CUMPLE 70 AÑOS EL DIRECTOR ROMAN POLANSKI
Es difícil imaginar que hoy, Polanski estará frente a una torta soplando 70 velitas. Aunque, quién sabe: conociendo su atracción por los infiernos, tanto fuego junto tal vez lo tiente. El director polaco, uno de los grandes autores vivos del cine mundial, llegará a la séptima década con sus principales fantasmas interiores exorcizados a través de su propia obra: El inquilino, El bebé de Rosemary y, bien cerca en el tiempo, la galardonada El pianista, todos filmes, entre 14 más, en los que plasmó algunas de las imágenes más inquietantes de la historia del cine.
Atado a su filmografía, el reconocimiento mundial que cosechó también se une al enfant terrible que construyó cruzando su propia y sufrida historia con la de aquellos seres desesperados a los que se acercó con la ficción. Nació en París en 1933, pasó su infancia en un ghetto judío de Cracovia, perdió a su mamá en un campo de exterminio nazi y fue perseguido del estalinismo. Otra vez, en 1969, lo golpeó el sufrimiento extremo: la matanza de su esposa embarazada (Sharon Stone) y varios amigos, asesinados en Los Angeles a manos del clan Manson.
No obstante, en lugar de paralizarlo, esa realidad excepcionalmente trágica lo empujó a concretar sus proyectos personales más felices y arriesgados. La seducción, otra de sus marcas personales, lo acercó a bellísimas actrices como Bárbara Lass, Sharon Tate, Nastassja Kinski y su actual esposa y madre de sus dos hijos, Emmanuelle Seigner. En los años 50 inició su formación como cineasta en la Escuela de Cine de Lodz (tierra de maestros como Wajda, Zanussi y Kawalerowicz) habiendo pasado ya por las Escuela de Bellas Artes y de Arte Dramático de Cracovia, donde floreció su gustillo por la actuación, que ejerció en varios filmes propios y ajenos. A fines de esa década se inició como cortometrajista (Dos hombres y un armario, de 1958 y Cuando los ángeles caen , 1959).
A su opera prima, El cuchillo bajo el agua (1962), siguieron obras maestras como Repulsión (1965), Cul-de-sac (1966), La danza de los vampiros (1967), El bebé de Rosemary (1968), Barrio Chino (1974), El inquilino (1976) y la reciente El pianista (2002), que le valió el Oscar al mejor director y la Palma de Oro en Cannes, basada en la historia real del célebre pianista judío Wladyslaw Szpilman, que vivió escondido en el ghetto de Cracovia durante la ocupación nazi en Polonia. Se dijo que es la película más personal del director porque conserva sus marcas autorales y sus angustias más íntimas.
“Siempre fui un fugitivo”, le confesó esta año a Clarín, confirmando de algún modo el vínculo con sus personajes alucinados y paranoicos, víctimas de perfectos complots en su contra. Entre sus filmes de terror El bebé de Rosemary fue señalado como anticipación de la tragedia propia: el asesinato de Sharon Tate, ocurrió al año del estreno. “Desde entonces mi alegría de vivir sufrió un desgarro”, escribió Polanski en su biografía de 1984: Roman. Ahí mismo da su visión del episodio con la menor estadounidense que lo acusó de violación. Por ese motivo el ciudadano francés Polanski sigue sin poder entrar a los EE. UU., donde lo consideran prófugo desde que en 1976 escapara de allí para evitar un juicio. Allí, este año, le dieron un Oscar por algo muy parecido a su vida.
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