DESAFÍO PARA EL TRABAJO DE LOS NIÑOS QUE VIVEN EN LA CALLE
“Trabajar es cosa de grandes. No al trabajo infantil”, se lee en carteles colocados en los pasillos que llevan al despacho de la directora del Menor, la Mujer y la Familia (en Promoción Comunitaria), Graciela Martinet.
Sin embargo, las esquinas de la ciudad de Santa Fe cobijan a cientos de niños que en busca de unas monedas limpian vidrios de autos, hacen malabares en los semáforos o simplemente mendigan poniendo en riesgo su vida.
La funcionaria reconoció que son alrededor de 120 los chicos en situación de calle en toda la ciudad y destacó el trabajo silencioso que realizan los Centros de Acción Familiar (CAF) y las organizaciones de la sociedad civil subvencionadas por el Estado, que actualmente trabajan con 2.500 y 3.000 chicos respectivamente, en toda la provincia.
En relación con esto citó una investigación que realizó la Facultad de Derecho de la Universidad Católica, en la cual cruzaron datos de chicos que habían concurrido a los CAF con los de juzgados de Menores, y ninguno estaba dentro del circuito del delito.
De todos modos, se ha presentado un nuevo desafío para las instituciones y organismos oficiales que trabajan con estos niños, que reclaman a gritos una solución: “Los chicos de ahora no son los mismos de hace cinco años”, afirmó Martinet. Con esto se refiere a que antes no existían los niveles de violencia ni de adicción en niños tan pequeños como ahora, “por lo que nos vemos obligados a encontrar lugares en instituciones para menores de 8 años con problemas de adicciones graves, cuando en realidad reciben a partir de los 15, que es la franja etaria que tradicionalmente estaba en el consumo”.
Tampoco eran frecuentes los casos de menores en conflicto con la ley. La repartición oficial que se dedica a esto contiene a los chicos que están en el circuito delictivo a partir de los 14 años, “cuando nosotros ya tenemos pequeños de 8 y 10 años”, enfatizó.
FRANJA ETARIA AL MARGEN
Como están las cosas, la franja etaria que va desde los 8 hasta los 14 es una de las más desprotegidas. “La primera infancia está cubierta a través de los CAF, organizaciones de salud, prestaciones alimentarias, etc., pero queda al margen el grupo de entre 8 y 14 años, que pensamos que está cubierta por la educación (la única política universal que existe para la infancia), cuando en realidad el problema que tenemos es el gran índice de abandono y deserción escolar”.
Por eso, hace unas semanas se reunieron en la Secretaría de Estado de Promoción Comunitaria todas las organizaciones que trabajan con chicos en situación de calle y tienen convenio con la repartición para empezar a discutir nuevas políticas de acción.
“Tenemos que empezar a modificar los criterios de ingreso a las instituciones, porque ya no podemos ajustarnos más al perfil que tenemos hoy. Es todo un desafío y estamos abocados a encontrar nuevos espacios, otras respuestas, nuevas formas de trabajo y de intervenir”, aseguró la funcionaria.
Los 120 chicos que vagan por las calles, contabilizados por la Dirección, mantienen relación con el Centro de Acción del Menor y la Comunidad (Camco), el Hogar Juan Diego y el Centro de Día Ciame.
“Buscamos trabajar con los grupos familiares para ver qué opciones tenemos con ellos, pero el problema es que las familias de los chicos que están en la calle tienen un alto grado de disolución. Muchas veces, están huyendo de la violencia de sus casas, entonces no hay posibilidad de abordaje familiar porque los conflictos son tantos que no queda otra que hacer una intervención sólo con el chico”, dijo la directora.
En cuanto a la realidad de los pequeños, por lo general “hay consumo de drogas, como pegamentos o porros; son drogas de muy baja calidad por lo que las consecuencias físicas son devastadoras. Sus reacciones suelen ser muy violentas, porque es la forma que aprendieron de relacionarse con el otro”.
UNA MIRADA AL COSTADO
Cuando en un semáforo un niño intenta limpiar un vidrio a cambio de una moneda, no siempre recibe la mejor respuesta. A muchos les resulta más fácil decir que no y mirar para otro lado.
Con esta misma indiferencia se encuentra la Dirección cuando busca respuestas concretas en la comunidad.
“Antes, ante un niño que debía ser alejado de su núcleo familiar, contábamos con el entramado comunitario y barrial que permitía que la abuela, la comadre, la madrina, el vecino, alguien, se hiciera cargo del chico. En este momento este entramado social está tan roto que no se encuentra ni en la familia extensa ni en la comunidad, familias que quieran hacerse cargo de estos chicos. La demanda social es: hagan algo, pero ustedes; nunca la respuesta es qué puedo hacer yo con mi familia”.
Y recordó épocas en que para las fiestas de fin de año no quedaban niños en los hogares de internación, porque siempre había familias que los recibían. “Desde hace varios años esto ha dejado de pasar”.
FAMILIAS SUSTITUTAS
Un programa en el que va a poner énfasis la gestión de Graciela Martinet es el de Familias Sustitutas o Guardias Judiciales, mediante el cual las familias interesadas en albergar niños pueden anotarse en un registro. De ser seleccionados reciben un monto simbólico de $180 mientras tengan el niño a su cargo.
CHICOS CON HIV
Una nueva problemática que ha empezado a presentarse y preocupa a los organismos que trabajan con menores es la de los chicos enfermos o portadores de HIV que están quedando huérfanos porque los padres han muerto a causa de esa enfermedad y no tienen donde ser alojados. “Es una tendencia que observamos con preocupación porque va en aumento y exige nuevos criterios de organización”, aseguró Graciela Martinet.
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