DETIENEN A UN MATRIMONIO POR EL CRIMEN DE SU NENE DE 8 AÑOS
El nene tenía 8 años. Se llamaba Lucas Garelli. Murió hace siete meses —el 30 de octubre pasado— en Estación Herrera, un pueblito situado en el centro entrerriano. Primero se habló de un accidente. Después, de un crimen cometido por tres peones rurales tras una violación. Pero el caso dio un vuelco increíble esta semana: el domingo a la noche, la jueza ordenó la detención de los padres de Lucas, quienes quedaron imputados por homicidio agravado, un delito que sólo se pena con prisión perpetua.
La jueza de Instrucción Estela Natal de Rebossio, de Concepción del Uruguay (a 40 kilómetros de Herrera) dispuso la detención por pedido del fiscal Tomás Rojas. Ayer los indagó. César Garelli, un productor agropecuario de 45 años, y su esposa Soledad Croizzard, de 39, quedaron presos.
El pequeño Lucas murió en extrañas circunstancias. Había salido a hacer un mandado a caballo, a las seis y media de la tarde. Pero sus padres denunciaron al día siguiente que el caballo volvió a las diez de la noche, solo.
Se lo dio por desaparecido y se habló de un posible secuestro. Por aquellos días llovía todo el tiempo y los rastrillajes policiales —a los que se sumaron vecinos con sus propias camionetas— tuvieron dificultades. Finalmente, el cuerpo del nene fue encontrado en un descampado a unos 200 metros de la casa paterna, donde nadie lo había visto antes, en un lugar que ya había sido revisado varias veces.
A partir de allí, hubo varias hipótesis: violación, golpes y lesiones por arrastre (la primera autopsia así lo estipulaba). Se creyó que había muerto al caer de un caballo y que el animal lo había arrastrado hasta el sitio donde se lo encontró. Por los otros hallazgos en su cuerpo, se detuvo a tres peones que trabajaban en el campo, pero fueron inmediatamente liberados cuando una segunda autopsia comprobó que la presunta violación no había existido.
Se sospechó luego que el chico había sido atropellado por un vehículo, lo que le habría causado la fractura de la nuca. Y una especulación que aún se mantiene vigente indica que el nene pudo haber sido castigado con una paliza, y que pudo haberse desnucado al caer violentamente hacia atrás y golpear contra el filo de un mueble.
Según expresó la jueza en diciembre pasado, testimonios de vecinos de la zona la habrían llevado a corroborar que el accidente con el caballo no existió. A ello se sumaron las pericias psiquiátricas y de psicólogos, asistentes sociales y personal de Criminalística practicadas a la familia y allegados, intentando elaborar el perfil de personalidad de la víctima y de su entorno.
Poco antes, un nuevo hecho arrojaba más sombras sobre el caso: el 21 de noviembre de 2004 se encontró el cuerpo de Gregorio Garelli, de 70 años, un tío del padre del nene muerto un mes antes. El hombre apareció ahorcado en un galpón avícola, en un campo ubicado muy cerca de Herrera, en Colonia Santa Zelmira.
El caso se caratuló como suicidio. Antes de morir, Gregorio Garelli había escrito el nombre Lucas en la caja de una camioneta. Familiares negaron cualquier relación con el caso y sólo dijeron que el hombre atravesaba un cuadro depresivo.
Las investigaciones prosiguieron y para marzo de este año la Justicia ya tenía por seguro que no había existido ningún accidente. Entre las nuevas pericias ordenadas por la jueza aparecían pruebas de ADN, y la investigación en centros asistenciales de Colón, Villa Elisa y San José para esclarecer si el menor fue llevado a alguno de ellos luego de sufrir los golpes, como afirmaban fuertes versiones. Se dejó entrever también que podría haber encubridores del hecho.
Los resultados de algunos de esos estudios le fueron remitidos a la jueza Rebossio por Gendarmería Nacional la semana pasada. El sábado, la Justicia ordenó nuevos peritajes en vehículos de la familia y allegados. La jueza dispuso el secuestro de la Toyota Hilux 4×4 color negro, propiedad del padre de Lucas. El expediente ya lleva seis cuerpos y 1.200 fojas
Entre los datos más significativos evaluados por la jueza figura la insistente negativa del padre del nene muerto a que se realizara una investigación, sosteniendo siempre que su hijo había muerto al caer de un caballo, y que no había más nada que hacer.
Otro detalle importante fue el hecho de que las prendas del nene no presentaran daños al encontrarse el cuerpo, por lo que se presume que podrían haberlo cambiado de ropa.
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