DENUNCIAN SERIAS FALENCIAS EN BARRIO RECIENTEMENTE INAUGURADO
El pasado 27 de julio se inauguraron en las inmediaciones de la avenida Peñaloza al 10200, 300 viviendas para afectados por la emergencia hídrica de 2003.
En aquella oportunidad, las autoridades provinciales que estuvieron presentes en el acto inaugural explicaron que las unidades habitacionales de dos dormitorios habían sido construidas para empleados públicos que sufrieron la inundación mediante el compromiso de pago de una cuota de $190 por mes y durante 30 años.
Sin embargo, a un mes de haber sido habitadas por sus adjudicatarios, una serie de reclamos comenzó a tener lugar. Entre ellos: la ausencia de colectivos que ingresen al barrio; de escuelas que alberguen nuevos alumnos; y de un dispensario cerca ya que el Hospital Mira y López es lo más próximo y está a 4 km.
“Recibimos casas que no tienen piso, suficientes enchufes, bidé ni tapiales que delimiten los patios. Como si eso fuera poco las calles no tienen asfalto, están poco iluminadas y la escuela N° 48 no quiere recibir a nuestros hijos porque argumenta que no tiene aulas; lo que implica que los mandemos a las que ya asistían y estemos obligados a un presupuesto mensual destinado a transportes escolares”, dijo Daniela.
A las 12 del mediodía fue la convocatoria que reunió a más de 25 vecinos del nuevo barrio. Es que, tal como expresaron a El Litoral, sienten que el gobierno les entregó la llave, los aisló de todo tipo de beneficios y “construyó un pueblo fantasma”.
“Desde mi casa a la parada del colectivo tengo que caminar 27 cuadras, que es lo mismo que decir que pierdo exactamente dos horas si tengo la suerte de no tener que esperarlo. O sea que si entro a trabajar a las 7 estamos hablando de que me tengo que levantar a las 4 de la mañana”, contó un joven de 19 años.
Entre las falencias, los habitantes señalaron también que todas las viviendas abren con la misma llave; que el recolector de residuos pasa sólo tres veces por semana y son los carros los que por unas monedas les llevan la basura; que la comisaría de la zona no da abasto; y que hay diferencias entre las cuotas mensuales de los tres planes construidos ya que algunos deberán abonar $190 pero otros $165 y $130. Además, señalaron sentirle un gusto raro al agua y, por ello, buscaron otras formas para proveerse de ella.
“Desde Assa, cuando hicimos el reclamo, nos dijeron que era agua corriente pero… es de pozo y supuestamente purificada. Lo peor es que pronto nos van a empezar a llegar las boletas de un servicio que no nos dan”, dijo Daniela. Y agregó que muchos traen agua de otros barrios en bidones repletos.
“Se olvidaron de nosotros”
De acuerdo a lo relatado por los vecinos, fue en el día de la inauguración que tuvieron acceso por primera vez a las viviendas y descubrieron que al nuevo barrio le faltaban cuestiones fundamentales vinculadas a la urbanización que esperaban.
Por ello, que “el gobernador lo recorra para que vea las condiciones en las que se vive” y que “reconozca el aislamiento de gente que construyó” fueron las frases más escuchadas en la recorrida realizada. Asimismo manifestaron sentirse olvidados y, aunque no están arrepentidos del cambio ya que pudieron acceder a la casa propia, defraudados.
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