DECLARÓ UN EJECUTIVO QUE ESTUVO CAPTURADO AL MISMO TIEMPO QUE AXEL BLUMBERG
Un cuarto que percibía pequeño. Gente que entraba y salía constantemente. El polvo de una calle de tierra que se colaba en la habitación cada vez que se abría la puerta. El sonido de la cumbia que se mezclaba con los ladridos de perros y el rechinar de una reja. Olor a marihuana. Y ese sillón desvencijado sobre el que estuvo acostado varias horas son los recuerdos que Guillermo Ortiz de Rozas no puede olvidar de las horas que pasó cautivo, cuando lo secuestraron el 21 de marzo de 2004.
Ortiz de Rozas declaró ayer durante casi una hora en el juicio por el secuestro y crimen de Axel Blumberg. Su testimonio era muy esperado por el Tribunal Oral Federal 2 de San Martín porque, según la instrucción de la causa, el ejecutivo —gerente de una importante empresa— estuvo secuestrado por la misma banda y al mismo tiempo que Axel, pero en otra casilla. “Escuché que hablaban del otro ‘gato’ que tenían secuestrado”, fue la única referencia que hizo a Axel.
El ejecutivo, de 53 años, entró a la sala a las 9.50. Caminó decidido y se sentó frente a los jueces. En ese trayecto observó detenidamente a los imputados.
Contó que aquella noche del domingo 21 de marzo llegaba a su casa en un Volkswagen Passat. Allí lo esperaba su hijo Martín. Cuando se bajó del coche sonó su celular. “Era mi hijo preguntándome cuándo iba a llegar. Le dije que estaba en la puerta y corté. En ese momento me ro dearon tres personas”, dijo.
Su hijo abrió la puerta, uno de los captores le apuntó y el chico se metió en la casa. Subieron al ejecutivo a la parte trasera del auto y huyeron. Además de los tres jóvenes que capturaron a Ortiz de Rozas, había un cuarto que los seguía en un Fiat Uno.
“Estaban muy agresivos y hacían muchas preguntas. Luego me aclararon que era un secuestro extorsivo. Usaron esas palabras”, detalló ayer.
“Me volvieron a golpear cuando se dieron cuenta que el auto era blindado. Yo les decía que me lo había dado la empresa. Uno hizo un llamado desde un celular y habló con alguien a quien quiso venderle el coche”, relató.
Ortiz de Rozas recordó que en ningún momento dejaron de amenazarlo. Dijo que no pudo ver a sus captores porque estaba encapuchado y que cuando le pidieron que llamara a su casa para exigir un rescate prefirió llamar a su hermano, porque en su casa sólo estaba su hijo adolescente.
“En un momento el coche se detuvo y me pasaron a otro auto. Creo que era un Fiat Uno. Ahí volvieron a golpearme cuando encontraron una credencial del ReNAr. Me exigían que les entregara el ‘fierro’, pero yo trataba de explicarles que no tenía armas y que esa credencial era por el blindaje del auto”, declaró.
Lo llevaron a una casa que percibió precaria. Lo ataron de pies y manos y lo tiraron en un viejo sillón. Allí estuvo toda la noche, vigilado por un hombre y una joven; lo liberaron a la mañana siguiente, la del 22 de marzo, luego de que se pagaran $ 82.000.
Ayer, Ortiz de Rozas contó que luego de su liberación declaró ante un asistente del fiscal federal Jorge Sica y le dijo que el Passat estaba blindado. Ese dato es clave en el juicio porque, el 22 de marzo a la noche (cuando se frustró el pago del rescate de Axel), los captores que habían ido a cobrar en el auto del ejecutivo se tirotearon con la Policía, que no los pudo detener justamente por el blindaje del coche. Después de eso, Axel fue asesinado.
Al final le hicieron escuchar un casete con un llamado extorsivo a Blumberg. Ortiz de Rozas reconoció la voz como la de uno de sus captores. Según la causa es la de Martín “El Oso” Peralta.
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