DELGADO: EN NUEVO ORTEGA
Aquellos que sobrevuelan el entorno de Marcelo Bielsa aseguran que el DT de la Selección Argentina se enamoró de César Delgado. Que el ex Central fue una de las cartas fuertes que el entrenador más cuestionado del momento se jugó, y que la movida le salió bien. Cuentan también que después de los dos primeros partidos de estas eliminatorias para el Mundial 2006 el técnico se convenció definitivamente de que por fin había conseguido al reemplazante del único jugador que todavía no había podido sustituir para su funcionamiento: Ariel Ortega.
Es sabido por todos que Marcelo Bielsa no quiere jugar con dos centrodelanteros. Y que para el DT, además, Saviola es número “9”. Así, el Pibito quedaba descartado para la función de extremo por la derecha. Más: la apuesta de Bielsa tiene más valor todavía porque el jugador elegido por el mundo fútbol era Saviola. Todos y cada uno de los encuestados daban al jugador del Barcelona como el delantero que debía acompañar a Hernán Crespo. Y siempre aparecía, además, la chance de Carlitos Tevez… Pero nunca Delgado.
Pasaban los días entonces desde la salida del Burrito del equipo y Bielsa no lograba dar con el jugador que pudiera realizar esa función. Buscaba y buscaba el entrenador pero nada. El hombre no aparecía. Por eso sorprendió el técnico. Porque se jugó por un nombre no clásico. Uno de esos que no salía instantáneamente cada vez que hay que nombrar un delantero. Aparecían Crespo, Saviola, Tevez, Cruz, Claudio López, Galletti, Cavenaghi, Diego Milito, hasta Marcelo Delgado… pero no César. No el Chelito.
Es que, para Bielsa, Ortega fue siempre clave por ocupar una de las bandas del ataque. Y el DT busca concentrar el juego de sus equipos por los costados. Siempre. Ortega, además, fue una permanente debilidad del entrenador. De hecho fue —junto a Claudio Husain— el único jugador que llevó al Mundial de Corea-Japón 2002, que jugaba en el fútbol argentino (en River).
Ahora bien: ¿Hasta dónde se parecen Ortega y Delgado? En la posición en la cancha y en la función dentro del equipo se asemejan. Y en el juego, hay similitudes también. Igual, Ortega es más individual y Delgado, al menos en estos tres partidos seleccionados, todavía no suele resolver por sí solo —vale exceptuar el gol ante Venezuela— las jugadas. Delgado desborda y tira el centro casi de primera y Ortega engancha al menos una vez y recién ahí manda la pelota al área.
Pero la esencia es la misma. El arranque de los dos es electrizante. El quiebre de cintura provoca dolores de cabeza por igual en cualquier defensor de turno que debe marcarlos. La velocidad inquieta en uno y otro. La explosión de su gambeta invita a soñar. Y ninguno de los dos es goleador—goleador…
Claro que para redondear la historia y para darle más fuerza aun a la idea de que César Delgado puede ser el nuevo Ariel Ortega, cabe recordar que ese pibe que una vez recibió la camiseta de su ídolo (ver “El es mi ídolo…), vivió un momento de ensueño cuando en su primera convocatoria a la Selección y en la previa a la partida hacia Italia para jugar ante Uruguay en agosto pasado compartió habitación con el Burrito. “Fue un momento bárbaro. Yo ya lo conocía de haber jugado en contra. Pero ahí le conté que era mi ídolo. Un grande el Burro. No podía creer lo que le estaba contando”, detalla desde México.
Pura gambeta es la historia de los dos. De uno, Ariel Ortega, un jugador ya hecho que anda en la mala por líos de escritorio con el Fenerbahce. Y de otro, César Delgado, que es el tapado de esta Selección argentina que arrancó las Eliminatorias. Pero, sobre todo, de un puesto que no tenía solución y al que Bielsa le encontró la vuelta con una jugada fuerte. Una suya. Un acierto que corrió contra la opinión del resto.
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