DETECTAN ENGAÑOS EN EL PESO DE MILES DE PAQUETES DE ALIMENTOS
En menos de seis meses el Gobierno de la provincia de Buenos Aires secuestró 192 mil kilos de azúcar porque el contenido de los paquetes era inferior al peso informado en el rótulo. Es un engaño a pequeña escala sobre el “contenido neto” de un producto —difícil de detectar y por lo tanto de denunciar— pero que perjudica a miles de consumidores.
En los procedimientos que realizó este año la Dirección de Comercio bonaerense también se secuestraron 20 mil kilos de arroz y 4 mil de harina. En todos los casos la maniobra es similar: el envase contiene entre 40 y 100 gramos menos que lo establecido en el impreso que lee el comprador. En un kilo de arroz, que tiene un precio de mercado cercano a los $2, la diferencia es de hasta 20 centavos por unidad.
Estas irregularidades constituyen una infracción a la Ley de Lealtad Comercial (22.802) y los responsables pueden recibir multas de entre 500 y 500 mil pesos. Para detectarlas, los inspectores actúan de oficio o por denuncias. Pero ¿cómo puede darse cuenta un comprador, sólo basado en su “buen ojo”, que a un paquete le faltan 50 gramos?
De ahí que organizaciones como el Centro de Educación al Consumidor (CEC) les reclamen a las autoridades nacionales, de la Ciudad de Buenos Aires y a las cámaras de supermercadistas la colocación de balanzas y básculas en los supermercados para uso exclusivo del público. “Para que los mismos consumidores puedan corroborar el peso efectivo de la mercadería a adquirir”, explica su presidenta, Susana Andrada. Según el director de Defensa y Protección del Consumidor del Gobierno porteño, Miguel Fortuna, ya está aprobada la ley (1207/04) que lo establece. “En cualquier momento lo implementamos —agrega—, porque el decreto reglamentario está a la firma de Aníbal Ibarra.”
Pero no todo puede pesarse. Aunque según la experiencia de la Asociación de Defensa de los Consumidores y Usuarios de la Argentina (ADECUA), el engaño más frecuente ocurre con los productos fraccionados —como las bandejitas con carnes, fiambres, quesos y verduras, de primeras marcas o de marcas propias de los supermercados—, el registro es mucho más amplio. Fernando Carro, director de Lealtad Comercial de la Nación, explica que los productos en los que se adultera el contenido neto con mayor frecuencia son los porotos, el azúcar, los aerosoles, los insecticidas, los champúes, la harina, los vinos, el atún en aceite o al agua, el pan dulce, la polenta, las colonias y el arroz. Desde el 20 de febrero hasta principios de junio, la Nación —que no lleva estadísticas en kilos o litros sino en mercaderías— detectó irregularidades en el contenido neto de 22.500 productos.
Los inspectores trabajan con probetas para medir los líquidos y con básculas electrónicas para pesar los productos en las góndolas. Pero, según las mismas autoridades, están excedidos de trabajo. Qué pueden hacer, por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires, donde, según Fortuna, hay 40 inspectores para alrededor de 200 mil comercios habilitados. Y cuando además del peso neto deben controlar la exhibición obligatoria de los precios, la publicidad engañosa, la fecha de vencimiento, la exigencia de precisar el precio por kilo de mercadería fraccionada.
“Las empresas se aprovechan de esta falta de control”, señala Sandra González, presidenta de ADECUA. “Porque el consumidor —agrega— no puede ir con un escribano a un supermercado para verificar lo que va a comprar. Pero el Estado sí lo puede hacer.” “Es cierto que las inspecciones son insufienctes —apunta Andrada—, pero también hay que apelar a la responsabilidad social de los empresarios y a la actidud de protección al consumidor que deben tener los supermercadistas. Porque, si no, ni 10 mil inspectores van a ser suficientes.”
La Ley de Lealtad Comercial faculta a los inspectores no sólo a hacer su trabajo en los puntos de venta sino también en las fábricas o en los depósitos. Si el control de un lote da mal —por ejemplo, para cualquier producto envasado en un kilo la tolerancia es de 1,5%, siempre que este porcentaje no se reitere en más de dos unidades— la mercadería debe ser retirada de la venta.
Entre los operativos que en la provincia terminaron con el secuestro de 192 mil toneladas de azúcar, el mayor se hizo en La Matanza, donde quedó al desnudo otra modalidad de esta práctica engañosa. La explicó la directora de Comercio, Ana Serrano: “La municipalidad denunció que un proveedor le entregó 60 mil kilos de azúcar envasado en paquetes de 900 gramos. Toda la mercadería fue decomisada y se decidió una nueva licitación”.
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