DESPUÉS DE KATRINA, ESPERAN OTRA TEMPORADA NEGRA DE HURACANES
Podría ser Ernesto. Quizá Nadine, Patty o Valerie, o todos ellos y más. La lista tiene 21 nombres y sólo el destino conoce a cuál -o a cuáles- de los huracanes y tormentas tropicales de 2006 le espera el triste honor de la celebridad por su ferocidad y su capacidad de destrucción, como el Katrina en 2005, el Mitch en 1998 o el Andrew en 1992, por citar algunos.
Lo cierto es que el 1° de junio comienza oficialmente la temporada de huracanes en el Atlántico Norte -que se extenderá hasta el 30 de noviembre- y las predicciones, tras un año literalmente terrible en la materia, como fue 2005, son sinónimo de malas noticias. Pese a tanta tragedia el año pasado, la naturaleza no tiene planeada una tregua para éste, según relataron a LA NACION los investigadores que viven y trabajan en el centro de las regiones más tormentosas.
Además, mientras los meteorólogos fruncen el entrecejo ante sus proyecciones, continúan los reclamos por la destrucción que dejaron los ciclones de la anterior temporada y persisten las dudas sobre la real capacidad para enfrentar a los de la que se avecina.
“Esperamos una temporada bastante más activa que lo normal, en término de huracanes, aunque no tanto como la de 2005”, dijo, desde San Juan de Puerto Rico, Rafael Mojica, del Servicio Nacional de Meteorología de Estados Unidos. “Los modelos más confiables dicen que de las 17 tormentas tropicales que se esperan para esta temporada, cinco de ellas podrían convertirse en huracanes de categoría 3 a 5, que es la más alta”, agregó.
Cinco grandes huracanes es muchísimo. Basta echar un vistazo a las estadísticas para entender la gravedad de lo que podría avecinarse. En los últimos 30 años, el promedio ha sido de 11 tormentas por temporada, de las cuales apenas dos se convirtieron en huracanes de la máxima categoría. Así que cinco es más del doble que la media, aunque, claro, es algo menos que los siete grandes huracanes (¡de un total de 27 tormentas!), que debieron soportar las naciones del Caribe y el Golfo de México el año pasado, en una de las temporadas más atroces de las que se tenga memoria y registro.
Los modelos que utilizan los meteorólogos, sin embargo, son sólo eso: modelos. Es decir, no permiten hacer predicciones con un ciento por ciento de certeza. Pero el hecho de que distintas proyecciones lleguen a conclusiones similares aumenta las probabilidades de que los pronósticos se cumplan.
En este caso, los resultados del modelo desarrollado por los científicos cubanos -en un país muy castigado por los huracanes en años recientes- no difieren demasiado de los del modelo norteamericano.
“Pronosticamos 15 tormentas, de las cuales nueve alcanzarán la categoría de huracán. Aunque nuestro modelo no nos permite saber cuántos llegarán a la máxima categoría, los cálculos complementarios nos dicen que podrían ser cinco”, explicó a LA NACION, desde La Habana, Cecilia González, investigadora de Instituto de Meteorología de Cuba. “Por lo tanto, nuestras previsiones dicen que tendremos una temporada activa, por encima de lo normal, aunque por debajo de la del año pasado.”
El hombre, al banquillo
La pregunta se dispara de inmediato. ¿Por qué semejante cantidad de huracanes? ¿Qué le está pasando al planeta? Y la respuesta más repetida en los últimos tiempos pone al hombre en el banquillo de los acusados, como responsable del calentamiento climático que experimenta la Tierra y provoca, entre otros daños, más huracanes que son más intensos que lo habitual.
Pero los meteorólogos prefieren otras explicaciones.
Una temporada activa en huracanes requiere de varios factores. Por empezar, que las aguas del Océano Atlántico tengan temperaturas por encima de las normales. Luego entran a jugar otros, como los vientos en altos niveles de la atmósfera y fenómenos tan lejanos, que se dan en el Pacífico, como los efectos de La Niña -que intensifica las tormentas en el Atlántico Norte- o El Niño, que “calma” a los huracanes. Pero, de lejos, la temperatura de las aguas del Atlántico es el factor más determinante.
Este año, el océano está más caliente que lo normal y los vientos de altura serán favorables a la formación de huracanes. No hay Niña -una buena-, pero tampoco Niño.
“Aquí no se trata de calentamiento global -explicó Mojica-, sino de procesos cíclicos que vive el océano. Actualmente estamos en uno de aguas cálidas, que comenzó a mediados de los años 90 y que puede durar aún una o dos décadas.” El especialista agregó que ciclos similares se vivieron entre 1870 y 1900, y entre 1925 y 1970, aunque con mayor incidencia en las décadas del 30 y del 40.
“Si la causa del mayor número de huracanes fuera el calentamiento climático, ¿cómo explicamos los grandes fenómenos que se registraron en esos años? -preguntó Mojica-. Entonces, se cae de maduro que no es el calentamiento global el problema.”
“Algunos especialistas defienden la explicación del calentamiento climático. Pero lo que realmente está ocurriendo es que estamos en la fase positiva de un fenómeno cíclico de calentamiento de las aguas, que se produce naturalmente en el Océano Atlántico”, coincidió su colega cubana, González.
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