CULMINÓ EXITOSAMENTE LA XIX FIESTA NACIONAL DEL TEATRO
Con el acto de cierre de anoche en la sala del Cine Belgrano finalizó luego de 10 días la Fiesta del Teatro que se desarrolló en nuestra ciudad.
El destacado evento contó con más de 40 obras teatrales de diverso nivel y características que convocaron a 25.000 espectadores a las salas de Rafaela y de las subsedes.
La noche del 25 de abril de 2004 no será una más a los ojos de la historia rafaelina. Y no se trata de una gesta patria o una epopeya.
Sin embargo alcanzó tal magnitud la Fiesta Nacional de Teatro que se llevó a cabo en nuestra ciudad que con el paso de los años se recordará esta fecha con emoción, y por qué no con nostalgia.
Porque quién sabe cuánto tiempo tendrá que pasar para que Rafaela viva en el ámbito cultural, y particularmente en el teatral, un evento de las cualidades del que acaba de finalizar en la noche de ayer con el acto de cierre en la sala del Cine Teatro Belgrano.
Durante exactamente 10 días los rafaelinos y los habitantes de la región fueron testigos y protagonistas de una fiebre del teatro, esfera que genera una retroalimentación con la cotidianeidad de la vida a la vez que penetra lugares inexplorados provocando el agudizamiento de la mirada del hombre sobre el hombre.
Un breve diálogo con Marcelo Allasino, integrante tanto del Centro Cultural La Máscara -una de las salas utilizadas- como de la organización de la fiesta, permitió conocer la cantidad de espectadores que disfrutaron de las 35 obras “extranjeras” y de las 6 obras locales, que fueron incluidas en la denominada Muestra Paralela.
“Sólo en Rafaela concurrieron a las salas unos 22.000 espectadores, y si a estos les sumamos los que aportaron las subsedes llegamos a la cifra final de 25.000”, subrayó Allasino durante el desarrollo del acto final.
Por primera vez una Fiesta Nacional del Teatro visitó a una ciudad que no era capital de provincia. Y la organización estuvo a la altura de las consecuencias. También lo estuvieron los rafaelinos, que agotaron las entradas de todos los espectáculos con un fanatismo que horas antes de comenzar el festival nadie se animaba a vaticinar. Esto provocó incluso que se agregaran funciones de los espectáculos. Por ejemplo la obra “Octetas en Desconcierto”, de la compañía Las Octetas de Río Negro, se presentó el sábado 17 y fue repuesta el día jueves 22 a raíz del tremendo suceso que logró.
Nivel dispar
Precisamente las 35 obras que se presentaron a lo largo de las diez jornadas tuvieron diferentes niveles y corrieron diversa suerte con la crítica y el público. “Octetas” sirve de muestra, ya que los espectadores quedaron fascinados con el coro de señoritas que interpretan temas a la par que entablan situaciones con la directora y el público.
Mientras tanto, el periodismo estaba dividido y se debatía entre el rescate emotivo y la crítica rigurosa.
También se pudo apreciar la diferencia entre los “teatros”. La concepción y desarrollo de las piezas teatrales no fueron las mismas cuando se trataban de obras capitalinas o provincianas. Quedó en evidencia un desfasaje entre los niveles del teatro de acuerdo al mapa nacional, ya que la sensación era la de estar ante un teatro más fuertemente político en el caso de las obras del interior, y un teatro más evolucionado y estéticamente vanguardista proveniente de Capital Federal y Gran Buenos Aires.
Pero esto representa más una ventaja que un déficit a la hora de analizar esta Fiesta Nacional del Teatro organizada por la Subsecretaría de Cultura de la Municipalidad de Rafaela conjuntamente con su similar de la provincia y con el Instituto Nacional del Teatro. Porque a diferentes estados teatrales se le enfrentó la sociedad, típicamente estratificada social y culturalmente. Entonces todos quedaron contentos.
Punto final
Eran las 22.30 cuando comenzó en el Belgrano el acto que cerró con la fiesta del teatro en Rafaela. Luego del breve documental que resumió los diez días de actividad teatral, y del breve y sencillo mensaje de agradecimiento del Intendente Omar Perotti se procedió a homenajear al teatrista argentino Norberto Campos. Porteño de nacimiento pero “rosarino por adopción”, como se lo escuchó decir en el video que se proyectó, Campos revolucionó el teatro nacional. El miércoles se habían “olvidado” de él cuando se recordaron las figuras de otros dos teatristas (Héctor Tealdi y Jorge Petraglia). Y ayer se acordaron de él.
Luego llegó el momento de que el actor Luis Rubio se arrastrara hacia el escenario con su personaje a cuestas. Eber Ludueña, ese particular símbolo del futbolista fracasado y violento que dispara a cada rato típicos gestos argentinos, presentó por espacio de 20 minutos su número humorístico. Finalmente se presentó la última obra de la fiesta: la chaqueña “Maldito Corazón”.
Había miedo en la previa y hay mucha satisfacción en el cierre de la Fiesta Nacional del Teatro. Porque fue una verdadera fiesta, en la que tanto la organización como el marco estuvieron a la altura de las circunstancias.
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