Cutral Có, el petróleo robado
Fue en Malargüe, en la provincia de Mendoza, donde por primera tomamos contacto con el apellido Pincheira. Allí el tal hasta tiene un lugar con su nombre: “los castillos de Pincheira”, una formación rocosa que dibuja un palacio medieval. Dicen que allí se escondía Pincheira, un bandolero de la zona que actuaba entre Argentina y Chile, como Bairoletto o Mate Cosido, robándole a los ricos para entregarle el botín a los pobres.
Ahora, en Cutral Có, el pueblo hermano de Plaza Huincul, con el que conforma un conglomerado de 50 mil habitantes, vuelven a hablarnos de Pincheira. Pero no es aquel bandido de las montañas. O sí lo es, claro. Sí que es un bandido, pero de llanuras. Y con una diferencia no menor. Éste se mete con los pobres a los solos efectos de servir a los ricos. O sea, un patán.
Han crecido mucho Plaza Huincul y Cutral Có. Habían vivido muchos años de un nombre que nos resulta conocido: Yacimientos Petrolíferos Fiscales. Cuando eran pueblitos mucha gente llegó desde distintos lugares del país para trabajar sacándole jugo negro a la tierra y para convertir en ciudades siamesas a los dos núcleos poblacionales ubicados en medio del viento y el desierto.
Cutral Có era famosa por la envidia que despertaba a sus vecinos. Por ejemplo en Zapala, un centro urbano de características similares, comentaban con maledicencia que “los de Cutral Có no tenían más que un año el mismo auto y ya iban y lo cambiaban”. Y es bastante cierto. El desempleo se contaba en racimos y los barrios obreros, como el Otaño, tipo monoblocks, prosperaban.
Hasta que privatizaron el petróleo y Cutral Có se hizo famoso por otro tema: fue en esta ciudad donde por primera vez se cortaron las rutas en la Argentina. Los cortes estaban a cargo de un grupo de excluidos de YPF que todavía no habían adoptado el nombre con el que se harían famosos en todo el país ardiente: piqueteros. Ellos se llamaban “fogoneros”.
En 1996, los fogoneros fueron todos a la ruta y una pueblada llegó a movilizar 20 mil almas, el 40% de la población, para pedirle al gobierno que pare el hambre del desempleo que ya tenía números: 5 mil familias a la calle, más de la mitad de la población sin trabajo, unos pocos reinsertados y otros jubilados, la proliferación de kioscos, el cierre posterior de los mismos, una postal aquí y allá.
Llegó 1997 y ahora, los que salieron a la calle fueron los maestros. El 12 de abril, una segunda pueblada multitudinaria volvió a la fama a esta porción diminuta y simbólica de la Argentina de hoy. Ese día venía caminando por la calle, después de haber terminado su trabajo, una doméstica de familia muy humilde y madre de tres hijos. Cuando pasaba por un puente, mientras se paraba a ver la tremenda movilización, una bala de la policía le atravesó el cuello.
Teresa Rodríguez es hoy la que dejó huérfanos a sus hijos que ya son adolescentes y la bandera de lucha de un pueblo que también vio como muchos renunciaron, se fueron, se degradaron. El barrio Otaño, aquel barrio obrero, es hoy un Fuerte Apache derruido donde viven los hijos de la miseria de las privatizaciones, los que condenados a una muerte más lenta que se llama miseria.
Por supuesto que la justicia de Neuquén instruyó las averiguaciones del caso. Estaba claro que la bala que mató a Teresa partió de un revólver policial. En un lugar donde todos se conocen, la policía le tiró a los maestros de sus hijos. Y el operativo estaba a cabo de un oficial de rango menor, que se llamaba, como aquel bandido de Malargüe, Pincheira. Pasaron 8 años del crimen que fue el principio del fin de Cutral Có, aquel pueblo que no paraba de crecer.
El 24 de agosto, el presidente Néstor Kirchner recibió al hermano y a los padres de Teresa Rodríguez. Juan y Miguel Rodríguez, Teresa Cofré, le manifestaron a él y al ministro Aníbal Fernández que el crimen –filmado por la televisión local- seguía impune por falta de voluntad política del gobierno de Neuquén, que hace 4 años y 8 meses archivó la causa.
Hoy Teresa Rodríguez es memoria y un puente, el puente donde la policía de Pincheira la mató, lleva su nombre. Un mes atrás, una carpa docente que reclamaba audiencia tras 77 intentos fallidos en la capital de Neuquén, fue reprimida por la guardia de seguridad del gobernador Sobisch, ahora a cargo de un inspector oficial de apellido… Pincheira. Su homónimo de Los Andes hubiera sentido vergüenza de él.
Como canta el maestro y poeta Sergio Castro, “pero está tan frío en Cutral Có… “, muy frío… más frío que nunca, como están los lugares en donde los asesinos son ascendidos y los deudos de los muertos jamás obtienen justicia. Como está cada uno de los lugares guachos que dejó la Argentina blanca y celeste, privatizada y entregada, desmemoriada y menemista.
Este contenido no está abierto a comentarios

