CUESTIONARON EL ROL DEL EJÉRCITO EN LA AYUDA HUMANITARIA
Las organizaciones no gubernamentales, de Derechos Humanos y sociales que integran el Comité de Solidaridad cuestionaron ayer duramente la forma en que se está manejando la ayuda y la asistencia de los afectados por las inundaciones. “Se ha dejado en manos del Ejército la logística de la distribución de alimentos, colchones, frazadas y ropa, lo que significa la militarización lisa y llana de la ayuda. También la implementación de una política represiva en el manejo de la seguridad en la ciudad”, dijeron. Una de las que cuestionó ante este diario es Sandra Gallo, de la ONG CANOA.
“No se porque lo hizo. La verdad es que se estaba organizando todo para darles la comida. Y se les estaba dando. No sé porque lo hizo, si sólo fue un día y después desde hace cuatro días que el reparto está en manos del Ejército y no están dando nada, no le están entregando nada a los autoevacuados. No tengo respuesta a la pregunta de porqué Reutemann les dio la entrega de ayuda al Ejército, no entra en mis parámetros porque la entrega no se hizo mejor”.
Sandra Gallo contó que estuvo el sábado a la tarde en Ciudadela Norte y que vió que “el maltrato al que personal del Ejército sometía a la gente era horrible. La gente hacia un hilera apretada contra la pared porque la valla que ponían los militares no estaba en el borde de la calle sino que estaba donde empezaba la vereda. Era una hilera de gente apoyada, apretadas contra la pared. Tenían que pasar por dos o tres postas de militares o gendarmes que los dejaban pasar por grupos de veinte y cuando llegaban a la puerta les decían: `Cinco a un sector de ropa seleccionada, otros cinco pañales’ y después pasaban a la cancha del club donde un militar les tiraba frazadas”.
También contó que otro lugar a donde pasaban los damnificados “era una montaña gigante de bolsas de ropa cerradas, donde los hacían pasar para elegir lo que querían. En su desesperación parecían cirujas revolviendo la basura pero era ropa. Era algo deningrante, era tremendo. Eso no es hacer mejor la entrega, fue terrible, porque se hacía sin registro, ni control. El trato era denigrante, además de ser inundandos no eran seres humanos”.
Sandra pertenece a la ONG CANOA, que trabaja desde hace más de una década en el barrio Santa Rosa de Lima. Desde hace diez días casi no duerme y esta envuelta entre papeles y registros de autoevacados que ayer llegaron a 70 mil. “La ineficacia del Estado es una lógica de gestión que ya existía, y ante la catástrofe se duplica o triplica. No sé si no se dimensiona lo que ocurre pero siguen con los mismos planteos que tenían antes cuando se le reclamaba que arreglaran una calle. Hoy sin embargo le van a exigir la entrega equitativa de alimentos, porque hace cuatro días que los autoevacuados no reciben comida. Es la misma lógica de gestión del gobierno pero duplicada por la catástrofe y la emergencia”.
Otro de los puntos cuestionados por las organizaciones del Comité es la “excesiva centralización tanto para la registración de autoevacuados como para la distribución de alimentos y enseres que se traduce en la vejación sistemática a la población afectada que debe padecer interminables colas y el desconcierto y desorientación que genera la falta de información”.
Además señalan que “esta falta de información viola el elemental derecho que tenemos las personas a la información veraz y precisa que es la única vía que permite tener herramientas de análisis para tomar decisiones tanto en forma personal como colectiva”.
Las organizaciones señalaron que “a pesar de que los hechos están demostrando que gran parte de la contención y la asistencia son posibles gracias a la magnitud del voluntariado santafesino que solidariamente ha puesto al servicio su trabajo, su esfuerzo y sus bienes, el Estado sigue pensando que las fuerzas represivas son las que van a dar solución a la emergencia ignorando una vez más el rol que las organizaciones de la sociedad civil, tenemos en la canalización de las demandas y de las necesidades más sentidas de la población”.
De la cantidad de historias que se le amontonan en su memoria desde el fatídico martes 29 de abril, rescata dos. “Una es de la una amiga que es docente que le llegó el agua hasta arriba. Cuando la encontré el segundo día de la inundación me dijo que toda su historia era de papel, eran libros, fotos y cuadernos. Y como todo estaba bajo el agua me preguntaba cómo iba a recuperarla, después de lo que pasó”.
La otra es la de un chico “con el que trabajamos en la mejora de su vivienda. Y nos preguntaba de qué había valido tanto esfuerzo si ahora estaba bajo el agua. Son dos de las historias más cercanas, porque conozco su historia personal muy de cerca”, explicó Sandra.
El número de víctimas no deja de ser un mito o un tema tabú entre los santafesinos, a pesar de lo cual todos hablan con criterios y convicciones distintas. “No creo que haya 200 o mil los muertos. Hay que ser cuidadosos. Hay logística y gente y movilidad disponible y se están encontrando las familias, pero también sabemos exactamente cuál fue la dimensión de esta tremenda catástrofe”.
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