DETECTAN GRAN CANTIDAD DE YARARÁS EN LA PROVINCIA
Profesionales veterinarios, especialistas en ofidios y aventureros amantes de las islas percibieron la presencia de una mayor cantidad de víboras, especialmente de las temidas yararás, que son casi las únicas que ocasionan accidentes en la zona del litoral argentino.
Alejandro Larriera, director de Recursos Naturales, advirtió que, si bien no dispone de una evaluación poblacional científica de estas especies, “es cierto que hay una presencia mayor”.
De todos modos, aclaró que “esto no debe generar preocupación alguna”, dado que en esta época del año las víboras tienen más movilidad. “Empieza el calor y estos animales se ponen más activos. Como son de sangre fría, se alimentan en la época cálida, y además, inician el período de reproducción”.
Las inundaciones en la vecina provincia de Chaco también influyen. “Los ríos están altos y todos los esteros se han estado llenado de agua, lo que disminuye la superficie terrestre disponible y obliga a las víboras a movilizarse en busca de las tierras más altas que quedan disponibles”.
Por su parte, el médico veterinario Manuel del Pozo, quien desarrolla su actividad en la zona costera a lo largo de la ruta 1 hasta Arroyo Leyes, afirmó que “desde hace aproximadamente dos años advierte un número creciente de accidentes ofídicos en animales, especialmente perros, caballos y vacas”.
Y remarcó su sorpresa ante la aparición de casos en invierno, “cuando las víboras se aletargan”. En los últimos 17 meses debió asistir 58 casos. Antes de ese lapso, los accidentes por mordeduras eran “casi nulos”.
Consultado acerca de si el aumento podía tener relación con el incremento de población estable en esa zona, dijo que “no, porque como las víboras son huidizas y escapan a los lugares poblados, debería ocurrir todo lo contrario”.
Qué hacer ante una mordedura
En el Litoral, los accidentes ofídicos más frecuentes son producidos por yararás, que habitan regiones húmedas. Por lo general, se dan en bañados, islas y a orillas de ríos y lagunas.
Aunque parezca un consejo obvio, lo más importante es evitar todo tipo de contacto con las víboras y no pretender descubrir si es venenosa o no, porque ello implicaría un riesgo serio de mordedura. No es aconsejable caminar por lugares con maleza, ni explorar huecos o meter las manos en montañas de leña o entre piedras.
En caso de sufrir una mordedura, del Pozo recomendó “desmitificar y desterrar entre los primeros auxilios el torniquete, dado que, por la propia patogenia del veneno de la yarará, puede empeorar el cuadro”.
Además, es imprescindible mantener reposo absoluto, limpiar la herida con agua y jabón y empezar a buscar asistencia médica urgente. “Éste es un punto crítico. Se debe tener en cuenta que, si se usa decadrón o corticoide, hay más tiempo para acudir al centro de emergencia, y que el suero antiofídico debe ser siempre aplicado por un profesional porque, como puede provocar una reacción alérgica, puede ser mortal si el paciente no está debidamente controlado”.
También es necesario conservar la calma y nunca hacer cortes en el lugar de la picadura, ni cauterizar la herida, ni dar de beber a la víctima bebidas alcohólicas.
Estas normas suelen complicar el cuadro, dado que los cortes superficiales no consiguen extraer el veneno inyectado en profundidad. Los cortes profundos suelen seccionar vasos importantes, lo que predispone a infecciones y hemorragias. La cauterización de la piel tampoco impedirá que el veneno circule y el torniquete favorecerá la acción local del veneno y provocará la muerte de los tejidos.
A pesar de que se percibe un incremento de yararás en la zona, Larriera advirtió a la población que no debe “salir a matar víboras porque cumplen con un rol importante en la cadena antrópica; sí, tener los cuidados elementales, especialmente, si están cerca de las viviendas”.
Los síntomas de la mordedura
En su página de Internet (www.elpatoweb.com.ar), los realizadores de la Revista El Pato describen una serie de signos y síntomas que produce el veneno de la yarará.
Dicen que siempre hay dolor en el lugar de la picadura, que aumenta progresivamente. La mordedura deja la marca de los dos orificios que corresponden grandes dientes inoculadores, separados entre sí por una distancia de un centímetro o más (en el caso de mordedura de ejemplares muy grandes puede ser hasta 3 ó 4 centímetros).
La región afectada comienza e hincharse gradualmente y pueden aparecer manchas rosadas o violáceas y ampollas que contengan sangre en el interior. Estas lesiones pueden luego infectarse y aparecer fiebre.
Cuando se han inoculado grandes cantidades de veneno pueden ocurrir hemorragias por la nariz, encías, bordes de las uñas, cuero cabelludo y también por la orina, que se vuelve roja y turbia. La presencia de sangre incoagulable indica siempre gravedad.
En casos más graves puede ocurrir que descienda la presión sanguínea y la circulación, quedando el individuo muy pálido, con la piel fría y sudorosa y con riesgo para su vida.
En los casos fatales, la muerte casi nunca sobreviene antes de 6 a 12 horas, si no se realiza tratamiento específico.
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