DESALOJARON EN BAR BRITÁNICO
El Bar Británico ya está vacío. Esta mañana, sus ex inquilinos, tres socios gallegos, acataron la orden judicial de desalojo y desocuparon el emblemático café de San Telmo.
El desalojo había sido dispuesto por el juzgado civil 107. Se llevó a cabo bajo la vigilancia de policías de la comisaría 14 y en medio de la tristeza de un grupo de vecinos y clientes del tradicional café, quienes durante los últimos meses realizaron diferentes actividades para evitar el cierre.
Con el guardapolvo de mozo todavía puesto, José Trillo, quien fue durante cincuenta años fue una de las “caras” del Británico, contó cómo se sentía por tener que dejar el tradicional bar. “Estoy muy triste, pero algún día tenía que ser”, dijo.
Muy emocionado, anunció que -después de haber pasado casi toda su vida en Argentina- volverá a radicarse en Galicia. “Me voy a España”, concluyó.
Trillo, junto a sus socios Pepe Quiñoni y Manolo Ponce, alquilaba el local donde funcionaba el bar desde hacía 50 años.
Los problemas comenzaron un par de meses atrás, cuando murió el dueño de la propiedad.
Su hijo, quien heredó el local, no les renovó el contrato a los tres gallegos y le alquiló la propiedad a otra persona que, según adelantó, tendría intenciones de reciclar el bar.
La dirección de Cultura de la Ciudad propició varias reuniones entre los propietarios, los antiguos inquilinos y el nuevo locatario. Pero no llegaron a un acuerdo para que los tres originales administradores siguieran a cargo del bar.
Por eso, después de varias postergaciones, el desalojo dejó de ser una amenaza y se hizo realidad. Los antiguos administradores cargaron apesadumbrados los objetos del bar en un camión de mudanzas: muebles, una caja registradora de más de 30 años de antigüedad, cuadros y todo tipo de recuerdos.
“Acaban de arrancarle el corazón al barrio, lo mataron por la espalda y también le sacaron el alma”, dijo Mariano Santamaría, el pintor que cambió la fisonomía del Pasaje Lanín del barrio de Barracas al lograr que todas las fachadas de las casas fueran decoradas con diseños en mosaicos.
“Ninguno de los que vengan van a lograr que este bar quede igual” como fue desde mediados del siglo pasado, agregó el artista.
Por su parte, Nora Palancio Zapiola –vecina del bar- consideró que el desalojo del Británico fue “un atropello al patrimonio cultural e histórico” y también “al deseo de 20 mil personas que firmaron un acta en rechazo al cierre” del local.
El Británico abrió en 1929 bajo el nombre de La Cosechera. En 1930, los tres socios gallegos lo alquilaron y lo rebautizaron. El bar está catalogado como notable. Por eso, desde el Ministerio de Cultura porteño se hicieron varias reuniones para lograr una solución.
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