo nada”, escribió Diego Maradona, en su cuenta de Instagram. Y es que Julio Toresani había intentado suicidarse dos semanas antes, pero los médicos lo salvaron; aunque, después de publicar frases como “Y nos seguimos juntando con gente que a uno le soltó la mano y que no son capaz de preguntar cómo está uno!” o “Llegó el momento, demasiado la espera”, hallaron su cuerpo sin vida en el predio de la Liga Santafesina de Fútbol, donde residía desde hace unos meses, por una situación familiar y económica adversa.
Es cierto que según la Organización Mundial de la Salud la depresión “es un trastorno mental que afecta a más de 300 millones de personas de cualquier edad en el mundo”, pero la muerte de “El Huevo” y los dichos de Maradona quitan el manto que tapa un tradicional tabú del deporte, en general, que se hace más visible en el fútbol: la depresión y el suicidio. Las consecuencias de presión que ejercen los estándares físicos, psicológicos y económicos en el deporte de alto rendimiento no es una novedad.
En actividad o retirados
En 2000, Mirko Saric se ahorcó. Tenía 21 años y su prometedora carrera en Primera División del fútbol argentino se vio frustrada tras una lesión de ligamentos. Y así como Robert Enke (arquero estrella alemán), abatido por problemas familiares, se arrojó a las vías del tren en 2009 luego de años de ocultar su depresión para que no perjudicara su carrera, en 1994 su par argentino Alberto Vivalda había muerto de igual manera.
Mucho antes, en 1918 Abdón Porte, en el declive de su carrera, se disparó dos veces en el corazón en el círculo central de la cancha de Nacional de Uruguay. Mientras, el excampeón de boxeo español José Azpiazu se arrojó en 1992 desde un décimo piso y, diez años antes, el futbolista inglés Dave Clement acábó con su vida ingiriendo herbicida.
En 2010, el rugbier inglés Terry Newton también se ahorcó tras una vasta ingesta medicamentosa en su propia casa, y en 2018 la esquiadora Ellie Soutter se ahorcó en un bosque lindero a su casa en Francia, tras cumplir 18 años.
Pero tal vez el caso que más se parezca al de “El Huevo” es el Héctor Larroque, quien en 2011 se ahorcó en su propia terraza, inmerso en un conflicto familiar y sin apoyo del fútbol argentino.
El que avisa, no traiciona
Además de su relación con el deporte, estos casos tienen otro elemento en común: todos habían -de alguna manera- dejado clara su intención, algunos, a través de comentarios; otros, directamente, con intentos de suicidio previos.
Lo alarmante es que algunos deportistas están avisando actualmente que han contemplado la alternativa del suicidio. Tal es el caso del ex basquetbolista Hernán Montenegro, quien admitió: “pensé en pegarme un tiro cuando terminé mi carrera”.
En tanto, el togolés Emmanuel Adebayor, ex delantero de Real Madrid, reveló que el suicidio parecía una salida cuando las presiones del club y su familia comenzaron a aparecer: “¿para qué seguir viviendo; todo lo que quería hacer era ayudar a mi familia, pero me presionaron mucho. No podía soportarlo. Cuando una familia es pobre, todos son pobres y hay mucha solidaridad, pero cuando alguien consigue algo es como si les debieras algo a todos”, pensaba entonces.
El propio Michael Phelps, considerado el mejor nadador de todos los tiempos, aseguró que “hubo un punto en que no quería estar vivo” al referirse a las presiones que recibió a lo largo de su carrera. “Creo que es algo de lo que nadie ha hablado en el pasado porque se supone que somos personas fuertes, grandes y sin debilidades”, reflexionó.
Andreas Biermann
El futbolista alemán había intentado suicidarse varias veces, aunque combatía sus instintos, al punto de que acabó convirtiéndose en un activo promotor de la lucha contra las presiones en el deporte de elite, a tal punto que hasta había puesto su teléfono personal al servicio de quien quisiera llamarlo para contarle sus intenciones suicidas. Recorría programas televisivos contando su historia. Escribió un libro sobre la depresión y el deporte y tomó clases universitarias de psicología. Luego, en 2014, se quitó la vida. Sin embargo, tras su muerte, la sociedad alemana comprendió que el deceso de Biermann era una bisagra para la primera división alemana del fútbol. Ahora, la Federación Alemana de Fútbol, la Bundesliga y el Ministerio de Salud germano luchan conjuntamente para visibilizar el problema de la depresión, al menos, en lo que refiere al fútbol. Tal vez algunos puedan pensar “Bah… Maradona…”, pero algo de razón tiene. Tal vez haya que escucharlo esta vez. O, si no, mirar el ejemplo alemán. Nuestros ídolos tienen pies de barro, y algunos, piden ayuda a gritos.
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