DESEMPLEO: OTRA NUEVA ALARMA
Más que el alza en sí del índice de desempleo, una señal preocupante que dejaron los datos oficiales sobre el mercado laboral para el primer trimestre de este año fue la pérdida neta de puestos de trabajo.
A veces, un incremento de la tasa de desocupados puede explicarse porque más gente salió a buscar trabajo: en las estadísticas, ese hecho incrementa la llamada tasa de actividad (porcentaje de la población que trabaja o busca hacerlo) y, de esta manera, el índice de desempleo tiende a elevarse, ya que es una variable que se mide como porcentaje de esa población activa. Ahora bien: en los primeros tres meses del año y en comparación con los últimos tres de 2004, no ocurrió eso, sino lo contrario. Sobre la base de los datos difundidos por el Indec –que mostraron un alza del desempleo del 12,1 al 13%–, se estima que cayó en 320.000 personas la cantidad de ocupados en la población urbana. El resultado son unos 120.000 desempleados más, y la diferencia entre ambas cifras se explica porque unos 200.000 habitantes se “retiraron” de la vida activa, es decir, no estuvieron buscando empleo y, por tanto, redujeron la presión sobre el mercado de trabajo.
¿Por qué se perdieron empleos en una economía que sigue en crecimiento? Más aún, ¿por qué el relevamiento de hogares del Indec mostró un comportamiento negativo del mercado laboral cuando otros indicadores, como la cantidad de inscriptos en la seguridad social, siguió en alza?
Para los analistas del Gobierno y también para varios economistas que trabajan en la actividad privada, los factores estacionales son una explicación válida. En este sentido, si el empeoramiento de los índices se debió a cuestiones como la merma de la actividad que se produce en el verano, entonces podría esperarse que los meses por venir ofrecieran mejores noticias. Sin embargo, no pocos advierten que la estacionalidad no es todo lo que hay que mirar. La economía ya vuelve a generar empleos, pero este proceso se daría a un ritmo cada vez más lento. Entonces, el alivio de los problemas sociales avanzaría a baja velocidad.
Cuando se habla de estacionalidad, hay que tener en cuenta que este elemento no surge exclusivamente como explicación de lo que ocurrió en el mercado laboral. Antes que nada, esos factores ya estaban condicionando la marcha de la economía. Según el Indec, la comparación del nivel de actividad del primer trimestre del año contra los del cuarto trimestre de 2004 muestran una caída del 6%, sin corrección por estacionalidad. El dato cambia de signo y arroja un alza del 1% si se desestacionaliza.
Si bien la economía crece al 8%, en el período en que subió la desocupación la realidad fue diferente. En la construcción, donde el empleo más creció con la reactivación, fue del 7,7% la caída .
Según un estudio del Ministerio de Trabajo, al menos en los últimos tres años se dio esa caída del producto entre los cuartos trimestres de un año y los primeros del siguiente. Y el empleo tuvo un comportamiento coherente con esa menor actividad principalmente entre los cuentapropistas y los asalariados informales. Esto último se corroboró básicamente en la industria y el comercio, en tanto que servicios como los prestados en las áreas de salud y enseñanza mostraron un comportamiento más homogéneo en todo el mercado laboral, incluidos formales e informales.
Los factores
La suspensión de contratos del área educativa es uno de los llamados “factores” de estacionalidad que pesan en el primer trimestre. Otros son la caída de ventas por la tendencia al menor consumo luego de fin de año, la menor actividad por vacaciones y la parada técnica de plantas fabriles. Esto último casi no se había dado en 2004, por el adelantamiento de producción decidido frente al temor que generaba entonces la crisis energética.
El trabajo en negro, según la cartera laboral, es más sensible a los vaivenes de la economía, y cualquier movimiento hacia la baja de la actividad provoca un efecto de expulsión. Por tanto, la estacionalidad impacta básicamente en la informalidad.
Si bien aún no se conoce qué pasó con la calidad del empleo en el primer trimestre, el hecho de que la destrucción de puestos se dio en el segmento informal está sugerido por dos factores: uno es la baja de la subocupación, que pasó del 14,3 al 12,7%, ya que ese índice incluye en gran medida a quienes desarrollan tareas precarias en puestos muchas veces intermitentes; el otro elemento es el alza del índice de empleo formal según una encuesta de Trabajo y la cantidad de registros en el sistema jubilatorio.
Según Ernesto Kritz, director de la Sociedad de Estudios Laborales (SEL) se está dando un cambio en la composición de nuevos empleos, con una tendencia hacia la formalidad. “En la medida en que mejoran los ingresos de los formales, éstos buscan bienes y servicios de calidad”, mientras que en los primeros tiempos posteriores a la crisis esa población consumía lo producido por el sector informal, permitiendo un crecimiento de las ocupaciones de esa condición, según explica Kritz.
“A partir del segundo semestre de 2004 el crecimiento del empleo formal es más fuerte que el del empleo total”, observa Hernán Ruffo, economista del Ieral, de Fundación Mediterránea. Las razones: habría mayor disposición a invertir en el blanqueo: un análisis del Ieral sobre las transiciones de la población de un estado laboral a otro, muestra que los nuevos ocupados formales provienen más de la informalidad que del desempleo. De todas formas, Ruffo advierte que factores como la amplia brecha entre salarios formales e informales conspiran contra la posibilidad de profundizar la formalización.
En cuanto al primer trimestre de este año, habría que tener en cuenta que, si se corrobora una mejora de los índices de formalidad, esa evolución no sería sustentable sino que sería atribuible a la estacionalidad. Si hay puestos precarios que desaparecen por la época del año en que se hace la medición, esos puestos volverán a aparecer en su condición informal.
Cada vez más difícil
Según Kritz, si bien hay razones estacionales para explicar la caída del empleo en el primer trimestre, convendría advertir que desde el año pasado hay una progresiva desaceleración en la creación de empleos. Mientras que un año atrás, por cada punto porcentual que crecía el producto en forma interanual, el empleo se incrementaba casi en un punto también, ahora esa relación de elasticidad cayó a la mitad: la creación de puestos -neta del efecto de los planes sociales- rondaría el 0,48% por cada punto que crece el producto.
Es una señal de advertencia hacia los próximos meses, ya que se necesitaría sostener tasas de crecimiento elevadas para poder producir como efecto una caída del desempleo.
“Las estimaciones para el crecimiento del PBI en 2005 sugieren que habrá un alza de entre 6,5 y 7%”, una tasa menor que en 2004 -recuerda Nuria Susmel, economista de FIEL. “Eso indica que el empleo crecerá menos y que el desempleo se estaría reduciendo en menor medida.”
En opinión de Osvaldo Giordano, presidente del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa), las señales que está dando el mercado laboral encienden una luz de alerta en cuanto a la necesidad de más inversiones, ya que hasta ahora la evolución se sustentó en el uso de la capacidad instalada. “Para generar empleos ya no alcanza con la licuación de costos laborales que produjo la devaluación”, señala un informe de Idesa.
Además de ese freno a la posibilidad de crear más fuentes laborales, algunos sugieren que podría estar dándose un cambio en la composición del alza del producto, que bajará la capacidad de la economía de fomentar la ocupación. Y, por otro lado, señala Ruffo, como los costos salariales se estuvieron incrementando, ese factor también explicaría una menor correlación entre el PBI y el empleo.
Según explica Kritz, “si la economía pasa a crecer al 4% anual, que no sería una tasa mala, y si se mantiene una elasticidad empleo-producto como la histórica, del 0,4, entonces la caída del desempleo sería muy lenta”.
Así, con una economía con tasas de crecimiento razonables, los problemas laborales seguirán mostrando índices tras los que se esconde la realidad de casi dos millones de argentinos sin empleo.
“A medida que cae el desempleo, cada vez se necesitan tasas mayores de crecimiento del producto para reducirlo”, advierte un informe del Centro de Estudios Bonaerenses (CEB), que predice que para el segundo trimestre “retornarán las señales positivas”, aunque advierte que es poco probable que antes de 2006 la desocupación llegue a un dígito.
Es que, para aliviar un problema de tal magnitud, según advierte Kritz, los índices normales de crecimiento del PBI, no alcanzan.
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