DENUNCIAN VIOLENTO DESALOJO POLICIAL
Un coro de indignados vecinos de Lamadrid al 1700 denunció ayer que policías de la comisaría 21ª y el Comando Radioeléctrico desalojaron con violencia a una familia con siete chicos que acababa de ocupar una casa abandonada en esa cuadra, aparentemente sin orden judicial. Según el relato pormenorizado y unánime de los testigos, hubo golpes y heridas hasta para un chico de 15 años, una nena de 13 y un bebé de poco más de uno, que lloraba aterrorizado en brazos de su padre, Gustavo Rojas, de 36.
Toda la familia terminó detenida, aunque en la seccional, donde también llegó La Capital para conocer el estado de salud de los desalojados, no hubo nadie dispuesto a dar una versión oficial de los hechos y se limitaron a derivar la requisitoria periodística a Prensa de Jefatura. Sin embargo, tampoco de allí salió ningún parte oficial.
Cerca de las 14 de ayer, los vecinos de la casa de Lamadrid 1743 fueron testigos de una escena de desalojo más que violenta. La casa, vacía desde hacía años, con yuyos y basura en lo que supo ser un pequeño jardín al frente, había sido ocupada anteanoche por la familia Rojas, integrada por el padre, la madre y siete chicos cuyas edades van de los 15 años a los 7 meses.
Dos de los menores, sobrinos de Rojas, estaban con la pareja porque su mamá está cuidando a otro hijito internado.
Fueron los vecinos, después de presenciar el desalojo, quienes llamaron al diario desesperados. El relato fue unánime: el procedimiento policial (a cuyo frente estaba, según los testimonios del barrio, un agente de apellido Aranda) había sido brutal con el padre de la familia y con varios de los chicos.
Al pibe de 15 años lo “arrastraron de los pelos y lo golpearon contra el móvil policial 1953” (que luego, efectivamente, se encontraba estacionado en la puerta de la comisaría 21ª). A la nena de 13 la “estamparon de un golpe contra la pared, partiéndole la boca”, y a un bebé de un año, que estaba en brazos de su papá, también “lo lastimaron de un golpe en los labios”. Al hombre lo “molieron a palos” con un baritón y lo arrastraron esposado hasta la camioneta policial.
Sin trabajo
Los Rojas estaban viviendo “en una sola pieza” con la familia de un hermano de Gustavo, pero antenoche decidieron forzar la cerradura de la vivienda desocupada. La intención, según aseguraron amigos y familiares, era tener un techo hasta que alguno de los mayores consiguiera trabajo. Apenas ocuparon la casa y empezaron a limpiarla, un vecino alertó a supuestos familiares de la propietaria y éstos llamaron a la policía.
El hecho fue admitido poco después del desalojo por un hombre que, sin abrir la puerta, se presentó sólo como “esposo de la hija de la dueña” y no quiso dar su nombre. “¿No entiende? Acá nos violentaron la cerradura y ahora estamos muy mal, atrincherados”, dijo el hombre, mientras a su lado una mujer se negó a seguir con el diálogo. Antes, sin embargo, la voz masculina dijo desconocer si existía alguna orden de un juez, algo que los vecinos negaron reiteradamente.
Todo fue muy raro. Aparte del violento operativo sin presencia judicial que incluyó agresiones a menores y terminó desalojando una casa usurpada apenas unas horas antes, también hubo versiones extrañas sobre la vivienda: los vecinos aseguran que hace años en el lugar se practicaban abortos y que su titular está prófuga en Catamarca. Sin embargo, quienes ayer se reivindicaron desde adentro como dueños afirmaron que “la sucesión está terminada”.
Después de chequear con distintas fuentes del barrio la violencia del episodio -efectivamente, el vecindario se mostraba alterado-, La Capital se dirigió a la comisaría 21ª (Arijón al 2300) para escuchar la versión policial. Sin embargo, un efectivo se negó tajantemente a brindar información. “Vaya a pedirla a Prensa de Jefatura, desde acá no vamos a decir nada”, se atajó el agente cuando este diario preguntó si la familia Rojas y todos los niños seguían en la seccional.
Más allá del silencio policial, al fondo de la comisaría se podía observar una escena elocuente: dos chiquitos sentados en el piso, acurrucaditos contra la pared, y a su lado, en un banco, más chicos y una mujer con un bebé dormido sobre las rodillas. Si no eran parte de la familia Rojas, se les perecían bastante.
A pocas cuadras de allí, en la Jefatura de la Unidad Regional II, el trato fue más amable, pero a los efectos periodísticos igualmente infructuoso: Prensa no tenía un parte sobre el episodio. Más tarde, al consultar en off a otra fuente policial, la frase resultó elocuente. “Nooo… se mandaron un chiquero…”.
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