DE LA TELEVISIÓN AL CINE
Cuando se encontraron por primera vez, Damián Szifrón todavía no se había convertido en el hacedor del impresionante éxito de “Los simuladores” y Daniel Hendler ya se consolidaba como uno de los rostros fundamentales del cine independiente argentino. “Una vez que leímos el guión -recuerda Szifrón- yo le hablaba a Daniel sobre el cine que me gustaba. Le hablaba de Coppola, de James Cameron, de Clint Eastwood, de Spielberg. Hasta que le pregunté qué clase de cine le gustaba. Me dijo, muy seco: “El cine iraní”. Me pareció una manera extraordinaria de empezar. Así que, de pronto, mi película también incluye algún elemento del cine iraní.” Entre las carcajadas de ambos, Daniel apunta: “Muy iraní… Sería el mejor título para la nota”.
Casi dos años después de aquel encuentro, Szifrón y Hendler admiten que todo lo que ocurrió durante ese interregno abre expectativas quizá no imaginadas en aquel momento alrededor del proyecto cinematográfico de inminente estreno (llega pasado mañana a las salas porteñas) que los une como director y actor protagónico, respectivamente. Se trata de “El fondo del mar”, la opera prima del creador de “Los simuladores”, autor también de un guión que une un momento de las vidas de un obsesivo estudiante de arquitectura (Hendler), su novia (Dolores Fonzi) y un desconocido (Gustavo Garzón) que de repente parece interponerse en el camino de ambos, asociándose a un juego en el que los roles de perseguidor y perseguido por momentos se mezclan tanto como la comedia, el thriller y el drama intimista dentro del relato.
“Calculo que la expectativa que hay alrededor de la película es algo bueno, aunque tiene sus pros y sus contras. Por un lado hay como menor capacidad de sorpresa, porque ya se está esperando algo de mí. Pero también tiene una parte buena, porque hay gente que tiene ganas de ver este trabajo. De cualquier manera, esta película sigue siendo para mí una gran incógnita porque tiene otro tono, otra frecuencia bien distinta de la que se me conoce en la tele”, explica Szifrón, para quien el nombre de Hendler no estuvo presente desde el comienzo del proyecto, pero con el tiempo se convirtió casi en imprescindible.
Proyecto raro
“Cuando estaba terminando el guión -relata el director- vi “Esperando al Mesías” y empezó a cobrar sentido la idea de que fuera el protagonista. Este fue un proyecto raro, porque se inició por encargo a partir de un piloto que yo había filmado y se llamaba “La vuelta al mundo”. Con el tiempo se transformó en un proyecto muy personal y más independiente todavía al sumarse a la producción Sebastián Aloi. En el momento de elegir al protagonista aparece otra de las productoras, Natalie Cabiron, que también lo fue de “Sábado”, donde el protagonista es Daniel. Pregunté por él y le mandé el guión.”
Hendler, a su vez, no teme quedar identificado con un tipo de personaje que ya insinuó en los dos films mencionados. “Es cierto que cuando un director te llama es porque vio algo en vos, pero yo no creo en el actor camaleónico, porque si hay algo que no puedo cambiar demasiado es mi propio cuerpo. Más que las posibilidades de lucimiento, lo prioritario es que el personaje viva dentro de la película y del universo que imagina el director. Acá me fue muy duro seguir con la precisión y la claridad que Szifrón tenía respecto del personaje. Incluso me lo llegaba a actuar y a decirme cómo quería que dijera una frase, cosa que no me pasaba desde que era un niño”, explica el actor uruguayo, festejando su ironía.
Antes que “Los simuladores”
Szifrón cuenta que el rodaje de un 60 por ciento del film ya estaba resuelto antes de iniciarse el primer ciclo de “Los simuladores” y se esperaba que la serie televisiva durara no más de tres meses. Pero la historia conocida transformó la vida y todos los proyectos previos del director. “Terminamos de rodar sólo siete meses después. Fueron entonces como dos etapas cerradas de filmación. Es que el cine es un proceso muy largo”, explica.
Algo parecido le pasa a Hendler, por más que tenga ya incorporada la experiencia de varias películas realizadas. “Es que -precisa- éste es mi primer trabajo en el que puedo jugar con ciertos géneros y no se trata de una película tan autobiográfica. Todo está puesto en un universo en donde uno mismo tiene que hacer un trabajo de adaptación.”
Inclasificable
Szifrón no tiene una respuesta precisa a la pregunta sobre cuál es el género en el que podría ubicarse una película como “El fondo del mar”. Dice que no podría definirla estrictamente como una comedia, aunque cuenta con elementos cómicos. “Es un thriller que no sabría cómo definir, tiene algo de delirio. Quería que la vida cotidiana se volviera de pronto cercana al cine de aventuras. Y hay una trama de suspenso que es importante. Además, como director siempre tengo que querer a mis personajes, a los buenos y a los malos. Nunca juzgarlos, nunca mirarlos desde afuera.”
Cuando estamos a punto de conocer su primera película, Szifrón dice que el cine que más le gusta es en buena medida muy popular, a la vez que sugiere más de una lectura. “Son películas como “Terminator”, “Titanic” o “El padrino”, hechas por directores considerados grandes artistas, pero que a la vez el público va a ver masivamente. No hay que olvidarse de que el cine nació como espectáculo antes de convertirse en un arte, tiene que ver con el circo, con la pirotecnia, con la felicidad de ver algo que te maravilla. Yo nunca escribo desde el artificio. Todo lo que hago tendrá siempre algo de acción, de aventura, de comedia. Nunca vas a ver algo mío demasiado… iraní. Pero no quiero desmerecerlo. Es que vi pocas películas iraníes”, dice, como sorprendido del efecto casi cómico que logran sus palabras.
Nace una amistad
“Yo tampoco vi “Titanic”. Entonces estamos a mano”, agrega Hendler. “Deberíamos intercambiar videos o DVD de lo que nos gusta”, propone Szifrón. Hendler asiente con entusiasmo. Y al ver la expresión y el gesto de ambos, más de un cinéfilo podría imaginar, en un contexto bien diferente, la repetición de aquella inolvidable escena final de “Casablanca”, con una frase que también hizo historia: “Este es el comienzo de una larga amistad”.
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