“CUANDO LLEGÓ EL FAX PENSÉ QUE ERA UNA JODA”
– Hola Martín, te llamo para contarte que ya llegó el fax de AFA…
—¿Qué fax?
—El de la AFA, te llegó la citación para ir a la Selección, tenés que presentarte el lunes…
Martín Romagnoli siguió con el celular pegado a la oreja, pero no escuchó nada más. Del otro lado, la voz de Horacio Darrás, presidente de Colón, se convirtió en un zumbido inaudible. “Lo único que pensaba era en cortar para llamar a mi familia. En un momento no sabía si estaba en línea o ya había cortado la comunicación”, cuenta el nuevo convocado a la Selección, a quien la noticia lo sorprendió tanto como al resto de la gente. “No entendía nada, se me puso la piel de gallina. En un momento, hasta pensé que lo del fax era una joda. No sé, una cargada, no creí que fuera cierto. No lo esperaba, me agarró desprevenido, sin pensar que me podía llegar a pasar”, confiesa.
La noticia del llamado para el partido del 9 de marzo, ante México en Los Angeles, encontró al volante de Colón en el micro, en pleno viaje hacia La Plata para el partido del domingo ante Estudiantes. “En ese momento no supe qué decir. Me agarró una emoción terrible. Y hasta que llegamos no solté el teléfono. Ardía, no tengo idea de cuántas llamadas hice y cuántas me hicieron, una fortuna, ja. Enseguida llamé a mis dos hermanos, Gustavo y Marcelo, a mis viejos Alberto y Marta. Y hablé con mi mujer Marina y mi nena Sofía. Todos se quedaron tan duros como yo”, dice con una euforia que todavía le dura, aunque se defina como un tipo tranquilo. Una vez en la habitación del hotel, el Pipi tuvo que bajar los decibeles: “Tenía que pensar en el partido… Así que me mentalicé: ”Ya está, ya lo sé, es todo verdad”. Intenté olvidarme un poco, dejar del lado el tema… Aunque cuando llegué a la cancha me hicieron muchas notas y hasta me saludaron varios jugadores de Estudiantes”, relata.
¿Romagnoli? Me suena… Sí, suena, todo el tiempo, no para. El teléfono de Martín está solicitado como nunca. El Pipi se ríe cada vez que la musiquita interrumpe. Atiende una, dos, tres veces. La última es del Cata Díaz: otra vez quiere confirmar el horario del entrenamiento en Ezeiza. Y le avisa que lo va a pasar a buscar por el hotel céntrico donde está parando. Dice que desde que se levantó, cerca de las 11, ya chequeó la hora varias veces: “Llamé de nuevo al presidente, al secretario para que llame a la AFA, al Cata… Hay que estar seguro, no hay que llegar tarde. Si es a las cinco, hay que estar a las 4 ahí, ja”. No sólo en su celular se nota el giro que dio su vida en apenas un par de horas. Radios y medios gráficos de Santa Fe y Buenos Aires lo rastrean…
—¿Estuviste más solicitado en estos últimos días?
—Sí, nada que ver con lo que era antes de la convocatoria. Y eso que es mi primer día. Me buscaron antes y después del partido, aunque después estuve una hora en el antidoping y cuando salí no había nadie… Yo tenía ganas de salir y hablar (se queja en broma).
Lo que no cambió aún en su vida es la libertad con la que camina por la ciudad. El lo explica mucho mejor: “Acá no me conoce nadie. A no ser que haya alguno que sea de Santa Fe…”
—¿Te gusta que sea así?
—Es lindo que te reconozcan, pero no al extremo. Tiene sus ventajas poder pasar inadvertido como me pasa a mí, te podés mover tranquilo. Una vez, caminando por Florida, la peatonal, me paró un muchacho y me dijo: “Hola, Romagnoli”. Yo me sorprendí. Resultó ser un hincha de All Boys que se acordaba de mí…
¿De Romagnoli? Sí, claro, el de San Lorenzo… “Una vez me pasó, hace un año, que me llamaron al hotel preguntando por el Pipi… pero el otro”, dice entre risas. “Es que el apellido hasta me costó el sobrenombre. Como antes sólo me decían Roma, un día Gerardo Solana, el de Gimnasia, me dijo así y nunca más me lo sacaron”, agrega. La referencia a Leandro, ahora jugador de los Tiburones Rojos del Veracruz, es inevitable. Hasta para él. “No me molesta, aunque si pasara continuamente quizá si diría: ”Che, pará que somos dos””.
—Y son distintos…
—Si, él es habilidoso y yo no, ja.
El volante sabe bien, y no le molesta admitirlo, que es uno de los desconocidos de esta nueva convocatoria de Pekerman. Y por eso admite sin culpa ni recelo que no imaginaba esta chance a los 27 años. “Yo sé que en el club estuve teniendo un buen nivel, jugué un muy buen segundo semestre en el 2004. Había hecho partidos muy interesantes. Sabía que estaba haciendo las cosas bien pero no esperaba nada, no lo pensé”, repite. Y convence.
—Pero el DT te conoce…
—Sí, me convocó en el 98 para el torneo Esperanzas de Toulón, en Francia. Quizá por ese lado en algún momento se me cruzó, pero muy lejano. Aunque la fantasía siempre está ahí. Sobre todo porque en las primeras citaciones llamó a jugadores que tuvo en las Juveniles… Tenía una mínima esperanza.
En aquel equipo estaban nada menos que Juan Román Riquelme, Walter Samuel, Bernardo Romeo, Lionel Scaloni, Panchito Guerrero, Galletti, Markic… Pero él llegaba directamente de All Boys: era el único jugador convocado de la B Nacional. “El primer día, cuando estaba por entrar, me crucé con José. Me llamó y me dijo: ”Acá no te creas menos que nadie porque venís de otra categoría. Sentite igual que todos, sos uno más del plantel”. No sabés la mochila que me sacó de encima. Imaginate, en ese plantel había pibes de mi edad pero que ya estaban súper consagrados…”
Casualidad o no, antes de que le llegara la nueva chance con la celeste y blanca, lo dirigió nada menos que un prócer con esa camiseta. “Tenerlo a Alfio Basile fue algo grande. Un fenómeno, por lo que sabe y por lo que transmite. Y además fue el que me hizo jugar más, me dio confianza, pude disputar un torneo entero y tener el nivel más alto desde que estoy en Colón. Y sí, parece que estaba todo ligado: ”Te voy a poner a este técnico de Selección en tu vida para que te prepare para estar ahí…””, asocia. “Es un sueño, de chico siempre imaginás estar en la Selección”. Aunque esa frase no sea del todo cierta…
“Es verdad, cuando era chico no me interesaba mucho el fútbol. Mi papá nos hacía jugar a mis hermanos y a mí. Lo único que quería era que estudiáramos y que juguemos a la pelota”, recuerda. Y todos le hicieron caso: Gustavo, el más grande, se recibió de arquitecto. Y el más chico juega en las ligas cordobesas. Claro, Martín se convirtió en el hijo famoso, en la celebridad de la ciudad de Leones. “Ya me dijo mi hermano que allá se armó una revolución, ja. Se ponen contentos cuando me va bien “, dice orgulloso.
Igual, no todas fueron buenas en su carrera. A los 15 años fue a probarse a Newell”s, pero lo mandaron de vuelta. “Jorge Griffa me dijo que era muy petiso para jugar al fútbol. Me volví a mi casa un poco bajoneado, casi largo todo. Era chiquito… Igual mucho no crecí, ja”, disfruta hoy sin rencores desde su metro 73. Después llegaría su prueba en All Boys, su título en Quinta, sus años en Primera y su préstamo de 12 meses al Badajoz de España, aquel equipo de Marcelo Tinelli que apenas duró un año y monedas en carrera, su pase a Colón en el 2000. Y un 2004 que lo marcó y lo dejó de cara a este presente que todavía lo sorprende.
Y suena el teléfono otra vez…
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