DETUVIERON AL JOVEN DE 17 AÑOS QUE MATÓ A SU PADRE Y A SU HERMANO, HIRIÓ A SU MADRE Y ABUELA
Tiene 17 años y nunca mostró síntomas que den cuenta de un problema psiquiátrico. Cursaba el 5ª año en la escuela Jesús de Nazareth de Funes, en la misma localidad en la que vivía con su madre, su padre y sus tres hermanos. El sábado a la noche cenaron en la casa. Lo habían invitado a una asado pero el chico, T., no quiso ir, hecho que a nadie le asombró. Tenía una personalidad retraída y le gustaba pasar el tiempo con su familia en su casa, ubicada en San José al 2400. Después de cenar, su padre y su hermano se fueron al living a ver el partido Colón-Independiente. Leandro, su hermano mellizo, llegó después, comió algo rápido e invitó a T. a ir al cibercafé. Pero el chico no aceptó, así que se fue solo.
Eran cerca de las 21.30 y nadie se explica qué pasó por la cabeza de T. los diez minutos siguientes. Según la reconstrucción que hace la policía, el chico fue hasta la mesa de luz, sacó una pistola y regresó al living. Pasó por atrás de su padre, le apoyó la pistola en la cabeza, y disparó. Caminó sólo unos pasos y baleó a su hermano, de costado. Nadie escuchó nada, la pistola tenía silenciador.
La policía no sabe como apareció la abuela, a quien T. baleó en el cuello, pero los gritos de la anciana alertaron a la madre del chico, que también recibió un disparo en el tórax. Su hermana de 19 años dejó de bañarse y salió a ver qué pasaba. Al encontrarse con su hermano, forcejeó con él, lo que determinó que el cargador de la pistola se cayera. La adolescente recibió algunos golpes; después T. tiró la pistola en su casa y huyó.
Lo encontraron ayer al mediodía, en una casa abandonada, a diez cuadras de la suya. Estaba inmerso en una crisis, lloraba y se mostraba muy alterado. El chico quedó alojado en la Brigada de Homicidios y ayer esperaban que el juez de menores Juan Leandro Artigas determinara los pasos a seguir entre los que no se descarta una examen psiquiátrico para evaluar si tenía algún problema que ayude a explicar el fatal desenlace.
El matrimonio Adorna siempre vivió en Funes, primero en una vivienda alquilada ubicada en General López y Santa Fe y, poco antes de que comenzaran a llegar los hijos, marido y mujer construyeron la casa de San José al 2400 donde residían actualmente y que está ubicada frente a la del ex jefe de la Unidad Regional II José Previtera. Pertenecían a una clase media acomoda, gracias a las agencias de lotería que tenía el jefe de familia, Alberto Adorna, de 50 años, en la zona oeste de Rosario. Su esposa, Alicia Traglaviante, tiene 49 años. El único conflicto que recuerdan los vecinos es un problema en la pareja que determinó que la mujer dejara la casa hace poco más de un mes. Pero desde hace dos semanas, la familia estaba otra vez unida.
La pareja vivía con la madre de Adorna, Catalina Dártoli, de 80 años, y sus cuatros hijos: Nadia, de 19 años, T. y Leandro (apodado Copito), mellizos de 17 años, y Germán de 16.
Los vecinos de los chicos contaron que T., a diferencia de su hermano mellizo, tenía una personalidad algo retraída, era muy estudioso y lo recuerdan como un chico que jamás tuvo problemas con nadie. La familia también es considerada muy sociable, y de hecho los vecinos recuerdan que era común que hubiese mucha gente en la casa.
Pero el sábado a la noche es un misterio para todos y quizás sea un caso que tendrá que resolver la psiquiatría, porque el enigma radica en qué pasó por la cabeza del chico en los diez minutos en que mató a su padre, a su hermano menor, baleó a su abuela y a su madre y golpeó a su hermana.
Según los investigadores, esa noche la familia cenó en la casa. Sólo faltaba Copito, que llegó cuando todos ya habían comido.
Alberto y su hijo Germán fueron al living, a mirar el partido entre Independiente y Colón. A las 21 llegó Copito, que invitó a su hermano mellizo a ir a un cibercafé de la zona, pero T. no quiso, así que se fue solo. Según la reconstrucción policial, Copito se fue de la casa a las 21.30.
A los pocos minutos, T. fue hasta la habitación de su padre y sacó del cajón de la mesita de luz una pistola Bersa calibre 22 con silenciador. El chico, arma en mano, pasó por detrás del sillón donde estaban sentados su hermano Germán y su padre. “El padre murió mirando televisión, porque le apoyó la pistola en la nuca y disparó, explicó un investigador.
Después siguió caminando por detrás del sillón y, cuando llegó a la punta, acercó el arma a la cabeza de Germán, y disparó.
Quizás ninguno de los dos se haya percatado de lo que estaba pasando. La policía no sabe cómo fue que la abuela entró en escena, pero recibió un disparo en el cuello que igual le permitió gritar y advertir a su nuera sobre lo que estaba pasando. Cuando Traglaviante llegó, vio a su suegra ensangrentada y a su hijo armado pero no pudo reaccionar; un balazo que salió de la misma pistola le ingresó por el tórax y le salió por el brazo.
Nadia salió del baño y en el pasillo se encontró con la escena de su madre y su abuela baleada, por lo que se trabó en lucha con T.. Como consecuencia de la pelea, el cargador del arma cayó al piso y Nadia sólo recibió algunos golpes.
T. tiró el arma en su casa y huyó. Cuando las mujeres fueron hacia el living, se encontraron con Alberto y Germán muertos. Traglaviante fue internada en el hospital Centenario, pero fue dada de alta a las pocas horas ya que la herida no revestía gravedad. Su suegra quedó internada en el Pami, pero se encuentra fuera de peligro.
A T. lo buscaron por diversos lugares, incluso en el Club de Velas, donde Adorna tenía una embarcación. Pero no lo encontraron. Ayer al mediodía, la Brigada de Homicidios y una patrulla de la Guardia de Infantería fue hasta una casa abandonada de Elorza y Dorrego, a diez cuadras de la casona donde ocurrió la tragedia. El chico estaba tirado, en el interior de la vivienda, sumergido en una crisis de llanto.
En el barrio donde vive la familia circulaban todo tipo de versiones: desde un problema de adicción hasta un problema grave de índole personal, pero ninguna de estas hipótesis fue confirmada por la policía y tampoco explican el accionar del chico.
UNA OVEJERA EN SHOCK
La ovejera de la familia Adorna fue para un investigador la síntesis del cuadro desolador con que se encontró la policía al llegar a la casa. “La perra estaba tirada al lado de los cuerpos, en el medio del living, y fue trabajoso moverla, porque estaba en una especie de shock profundo”, describió la fuente el cuadro de angustia y desesperación que reinaba en la noche del sábado en ese rincón habitualmente tranquilo de la ciudad de Funes.
En busca de pistas del doble crimen
“La dificultad para establecer qué pasó en esos diez minutos en que el pibe se levantó y volvió para empezar a gatillar se da en que nadie sabe qué pasó en la primera secuencia, cuando mató al padre y al hermano.
Después, cuando disparó contra dos de las mujeres y golpeó a su hermana, está más o menos claro”, sostuvo un investigador. Por la particularidad del estado emocional de las víctimas sobrevivientes, aún no hay pistas fehacientes sobre el móvil del doble crimen, una de las cuales podría desprenderse del informe psiquiátrico, que anoche iba a recibir el juez de Menores Juan Leandro Artigas. Dijo otro pesquisa: “Además, acá se plantea la cuestión de que el pibe es menor, por lo que tiene que declarar acompañado de un mayor. Como acá los familiares mayores son víctimas, lo deberá asistir el Estado”.
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