Delia Pasini: “Borges alguna vez dijo: Oscar Wilde renace, porque siempre tiene razón”.
Usted que al realizar la traducción del “teatro completo de Oscar Wilde” estudió en profundidad la dramaturgia del escritor Irlandés ¿Podría explicarnos que características particulares tiene el teatro de Oscar Wilde que lo diferencian de otros dramaturgos y lo hacen tan importante para la historia del teatro universal?
Yo creo que siempre cuando uno traduce un autor, se tiene que compenetrar no sólo del texto que esta traduciendo sino de todo lo que rodea a esa obra, la época, la atmósfera, la personalidad del autor, si es posible leer la obra completa, todos estos requisitos son necesarios para hacer literatura clásica. No estamos hablando de un bestseller o de un artículo periodístico, para mi traducir literatura clásica es algo muy serio, es un arte.
Cuando me propusieron traducir el “teatro completo de Oscar Wilde” yo tenía un prejuicio. Me parecía que Oscar Wilde era de réplica fácil, ingenioso pero que no tenía la suficiente profundidad si lo comparabas con otros dramaturgos, por ejemplo con Henrik Ibsen, que era uno de sus contemporáneos. Yo creía que Oscar Wilde carecía de drama, pero ese era un prejuicio que yo tenía. Y cuando comencé a estudiarlo me di cuenta de que era todo lo contrario, que su estilo era el de “lámparas rosas”, como el solía llamarlo. Es decir absolutamente carente de melodrama, como si fuera un vodevil, una comedia de enredos. Pero en aquellas comedias de living había una denuncia enorme a la hipocresía de la época. Y sobretodo que la denuncia estaba hecha desde la mirada de un irlandés. No nos olvidemos que en aquel momento los irlandeses eran de segunda, si bien Wilde no era un irlandés pobre, de todas maneras eran ciudadanos de segunda.
Esta sería una característica: denuncia la moral victoriana, pero como la denuncia, ¿desde lo patético? No, lo denuncia desde la ironía. Entonces el lo que hace es usar la ironía como arma. Y su aguda observación, le permitía desnudar los tics de la aristocracia y mostrarse como un espejo de los prejuicios de la sociedad victoriana.
Y uno se pregunta, ¿porque esto no cae, porque sigue vigente? Porque si fuera por la réplica fácil, por la agudeza y por el ingenio, uno diría, ya no estamos en la época victoriana, estamos en argentina 2005, ¿Por qué gusta el teatro de Oscar Wilde hoy? Y gusta porque, es un teatro donde los personajes tienen encarnadura, porque son personajes que trascienden sus circunstancias, y al día de hoy uno ve un hombre, una mujer, con sus ridiculeces, con sus esnobismos, con sus marcas de clases, con sus tonterías y al mismo tiempo su vulnerabilidad y los relaciona con los personajes del dramaturgo. Borges alguna vez dijo: “Oscar Wilde renace, porque siempre tiene razón”.
A pesar de estas críticas sociales que realizaba Oscar Wilde en sus obras de teatro, que usted señalaba, el escritor tuvo una gran popularidad en la Inglaterra Victoriana y en los Estados Unidos. ¿Cómo se explica este éxito de su obra durante la vida del escritor?
Su éxito era enorme, hasta el príncipe de Gales fue a la representación de “Un marido ideal” y lo aplaudían de pie. Y el se permitía tomarles el pelo hasta último momento. Pero fíjense que más allá de todo, de pronto la sociedad necesita que alguien les muestre los defectos, las taras, porque de alguna manera es una posibilidad de reconocerse en el otro. Entonces yo creo que como la burla no era mordaz, era irónica y además el era un personaje muy difícil de atrapar porque no era un bufón, era muy complicado que una sociedad dejara de admirar a un hombre así.
Sin embargo pese a toda la admiración que despertó, fue la misma sociedad la que lo condenó.
A mi me gusta mucho y yo les recomiendo si quieren leerlo, un ensayo de James Joyce, donde el gran novelista irlandés reflexiona acerca de porque el escarnio público una vez que cayó. Porque a Oscar Wilde se le podía permitir todo, aún los excesos, pero el ataca a un aristócrata. Este aristócrata era el padre de Alfred Douglas, un mediocre, pero un aristócrata inglés al fin. Entonces esto la sociedad lo ve muy mal, porque ya no es reírse en general de los tics, del esnobismo, de los prejuicios, porque además lo hacía con ternura. Esta situación es distinta, porque Oscar Wilde va a la justicia. Pone la cabeza en el cepo por amor a este muchachito, que era un canalla. El enfrenta a toda la sociedad victoriana pero ya no desde un escenario sino desde la justicia. Entonces le embargan todo, lo convierten en una víctima propiciatoria. Su familia tiene que cambiarse el apellido para esquivar la burla social.
Un detalle muy interesante que no deberíamos dejar afuera del análisis es la provocación de Oscar Wilde durante el proceso judicial. Por ejemplo, en un momento del juicio le preguntan donde queda la cámara de los comunes y el responde al lado de los burdeles de Londres. Los provoca todo el tiempo, inclusive va a declarar en carrozas, con caballos con penachos, con lacayos empolvados, todos estos detalles lo cuenta maravillosamente Joyce. Entonces ante este desafió, que mejor cosa que mostrarle a la multitud agolpada en las calles que ese mascaron de proa se cae, se derrumba.
Si tendrías que elegir alguna de las obras dramáticas más representativa del teatro de Oscar Wilde ¿Con cual te quedarías y por que?
La obra que más me gusta de Wilde y que me gustaría verla representada en un teatro oficial en argentina, porque hace mucho que no se pone en escena, es “El abanico de lady Windermere”. Una obra que trata de un problemática que hoy por suerte va desapareciendo. Cuenta la historia de una mujer que por amor se va de su casa y abandona a una hija, y luego vuelve arrepentida y por vergüenza no le cuenta su verdadera identidad. Toda la sociedad cree que es una mujer de vida ligera, la hija la repudia y ella prefiere no decirle que es su verdadera madre. Esta obra que parece así contada muy melodramática, habría que aclarar que tiene una dosis importante de humor y esta trabajada con mucha elegancia en escena. “El abanico de lady Windermere” trata de una manera muy interesante el desprecio a la mujer que pierde su marido y circula sólo por el mundo, recuerden que es una obra de fines siglo XIX, y el drama que significa el renunciamiento heroico de una madre por amor a su hija.
Este contenido no está abierto a comentarios

