DE LUTO, MÓNACO DESPIDE A SU PRÍNCIPE RAINIERO
Los monegascos, de riguroso negro, pudieron velar personalmente ayer por primera vez los restos de Rainiero III. Las puertas del Palacio de los Grimaldi se abrieron, y en pequeños grupos, los habitantes de Mónaco ¿con documento que así lo demostrara¿ fueron ingresando a la capilla ardiente para despedir al príncipe fallecido el martes pasado, a los 81 años.
Las monegascas estallaban en llanto al salir de la pequeña Capilla Palatina donde acababan de ver los restos mortales del príncipe, que descansan en un catafalco sobre telas blancas acolchonadas. Fue una jornada de luto en la que el heredero al trono, el príncipe Alberto II dedicó sus primeras palabras al pueblo tras la muerte de su padre. “El principado perdió a su soberano, mi padre, que veló durante 56 años por su destino”, afirmó en un comunicado.
“Hoy ¿siguió¿ somos todos huérfanos que deja atrás esta gran persona, y la profunda tristeza y el dolor que sentimos acercan nuestros corazones y deben unir más que nunca a nuestra sociedad”
“El instante presente es para la oración y el recogimiento en el recuerdo de ese gran hombre que amó apasionadamente a su país y a sus habitantes”, concluyó.
En un decorado sobrio y con el rostro sereno y pálido, el cuerpo del difunto Rainiero III está extendido en su ataúd abierto, vestido con el uniforme oscuro tradicional de los soberanos monegascos, adornado en las mangas con líneas y hojas de roble bordadas en hilos de oro. Lleva las manos cruzadas sobre su pecho entrelazadas con un pequeño rosario de perlas, del que pende una cruz. Alrededor del ataúd, cinco carabineros uniformados con saco negro, pantalón azul y casco con plumas rojas y blancas, hacen guardia de honor.
El cuerpo permanecerá así hasta el miércoles, antes de los funerales que se llevarán a cabo el viernes 15, con la asistencia de jefes de Estado y personalidades de la nobleza europea, en medio de estrictas medidas de seguridad.
Desde la mañana de ayer, bajo un cielo gris, los monegascos empezaron a salir de su tradicional discreción y podían distinguirse por llevar vestimenta negra de todo tipo, como les pidieron las autoridades. Tras visitar la capilla San Juan Bautista situada al fondo del patio de honor del Palacio, en lo alto del peñón de Mónaco, confluyen en el café Royalty, en la misma arteria comercial Princesa Carolina, con el rostro compungido a tomar un café.
En tanto, comienza a reforzarse la seguridad del principado de cara al funeral de Rainiero. El ministro del Interior, Philippe Deslandes, anunció que la seguridad se ampliará “por tierra, mar y aire”. Un millar de policías monegascos y franceses, así como expertos en seguridad, cuidarán de que los invitados de todo el mundo puedan dar el último adiós al príncipe con toda tranquilidad.
Como la catedral de Mónaco sólo cuenta con 800 plazas, se realizarán dos misas. Hasta 1.500 canales de televisión podrán retransmitir el funeral de Rainiero, que será enterrado en la cripta de la catedral junto a su esposa, la actriz norteamericana, Grace Kelly.
Ayer, el pensamiento de muchos era también para la princesa Carolina, la mujer de Ernesto Augusto de Hannover, cuyo estado de salud no ha mejorado este fin de semana. La situación es “estable, pero sigue siendo seria”, se informó ayer desde el círculo de este noble, internado en reanimación por una pancreatitis, la semana pasada.
Carolina y Ernesto Augusto se casaron el 23 de enero de 1999. El 20 de julio de ese mismo año nació su hija Alexandra. El anterior marido de la princesa, Stefano Casiraghi, falleció en 1990.
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