DETECTARON EN LA PROVINCIA UNA TEMIBLE ENFERMEDAD PARA LA SOJA
La roya de la soja, la infección que ataca al cultivo más extendido del país, ingresó por las provincias del nordeste, pero ya está en lotes de Santa Fe y Entre Ríos y, aunque su avance inquieta a los productores, los responsables de controlar su desplazamiento aseguran que los daños “no son preocupantes”.
“Ya se detectaron casos altamente sospechosos de roya de la soja en algunos lotes del norte de Santa Fe y Entre Ríos pero los daños no son preocupantes porque la enfermedad se presentó en un avanzado estadio de maduración de los cultivos”, confirmó la coordinadora técnica del Programa Nacional de Roya de la Soja, Flory Begenisic.
La experta agregó que “en la última semana también se identificó roya de la soja en Colonia Irigoyen (Formosa) y La Paloma (Santiago del Estero), que se sumaron a las ya conocidas de Colonia Aurora y Cerro Azul (Misiones) y Colonia Liebig, Santo Tomé, Loreto y San Borjita (Corrientes)”.
Por su parte, el Sistema Nacional de Vigilancia y Monitoreo (Sinavimo), dependiente del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (Inta) y del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), indicó que además de los casos de Santa Fe y Entre Ríos la infección se identificó en distintas localidades de las provincias de Salta, Tucumán, Santiago del Estero, Chaco y Formosa.
La roya de la soja es producida por el hongo Phakopsora pachyrhizi y su aparición en “una etapa tardía de maduración, minimizó las pérdidas y permitió que los daños no sean preocupantes”, explicó Begenisic.
El período más crítico para el cultivo es la “etapa reproductiva” que va desde “la floración hasta el llenado de las chauchas” ya que en instancias “más avanzadas” de la planta la infección no produce grandes pérdidas en los rendimientos.
Para la especialista, el avance de la enfermedad en la Argentina, era “esperable” a partir de su presencia en los países vecinos, Brasil, Paraguay y Bolivia.
“La roya, detectada a comienzos del siglo pasado en Asia, es una enfermedad explosiva, que puede alcanzar una gran difusión en pocos días, ya que las esporas se esparcen fácilmente, llevadas por el viento, lo que posibilita su diseminación por grandes distancias en corto tiempo”, explicó Begenisic. La especialista procuró no incurrir en proyecciones alarmistas pero admitió que en “condiciones óptimas para el hongo la enfermedad puede extenderse al 90% de los cultivos en apenas 21 días y provocar la pérdida total de la cosecha si no se la trata adecuadamente”.
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