Defensa de la capital
Ubicada geográficamente en el centro, fundada cuando la zona era apenas un desierto en el que los últimos malones habían caído a mano de las balas educadoras del roquismo, el pueblo de General Acha era la capital del Territorio Nacional de la La Pampa. Mientras, a 100 kilómetros, una localidad novata le disputaba el galón: Santa Rosa, la que a la postre iría a ganar la pulseada.
Sólo que los impulsores del cambio, no sabían que con esa idea iban a contribuir a una pueblada que hoy, 101 años después, sigue enorgulleciendo a los habitantes de la comarca: “el levantamiento de los achenses”. Fue un fuenteovejuna que, en verdad, no pasó a mayores. Pero menos mal que no fue así, porque si prosperaba hubiera provocado la primera guerra entre dos pueblos del mismo país.
En 1904, por gestión de Tomas Mason, uno de sus fundadores, Santa Rosa consiguió que le cedieran el lauro de capital. En la zona también se lo disputaba Toay, que hoy no pasa de un pueblito pero en la época tenía influencias a través de un dueño de mucha tierra que se llamaba Benito Villanueva. El gobierno nacional zanjó la discusión muy fácil. Le quitó la capital a General Acha y la trasladó a su emplazamiento actual, pero con un nombre cumplidor: Santa Rosa de Toay.
Entonces, los achenses inscribieron su página mejor, la que recuerdan en los libros de historia locales como “una gesta heroica”. Retuvieron todos los expedientes del juzgado, tomaron la comisaría, desarmaron al mismísimo comisario y escondieron todos los papeles para que el decreto que sentenciaba el traslado no tuviera lugar. La comarca amenazó con revolución.
Todos los vecinos empezaron a contagiarse. Llegaban desde el campo o desde las quintas y pedían armas en el municipio para defender la capital. Hasta que llegaron los refuerzos y, se sabe ya –los aborígenes lo comprobaron en carne propia- cómo zanjaba el gobierno estos entuertos: los sediciosos fueron condenados a muerte. Antonio Castro, Julio Arredondo, Juan Bernasconi –que falleció hace poco- entre otros, fueron los héroes de aquel movimiento inusual.
Tiempo después, el Congreso de la Nación dictó una ley de amnistía para los presos de la Revolución de General Acha. El pueblo creció y se hizo ciudad, guarda algunos edificios de antaño y poca memoria en los más jóvenes. Late al pulso de la ganadería o el agro, tan productivos en las puertas de la pampa húmeda. Y cada 11 de abril, recuerda a estos tipos comunes a los que el pueblo elevó a la categoría de próceres.
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