"DEBEMOS CURARNOS DE LAS HERIDAS Y LA ENFERMEDAD DE LA MEMORIA"
En esta semana, desde el Estado y la sociedad civil hubo un manifiesto empeño en recordar el horror sufrido durante la última dictadura militar y en que éste perdurara como lección en la memoria colectiva del país.
En ese contexto, el “nunca más” a los golpes de Estado debería ir acompañado por un fuerte reconocimiento de que las instituciones de la República están por encima de los hombres y de que deben funcionar según las competencias propias para las cuales han sido creadas, sin intervenciones de otros poderes o el embate de fuerzas sectoriales.
El propósito de esta nota es conocer, desde la reflexión filosófica, cómo hacer para superar los antagonismos que han caracterizado a la historia argentina y que incluso, por política, se busca profundizar. El doctor Julio De Zan es investigador del Conicet y profesor de Filosofía Contemporánea y Filosofía Política en las universidades nacionales de Entre Ríos y General San Martín, de Buenos Aires.
Demasiado apego a la historia
-A lo largo de nuestra historia, los argentinos siempre hemos estado como en dos bandos. ¿A qué se debe esta conducta de buscar sostener posiciones antagónicas?
-Creo que parte de todo eso sucede porque tenemos demasiada memoria y demasiado apego a la historia. Todos los pueblos han tenido una historia de luchas, de antagonismos… La historia siempre nos divide y, en la medida en que estemos siempre mirándola, estamos divididos.
Se decía que los individuos que viven rumiando su pasado o lamiéndose las heridas eran resentidos. Me parece que esto no puede aplicarse totalmente a la memoria colectiva, pero sí es, en alguna medida, la consecuencia de una mirada insistente, demasiado vuelta hacia atrás, que nos divide y nos vuelve a dividir por enfrentamientos que ya pasaron. Los revivimos y se debilitan las fuerzas constructivas de la sociedad hacia el futuro. Creo que esto es parte de la experiencia argentina. Lo que nos tiene que unir son las tareas y los proyectos para el futuro.
Los usos de la memoria
-Usted, en alguna medida, hace un juicio de valor sobre los usos reprochables de la memoria.
-Sí. La memoria es un arma de doble filo. Pero, antes de ir a los usos, me gustaría hacer alguna aclaración sobre los conceptos: ¿qué es la memoria? ¿qué diferencia hay entre memoria, rememoración y conmemoración?
Cuando hablamos de la memoria, debemos referirnos a esa capacidad psicológica que tenemos de grabar en nuestra mente una cifra, un número, una imagen. Pero, en un sentido más profundo, que es lo que nos interesa aquí, la memoria alude a una vivencia actual de una experiencia del pasado. En este sentido, se usa como sinónimo de sus derivados: rememoración o conmemoración.
Sin embargo, pueden distinguirse estos términos. La memoria, en sentido general, es pasiva; los recuerdos nos vienen sin ser convocados. La rememoración, en cambio, es un comportamiento activo e intencional de la memoria, o una práctica orientada a hacer presente algo que había caído en el olvido o que no queremos que se borre de la conciencia.
Conmemoración implica más o menos lo mismo, pero con una acción social comunicativa y puntual, que se realiza en un espacio público.
Usted me preguntaba sobre los malos usos de la memoria. Uno de los autores franceses más importantes, Paul Ricoeur, poco tiempo antes de su muerte, escribió un importante libro: “La memoria, la historia y el olvido”.
“Estoy perplejo -escribe en el prólogo- por el inquietante espectáculo que dan el exceso de memoria en algunas espacios y sobre determinados acontecimientos y el exceso de olvido en otros casos, por no hablar de las influencias de las conmemoraciones y de los abusos de la memoria y del olvido. En este sentido, la idea de la justa memoria es uno de los temas centrales de mi preocupación cívica”. Cuando hizo esta reflexión no estaba pensando en la Argentina, sino de su Francia local, es decir, éste es un tema bastante generalizado en el mundo occidental.
El uso de la memoria puede verse impedido por diferentes patologías psíquicas. Hay que decir dos palabras sobre estos fenómenos que ayudan a comprender las patologías sociales del uso de la memoria. Freud había estudiado que el obstáculo principal en el camino de la rememoración son los recuerdos traumáticos que no podemos asimilar, como la muerte de un ser querido, y había mostrado cómo opera el duelo en el reconocimiento de que el objeto de nuestro amor ha dejado de existir y hay que aceptarlo ahora y sólo conservarlo en el recuerdo. Una vez que hemos asimilado y acogido el recuerdo del ser perdido como algo que pertenece a nuestro pasado, hemos resuelto este obstáculo de la memoria.
Se requiere un proyecto ético
-Y a nivel de país, ¿es posible hacer el duelo?-En este sentido, se puede hablar también de traumatismos colectivos de la memoria, de una memoria colectiva herida que necesita también un proceso de duelo a través de la conmemoración de las pérdidas sufridas, como por ejemplo, en las gestas fundadoras, revolucionarias y guerras de la Independencia del siglo XIX, en que, mediante la celebración de las gestas de estos hombres que lucharon, se salda la deuda de la memoria con los antepasados.
Mucho más difíciles de cerrar son las heridas de la memoria colectiva cuando ese tipo de elaboraciones no es posible de hacer hoy, porque las pérdidas no han sido el precio de una conquista, sino que fueron víctimas de un terrorismo absurdo, de un terrorismo de Estado o de un genocidio.La superación de estos obstáculos de la memoria colectiva genera problemas mucho más hondos y requiere una elaboración más refinada que los acontecimientos fundadores, porque hay que transformar esa memoria en proyectos colectivos de lucha por el reconocimiento y la realización positiva en el presente, de los derechos que fueron negados y que han sido violados en el pasado.
También hay que poner en guardia, incluso en estas situaciones, frente a personas o entidades que se arrogan la representación de las víctimas o se instalan en la postura, en el lugar de las víctimas, que es un lugar de privilegio, de palabra autorizada, de poder.La memoria reconciliada no es lo mismo que el olvido, sino rememoración madura y exigencia de justicia que se integra a la economía de las pulsiones, llevada al presente y proyectada hacia el futuro.
El proyecto de justicia, fundado en la memoria y los sentimientos fuertes, provee a la memoria del valor agregado, cual es el valor del compromiso moral y político, que es un compromiso ético.
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