CUMBRE DE ROCK NACIONAL
Para la historia. Charly García, León Gieco, Luis Alberto Spinetta y Norberto “Pappo” Napolitano tiraron el Chateau por la ventana en la noche del jueves. Convocados para celebrar por adelantado los 100 años que cumplirá en marzo del 2004 el diario La Voz del Interior, los fabulosos 4 les sacudieron el cuerpo y el alma a más de 20.000 personas entre las que, claramente, se podían notar al menos tres generaciones de fanáticos. Y si bien los cuarentaypico se quedaban sin aire a la hora de los saltos y el pogo, los chicos no podían competir en cuestiones de memoria. Al fin y al cabo, no cualquier adolescente puede cantar de cabo a rabo los temas de Pescado Rabioso, que desplegó Spinetta; o los de Seru Giran, que mostraron a un Charly de buen humor y en su mejor forma. Y eso para no humillar con el desenfrenado Susy Cadillac de un Pappo en su más fragorosa reminiscencia Riff.
Pero ninguno de los cuatro ancló su performance en glorias pasadas (aunque siempre vigentes). Spinetta presentó temas de su nuevo disco, Para los árboles; Pappo adelantó Buscando un amor, su próximo trabajo; mientras que León y Charly pivotearon respectivamente en Bandidos Rurales e Influencia.
El megaconcierto, cuya recaudación fue en beneficio del Cuerpo de Voluntarios del Hospital de Niños, comenzó a las 20. 45 con una ovación a Spinetta. El Flaco refrendó con su arte y su solidaridad “esto para lo que nos hemos reunido, que es lo más”, mientras en el campo un mar de cabezas ondulaba a sus pies. Y a sus versos.
Pappo le hizo saltar la térmica a una noche de corazones ardientes, pero bautizada con “un ventarrón” gélido y cruel que no le perdonó la vida a nadie. Lo de “El Carpo” se montó en la fuerza, el rock y el blues en una de las guitarras más poderosas de Latinoamérica.
Gieco subió a las 23.45 y sorprendió con una versión a capella de Cinco siglos igual coreado por una multitud que lo acompañó en cada línea. El trovador de Cañada Rosquín es, en esta provincia, uno de los artistas más queridos y respetados y la gente se lo hizo sentir vivándolo en la hora y cuarto que duró su tiempo de escenario. León fue el vocero político de la noche: “Somos los sobrevivientes de muchas épocas de gobiernos asesinos”, dijo. Se esperanzó en que “este nuevo gobierno haga algo por los derechos humanos”, invitó a cantar Como la cigarra, de María Elena Walsh y para el final, tocó Sólo le pido a Dios junto a su “sucesor y heredero”, Raly Barrionuevo.
Viento sur y una hora después (a las dos menos cuarto), Charly apareció en una limusina blanca, bajo una tormenta hecha de fuegos artificiales y delirio colectivo. Tenía pantalones scaramouche a rayas negras y blancas, saco rojo furioso y aspecto de vampiro feliz y recién comido. Rezo por vos, versiones renovadas de Los dinosaurios, Seminare y Cerca de la revolución, le sacaron chispas a sus nuevas composiciones. García vivió una de sus mejores noches.
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