DENUNCIAN DEFICIENCIAS ELÉCTRICAS Y FALTA DE AGUA EN ESCUELA ROSARINA
Hacia cualquier lado que se mire, se verán los minúsculos balcones del Fonavi, atestados de ropa recién colgada, o sus medianeras. Porque la Escuela Nº 1.356 Machaca Güemes se encuentra en el corazón de esa manzana de la zona oeste, rodeada por las calles Teniente Agneta, Pedro Lino Funes, Riobamba y Cerrito. A la escuela se puede acceder por cualquiera de las cuatro calles, aunque su entrada oficial está por Cerrito, a la altura del 5600. Allí concurren 400 chicos de la zona, a los tres niveles de Educación General Básica (EGB), y también al comedor escolar. No obstante, la comunidad educativa decidió dar a conocer los problemas de infraestructura que tiene el establecimiento, denunciados originalmente en 1998, cuando la escuela cumplía cinco años de actividad.
“El principal problema es que aquí faltan las puertas y las ventanas; no sólo los vidrios, porque eso se lo solicitamos al FAE (Fondo de Asistencia Educativa) y los repone. Acá se llevan los marcos. Ya los recuperamos una vez, pero los volvieron a robar”, comentó la maestra Silvia Rodríguez. La carencia de aberturas hizo que se colase el frío en su salón del primer piso; finalmente, Silvia decidió mudarse junto a sus alumnos a la biblioteca de la planta baja.
A eso se le suman las malas condiciones de las instalaciones eléctricas y la carencia de agua potable en el establecimiento. Además, hace poco saquearon el taller de Tecnologías, donde había herramientas para carpintería y herrería. A esto se le suma la necesidad de crear cargos no docentes, que hasta ahora se suple con la tarea que realizan beneficiarios y beneficiarias de planes sociales.
ACTA ACUERDO
Con todos estos reclamos en mano, los directivos firmaron un acta acuerdo, suscrita por la jefa de supervisores del Ministerio de Educación de la provincia, Vilma Oyarzábal, donde el Estado se compromete a revisar la situación edilicia de la escuela. No obstante, los maestros aclararon: “Los reclamos no son nuevos, nos hemos manejado siempre por la vía legal y el Ministerio sabe lo que pasa aquí y en otras escuelas periféricas, pero no hemos tenido una respuesta satisfactoria y queremos que las cosas se hagan de una vez”.
“A los docentes nos machacan que no queremos dar clases, pero eso no es cierto porque aquí estamos cada día. Nuestro reclamo como trabajadores no sólo tiene que ver con mejoras salariales, sino además con que se garanticen condiciones mínimas de infraestructura y una buena calidad educativa para todos, vivan en el centro o en los barrios. Eso no puede depender sólo de los maestros sino que debe ser un esfuerzo en conjunto con el Estado”, sostuvo Alberto Bellardinelli, docente de Lengua de la escuela Macacha Güemes.
Por otra parte, la maestra Silvia apuntó que “muchos de los chicos que vienen acá tienen problemas de aprendizaje o de salud”. De hecho, uno de sus alumnos es hipoacúsico, pero no tiene los recursos suficientes para movilizarse hacia otra escuela más acorde a sus necesidades.
“Los maestros no sólo damos clase sino que también damos ayuda en cuestiones que exceden lo pedagógico. Sin embargo, tenemos un promedio de 30 alumnos por aula, y en situaciones conflictivas como las que traen los chicos es difícil garantizar una buena atención para todos”, agregó.
El maestro Alberto apuntó al contexto de violencia en que se desenvuelve la cotidianidad de esta escuela pero advirtió que “lo violento no pasa sólo por los vidrios rotos, o los chicos que roban”. “Es obvio que, con los problemas que no han resuelto los últimos gobiernos, va a haber violencia escolar; porque hay violencia social, contra los trabajadores y contras las familias al no haber políticas que atiendan sus necesidades ¿Qué hacen ellos, los funcionarios? Un cursito para estudiar las causas de la violencia escolar, pero mientras tanto el problema lo resuelven los maestros como pueden”, lamentó el docente.
CENTRO Y PERIFERIA
El equipo de investigación sobre condiciones de trabajo de Amsafé realiza un relevamiento sobre unas 110 escuelas de Rosario, donde al menos la mitad tiene graves problemas edilicios. “A veces esta situación se marca como ausencia del Estado, pero en realidad es una presencia que amplía la brecha de desigualdad educativa”, afirmó Paula Nardini. “Esta cuestión que aparece con las escuelas de la periferia, donde cada cooperadora tiene que resolver sus refacciones, los cargos, su material pedagógico, tiene que ver en realidad con un modelo que no garantiza las mínimas condiciones de aprendizaje y que lo que hace es aumentar la desigualdad”, agregó.
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