"Deseo que la gente salga del cine mejor de lo que entró"
“Quería hacer una comedia romántica de las que me gusta ver, con mis particularidades, y para lograr que la gente salga del cine un poco mejor que como entró”, contó Daniel Burman sobre “La suerte en tus manos”, la película que se estrena el jueves en Rosario. Burman y los protagonistas, Jorge Drexler y Valeria Bertucelli, contaron durante una charla con Escenario la experiencia en la que, además participaron los integrantes de la Trova Rosarina, y que contó con la colaboración de Luis Brandoni y Norma Aleandro.
—¿Por qué elegiste Rosario?
—Fueron muchas razones y todas confluían en Rosario. Primero en la película necesitábamos un punto de encuentro que por un lado sea ajeno a los personajes, pero que sea un territorio empático y neutral para ellos. Y Rosario me gusta como ciudad. Uno filma en los lugares donde le gustaría vivir o estar. Cuando filmás una película tenés que sentirte muy cómodo porque si no, no conectas. Adicionalmente necesitábamos un casino. Y el casino más grande de Latinoamérica está en Rosario.
—¿Cómo se suma la Trova?
—Una parte muy importante de la trama era la presencia de la Trova Rosarina. Era la música que respira ese momento tan particular no sólo Rosario sino el país.
Drexler: Son los asesinos (risas).
Burman: Es una sorpresa que si la desarrollo pierde la fuerza.
—¿Cómo te resultó tu debut?
Drexler: La verdad es que estoy encantado. Ahora estoy acostumbrado. Llevo varios días respondiendo preguntas, pero si me las hubieran hecho hace unos años cuando veía las películas de Daniel, y me hubieran dicho que iba a hacer una de Burman con Valeria Bertucelli como protagonista, me hubiera parecido una locura por muchísimas razones, pero una locura maravillosa.
—¿Podés adelantar algo de la trama?
Drexler: El la mata (risas).
Bertucelli: Y se la come (risas).
Burman: La encuentra en un momento en el que no están preparados para eso. Pero a mi lo que me gusta es que son dos personas que se encuentran, que tuvieron un vínculo poderosos en algunos aspectos, pero muy frágil en otros, y se vuelven a encontrar en un momento en el cual tienen herramientas no para cambiar, porque siguen siendo los mismos, pero para ver al otro diferente. Es una comedia romántica que responde a las reglas del género, pero lo que me interesaba era cambiar algunas cosas. Me encantan las comedias románticas. Lo que no me gusta es que cuando en una hora y media la gente cambia porque la gente no cambia más después de los 8 años. Lo que podemos cambiar es la mirada sobre el otro, que no es negarlo. La película narra este encuentro, desencuentro y encuentro en el cual hay mucho de amor, de destino y cierta fantasía que tenemos, sobre todo los hombres, que es escaparnos de las escenas que creamos que es algo que me interesa mucho. El personaje de Uriel tiene la fantasía de dejar de decidir en la vida. Quizás meterse en el juego en una mesa de poker es la mejor metáfora y representación de eso. Pero se encuentra con ella… (risas).
—¿Este tipo de personaje tienen continuidad en tu trabajo?
—Me cuesta mucho analizar las películas en relación a otras. Me gusta sorprenderme. Sí hay una continuidad en el sentido de reflexión sobre la paternidad en otras películas, sobre la construcción de la paternidad. Acá es sobre la fantasía de destruirla. De alguna manera el personaje de Jorge tiene el firme deseo de no tener más hijos, pero en realidad lo que esconde no es no querer tener más niños sino no tener más responsabilidades. Creo que todos los hombres adultos, y las mujeres también, pero desde mi género, que es lo que más conozco al día de hoy, tenemos la fantasía de por un momento rajarnos y no decidir a qué hora, cuándo, dónde, cómo. Pero es inevitable. No podemos escaparnos a ningún lado mientras estemos vivos.
Bertucelli: El guión me encantó; leía y veía que había muchas escenas en las que iba a poder… (baja la voz y mira cómplice) hacer de las mías (risas).
—¿Cómo te resulto trabajar con un elenco con Brandoni, Norma Aleandro, Valeria y Jorge que debutaba?
Burman: Yo me doy cuenta ahora que había un día que trabajaba con Brandoni y Jorge, o con Valeria y Norma; convivían actores con vivencias muy diferentes y para mi todos los días eran iguales porque con todos fue placentero. Ahí te das cuenta que más allá de la experiencia es cuánto pesan las personas que lo hacen. Y cuánto pesa la relación que tienen esas personas, primero con sus propios egos, cuan reconciliados están. Cuando están amigados todo es fácil. Y también qué relación tienen con su trabajo, si creen que están salvando al mundo o compartiendo esto, que estamos haciendo, simplemente una película, y que tratamos de pasar un buen momento de nuestra vida. Esto que suena como de mucho sentido común, se pierde. La primera víctima en un rodaje es el sentido común. Para mi fue como un largo asado de domingo. La carne era excelente y no tuve que lavar los platos (risas).
—Hablás de quienes se proponen salvar el mundo. ¿Cuando filmás qué objetivo te proponés?
—Quiero hacer las películas que me gusta ver. Y hago las películas por el mismo motivo que voy al cine. Esto que también es sentido común, es medianamente nuevo porque a veces estaba disociado entre lo que quería hacer y lo que me gusta ver. Y empecé a darme cuenta que las cosas que me emocionan de ver una película en cable, tirado en mi casa comiendo una pizza, son las que me van a emocionar en mi propia película. Entonces quería hacer una comedia romántica de las que me gusta ver, con mis particularidades, y para lograr que la gente salga del cine un poco mejor que como entró. Eso es básicamente por lo cual yo voy al cine. Me niego a ver películas donde el personaje tiene que pasar por problemas terminales, o con niños que les suceden accidentes. No entiendo el motivo por el cual debería meterme en un lugar oscuro, con un montón de gente y salir mal. No digo que el cine o el arte tiene que ser así. Es mi vivencia y hago cine para que la gente tenga la experiencia que yo busco cuando voy a ver una película. Creo que hay menos pudor por pasarla bien en el cine. Antes había algo más aspiracional de creer que uno tenía que ir a ver cine para elevarse culturalmente.
—En este caso además de actuar por primera vez no pudiste hacer música…
Drexler: Nada. Específicamente no quise hacer nada con la música y prefería no hacer ninguna referencia a la música en mi personaje. Le gusta la música pero la ve desde afuera. Hasta me corté las uñ
;as. Y si algún día hago otra película, que no creo…
Bertuccelli: podés hacer la vida de Elvis Presley…
Burman: O de Aretha Franklin (risas).
Hendler: Si algún día hago otra película podría tener los dos roles juntos, pero en este momento no. Pensaba que si la persona va, y tengo la suerte que se olvide que el que está ahí es un cantante ¿por qué romper todo eso? Quizás más adelante, si estoy más seguro y hago otra película. Cuando digo esto quiero aclarar que no es que no tenga pensado hacer otra película porque no me haya gustado la experiencia. Me encantó, fueron dos meses maravillosos…
—Quiere que lo vuelvas a llamar…
Burman: Me parece que quiere que no lo vuelva a llamar (risas).
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