DESASTRE CULTURAL POR EL INCENDIO DEL MUSEO DE CIENCIAS NATURALES Y DE LA FACULTAD DE DERECHO
Dos menos cuarto. Habían pasado unos pocos minutos de la finalización de la marcha de los estatales en Plaza San Martín. Casi todos los testimonios coinciden en que a esa hora vieron las primeras columnas de humo y enseguida las llamaradas de la cubierta del viejo edificio de los Tribunales provinciales. El ala que desde la entrada de la Facultad de Derecho, por Moreno, se extiende hacia el norte y dobla por calle Santa Fe quedó prácticamente destruida. El viejo edificio declarado Patrimonio Histórico, que se comenzó a construir en 1888 y que alberga al Museo Provincial de Ciencias Naturales “Angel Gallardo” y a la facultad había sido reparado en buena parte a partir de la donación de 1.800.000 pesos del gobierno provincial y con otro aporte de la Universidad Nacional de Rosario. El 80% del museo quedó destruido y un 40 por ciento del área afectada de la facultad también pero las pérdidas exceden la medición material, las colecciones del museo “son irrecuperables”, dijo la directora ad honórem Margarita de Ferioli.
Desolación entre los estudiantes, docentes y no docentes. Se destruyó el aula virtual de Derecho y se salvó la mayor parte de la biblioteca y los respaldos documentales.
Hoy no hay clase en la facultad ni en la escuela Normal Nº 2, ubicada en la zona contigua al desastre. Hay temor por derrumbes o desprendimientos. Los bomberos, otra vez, no tuvieron los elementos necesarios para trabajar.
Sólo habían pasado unos veinte, como mucho treinta minutos desde que
había terminado el acto en la plaza San Martín (ver aparte) cuando se comenzó a ver el humo en el sector del techo del extremo noreste del ex Palacio de Tribunales en el espacio que ocupa el Museo Provincial. De ahí en más todo fue como un reguero de pólvora y el fuego devoró los techos reparados hace poco e inaugurados junto a las aulas en marzo pasado con la presencia del gobernador Carlos Reutemann.
En la facultad de Derecho sobre el ala de calle Santa Fe los destrozos fueron “impresionantes”, decía el decano Ricardo Silberstein y el consejero y docente Daniel Erbetta. Los techos de las aulas reparadas sobre calle Santa Fe de lo que era el aula virtual, la Escuela de Graduados, y oficinas que ocupaban la secretaría financiera y otras dependencias habían sido arregladas hace poco tiempo.
“Se destruyó la parte más valiosa de la facultad”, decía un atribulado Silberstein a quien llamaban alternadamente el ministro de Gobierno Carlos Carranza, el subsecretario de Asuntos Legislativos Gustavo Vera y Gustavo Isaac, este último –dijo el decano– ofreció los sótanos del Rock & Fellers para que sirviera de depósito de lo que se pudo sacar y que fue a parar allí, a la Casa del Estudiante y a la Fundación Prats.
En Derecho se salvaron los legajos y documentación indispensable para el funcionamiento, sobre todo los respectivos respaldos en diskettes, algunas fotocopiadoras, la mayor parte de la biblioteca, y algunos cerebros de computadoras. La cadena humana que se armó entre estudiantes, docentes y no docentes conmovidos y lagrimeando pudo salvar lo que todavía no se evaluó económicamente hasta que la policía y los bomberos dijeron que no se podía entrar más. Habían saltado por las ventanas y sacaron las cosas como pudieron. De tanto en tanto cuando alguien les decía que les iba a acercar algo más los chicos se movían rápido, entre angustiados y disciplinados aunque lo que les alcanzaran fueran 10 sillas, un teléfono y varias resmas de formularios continuos. El olor a destrucción, a pérdida, impregnaba los rostros, la ropa y los ánimos.
Otro daño, se evaluaba en la tarde de ayer en la dirección de Derecho, son las obras de contención del albergue para la colonia de hembra-murciélagos que cíclicamente llegan a parir cerca de la torre mayor del edificio por Moreno y que ahora contaba con un sistema de extracción mecánica de huano. “Las perdidas son invalorables, además porque se compraron materiales importados cuando un dólar valía un peso”, decía Erbetta.
Desde la calle la imagen era dolorosa, el fuego consumía y consumía las aulas y las maderas de las viejas y resecas celosías. Todo, absolutamente todo, ofició como una gran mecha.
Silberstein mencionó la amenaza de bomba que se recepcionó a las 12 de ayer en Derecho y adelantó que llegaría a la denuncia después de chequear las versiones acerca de que las bombas de estruendo que se podrían haber tirado desde la vereda de la facultad mientras se desarrollaba el acto de los estatales encendió la primera llama.
Se incendiaron las cubiertas del edificio y luego los techos de la planta baja, gran parte de madera pinotea bien conservada y muy vieja se prendió fuego. Esa ‘ele’ que se forma a partir de la entrada actual de la Facultad de Derecho hacia calle Santa Fe y luego por Santa Fe hacia la otra antigua entrada que en alguna época fue ocupada por la Facultad de Ciencias Agrarias es el lugar tragado por las llamas.
Cristina Bilicich, presidenta del Centro de Estudiantes contó que en ese momento había muchos estudiantes pero se lamentaba de que a las 2 de la tarde los hombres que comandaban una sola autobomba con una escalera trataban de apagar las llamas por Moreno y de allí corrían hacia la parte del edificio que da por Santa Fe. “Cuando apagaban una parte, desde el otro lado las llamas tomaban más fuerza”.
Al rato llegaron otras dotaciones y para las 3 de la tarde había 9 con el refuerzo de las ciudades cercanas que acudieron en auxilio. Hubo mangueras pinchadas, falta de presión de agua y dos camiones de suministro de Aguas Provinciales.
Desde la esquina de Moreno y Santa Fe la directora del museo Margarita de Ferioli temblaba y le costaba hablar. Dos trabajadores quedaban arriba en ayuda de los bomberos. Mientras decía que las pérdidas de las colecciones eran irreparables no quería ni recordar los ejemplares de aves, manímeros, especies antiquísimas.
La arquitecta Viviana Marini habló del daño en el edificio. Las ‘manzardas’, el techo inclinado sobre la balaustrada final que era parte de las reparaciones en chapa con detalles decorativos simulando tejas en gris y que en su interior tenía una estructura de madera desapareció por completo.
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