Derecho a réplica para Pablo Benito
En un encuentro casual con el periodista Pablo Benito, me reprochó haber mentido en la nota publicada bajo mi firma el 29 de agosto , y me cuestionó haber abordado un asunto privado. Mi respuesta a su reproche estuvo estrictamente vinculada a mis fuentes documentales, y a mi convicción de que un asunto de presunta violencia de género no debe revestir esa calidad, ya que lo entiendo de interés público.
Sin embargo reconoceré un error, y debo admitirle su reclamo: no escuché su versión de los hechos revelando de este modo un defecto (no menor) en aquella nota, entiendo justo y equilibrado, ofrecerle el espacio para que lo haga. En el mismo lugar y en los mismos espacios donde fue publicada mi opinión.
No intento con esto eludir, si cupieran, mis responsabilidades profesionales, ni rectificar lo publicado en su oportunidad. Eso si: intento proveer equilibrio donde no lo hubo, y hacer lo que no siempre hacemos en nuestra profesión: reconocer errores, y si caben, enmendarlos. Coni Cherep
Aquí el texto completo de la Nota enviada a esta redacción por Pablo Benito:
Ni una menos, ni uno menos. ¡Con los chicos no!
“…habla sin odio y sin miedo; di lo que sepas”, Joseph Proudhon (filosofo político y revolucionario anarquista francés)
A principios de setiembre de este año, Osvaldo Cherep, tuvo su “semana de furia” que descargó contra mi persona, mi nombre, imagen e intimidad. Lo hizo con una batería de insultos que desplegó con violencia y ensañamiento, sin privarse (abstenerse) de mezclar cuestiones familiares con acusaciones falsas relacionadas a mi profesión “políticas”, llamándome: “cretino”, “sinvergüenza”, “siniestro”, “corrupto”, “extorsionador”, “cobarde”, etc. La descripción, aparecía risueña y descabellada, y me pintaba como una especie de monstruo deforme de innumerables cabezas con un poder satánico y la habilidad de transformar en sapos y calabazas a todo aquel que se cruzara.
Hace unos pocos días, en la vía pública, me tropecé con el autor de esas notas y protagonizamos una vergüenza a medias, gracias a la intervención de un colega que amortiguó el choque.
Vaya a saber por qué el encuentro ocurrió, quizás; porque debía ocurrir. Supe entonces, en casi tres horas de discusión primero y charla después que mi ex pareja y madre de mi hijo, con quien no tengo relación desde hace ya dos años, había relatado ante Osvaldo Cherep una serie de hechos, con el objeto de que el periodista los hiciera públicos y así tener alguna incidencia sobre el proceso de Tenencia en curso.
Los abogados: Abel, Nahuel y Aureliano Bay, facilitaron fotocopias del expediente aludido al periodista, violando el carácter reservado que revisten las actuaciones judiciales en los tribunales de familia. El abogado Bay, de quien publiqué su procesamiento firme por violencia de género contra una clienta (ver http://www.periodismosalvaje.com.ar/2015/05/bay-abogado-de-familia-procesado-por-privacion-de-libertad-a-una-cliente/) es el abogado defensor de los acusados por abuso sexual de un niño de la ciudad de Esperanza (caso: “Baraldo”), quien habría sido ultrajado por sus abuelos y su tío. Días atrás el mismo abogado, en plena audiencia, amenazó a la madre del niño víctima de violación y a la fiscal penal Dra. Clelia Trossero (quien denunció al Dr. Bay) apuntando con el dedo a la funcionaria simulando dispararle con un revólver. (ver http://www.lt10digital.com.ar/noticia/idnot/244460/prisionpreventivaparaeltiodelchicoabusadoenesperanza.html )
Resulta así que cuando la vida, causal y no casualmente, encuentra al resentimiento violento de unos con el servicio profesional de representantes legales inescrupulosos y ambos se sientan frente a un colega “enemigo”, crédulo, dispuesto a comprar y vender lo que le dicen, lo que se obtiene es una fábula encarnizada pero con efectos dañosos reales y no de ficción.
Del encuentro, o encontronazo, con el colega, surgió la posibilidad de escribir estas líneas. Acepto el ofrecimiento de Cherep, no para revertir un daño que ya está hecho y consumado sino porque creo que puede servir de algo el intento de desmenuzar la razón por la que alguien puede mentir, otro creer, uno más pergeñar y un grupo de personas aplaudir sin más (y sin menos), sin reparar en la gravedad de las afirmaciones
Más allá de las motivaciones que esgrimió Cherep las cuales lo llevaron a descargar su tensión acumulada sobre mi persona, el título de su nota fue: “El periodismo siniestro y violento”, por lo que el relevamiento de pruebas, por confesión, se agota en las primeras palabras de su “nota”. Poco importaba si las afirmaciones de cuestiones privadas, ajenas, eran o no ciertas, el propósito manifiesto fue atacar el trabajo de periodista y la trayectoria de dos décadas de quien suscribe. De no ser esa la intención, fue lo que logró “impecablemente”.
Cómo se fue construyendo el relato que describía al monstruo que se come los chicos crudos, puede servir y mucho. Cherep me confiesa que una ex pareja mía y madre de mi hijo, Maria Andrea Sosa, mantiene varios encuentros con él (no con otro periodista, claro está) y llorando le cuenta una serie de atrocidades y hechos de los que había sido víctima hace dos años, siendo su victimario el “siniestro y violento periodista” que suscribe. Osvaldo Cherep, se frota las manos, graba el testimonio de la mujer “golpeada”, y de espaldas, como para reproducirlo en su programa de TV y así Osvaldo Cherep sale a pegar. Me explicará Cherep que en posteriores encuentros y ante su percepción de ciertas contradicciones en su fuente “periodística”, pregunta a la mujer si sufría alguna alteración psicológica, reconociéndole está que era paciente psiquiátrica. Osvaldo “Coni” Cherep decide frenar la “investigación”, pero todo queda como está y donde está.
Es aquí donde me voy a detener en lo que creo, puede servir de toda esta gran estupidez dañosa y tiene que ver con una realidad que se está viviendo en la justicia tanto Penal como de Familia y que padecemos muchos varones cuando hay hijos de por medio, y que soportamos una extorsión sistemática en la que los niños son utilizados como botín de guerra contra aquellos progenitores que pretendemos ejercer la paternidad de forma íntegra y no acogernos a los restrictivos “Regímenes de Visita” ni dejarnos vencer por la impotencia y “borrarnos”. En nuestro país hay cientos de padres que sufrimos esto, he conocido políticos, jueces (incluso de Familia), personas con algún grado de exposición pública que son amenazados por sus ex parejas con el escándalo público, llegando en muchos casos a denunciarlos por abuso infantil aún en grave perjuicio de sus propios hijos. La sola denuncia motoriza un proceso judicial y en el caso de la violencia doméstica no existe la falsa denuncia ni el debido proceso para el presunto acusado. Se libran medidas autosatisfactivas sin más y hay denunciantes que se pasean con esa orden del juez por el entorno social del denunciado y la diferencia entre denuncia, proceso y condena es inexistente socialmente sobre todo en una sociedad en la que la intromisión perversa en la vida privada es el morbo que más vende y que ha cruzado nuestra cultura exaltando las miserias hasta niveles impensados tal como lo vemos a diario en los medios masivos nacionales y en los locales, este ejemplo insuperable de Osvaldo Cherep, a quien le creo su arrepentimiento aunque sea irrelevante.
Esto debe decirse de esta manera porque no existe otra posibilidad. La violencia no tiene género, el resentimiento, el despecho y la estupidez tampoco.
¿Debe retrocederse institucionalmente en la implementación de las medidas legales para proteger a las mujeres de la violencia de género? Pues NO, personalmente creo que son necesarias todas y cada una de las manifestaciones que pretenden erradicar nuestra cultura machista, pero creo también que debemos reconocer lo que está ocurriendo y es que el machismo pertenece a la sociedad, no al género masculino. Una mujer que utiliza las estadísticas de femicidios y el sufrimiento de miles de mujeres para escudar su resentimiento hacia los varones, el varón con el que se frustró en un proyecto en común, es una mujer machista, es una mujer violenta o para que mejor se entienda, es una persona machista y violenta.
Uno, es el cien por ciento de la estadística en su vida privada, pero hay que hacer el esfuerzo para comprender que no lo es de la vida social. Dar el nombre de la mujer que se sienta frente a un periodista o político que odia a su ex pareja para contarle como es, con quien se ve, con quien no, como duerme, como despierta, si tiene recursos o es un pobre infeliz, es puesto en duda por nuestro machismo, como si debiésemos proteger a las mujeres, aún en la comisión de las más despreciables conductas en las que se involucran utilizando a los propios hijos.
No es valentía soportar lo intolerable, sería una actitud machista. Por eso en esta oportunidad y por entender que puede ser socialmente útil es que apelo a la decisión de exigir que cada quien asuma la responsabilidad de los propios actos y no esconderse detrás del anonimato y la denuncia extorsiva.
Reconozco a varones cercanos que tiran la piedra, sacan pecho y alegan indignación como pose que bien aparenta ante el estado de sospecha de ser tildado como un violento por el solo hecho de ser varón. El riesgo de mala interpretación en estas palabras, estoy seguro, es un riesgo útil de correr.
Entiendo que nuestra sociedad se debe un debate sobre el ejercicio de la parentalidad y como es hoy la paternidad. Cuando se discute públicamente sobre el aborto, por ejemplo, podemos ver, sin ser sociólogos, la ausencia de la paternidad en el debate. Las instituciones dicen lo suyo, pero el varón como padre no dice nada como tal. Interviene como miembro o parte de una idea, ideología o religión, pero nunca en su carácter de progenitor.
Un padre ausente, un padre que huye, un padre que calla o deja solo a su hijo, no es cuestionado. No hay ley ni convención social que le exija ser buen padre. Ahora, cuando un padre pelea por su derecho y por el de sus hijos a tener un padre y no se da por vencido, entonces está expuesto a todo tipo de violencia y consecuencias personales, laborales y a sufrir su impotencia en soledad. Y son las propias familias con varones y mujeres, niños y ancianos los que sufren y soportan las patologías de los implicados.
El discurso social para estas y otras cuestiones se ha judicializado en sus formas y diatribas: “¡Nos vemos en Tribunales!”, “te voy a hacer meter preso”, “no vas a poder ver nunca más a tus hijos”, etc., son expresiones tan egoístas como tristemente habituales en los conflictos de familia, de un tiempo a esta parte, pero cuando se apaga la luz, nuestra cabeza se apoya en la almohada y el odio abandona de motivos a esta finita existencia, nos quedamos solitos e indefensos ante nuestra propia miseria. En esos momentos, no hay juez, ni representante legal que determine lo que corresponde a la propia existencia. Tribunales y fiscalías repletos de expedientes absurdos que ocupan el lugar de los relevantes y conflictos personales vacíos de la más mínima humanidad, no es negocio para la sociedad y es un golpe mortal a la evolución cultural que se congela en la pose y la hipocresía.
Por último no puedo agradecer a Coni por esta grandeza de abrirse, tarde a la posibilidad del error. El lector sabrá poner en valor su actitud, mas no sería sincero hacerlo yo, aún con el dolor a flor de piel por su lamentable decisión de dejarse llevar por una supuesta “rivalidad”. No menos cierto es que, como periodista, seguramente yo también, en tantos años, he cruzado la raya narcotizado por el interés personal. Osvaldo Cherep, sostiene que lo he hecho con él y puede ser, yo no lo creo así. Al menos no en la medida de justificar semejante ensañamiento hacia mi persona.
Que estas palabras estén dichas es como un gol sobre el final de un primer tiempo con un partido que se pierde por goleada. Al menos, nos vamos al descanso con la ilusión de que no todo está perdido. Falta un tiempo, falta tiempo y mientras exista media chance, hay que pelearla. Es que no podemos regalarle el triunfo al odio y a la tontería que, encima, juegan en nuestro propio equipo.
Corifeo: ¿Entonces a tus hijos, mujer, vas a lastimar?
Medea: Sí, porque es lo que más dolerá a mi marido.
Fragmento de “La Pasión de Medea”, tragedia griega de Euripides (480 a 406 a.c.) que diera nombre al Síndrome de Medea que padecen madres donde debe incluirse no sólo el abandono y el daño físico, sino también las agresiones psicofísicas o afectivo-emocionales o el daño social, económico e que puedan recibir, de su parte, los hijos de padres separados.
Gracias por leer.
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