DETUVIERON EN SU CASA AL CHICO QUE SE HABÍA FUGADO DE LA LEGISLATURA
Se había hecho mechitas doradas y cortado el pelo para cambiar su apariencia. Pero esa transformación no lo ayudó cuando un grupo de policías entró a su casa para detenerlo. Estaba sentado en una sala del modesto departamento de su mamá, en el Fonavi de barrio Acindar, y se mostró dócil cuando le dijeron que lo llevarían. Fernando B. perdió de esa manera su condición de fugitivo, cuatro días después de salir del penal donde estaba aislado en la comisaría 6ª, acusado de haber robado, privado de la libertad y violado a una mujer de 91 años el domingo pasado. Hoy lo llevarán a Tribunales para que empiece a definirse su responsabilidad en ese incidente. Y también cuánto hay de verdad en la extravagante explicación del escape que le atribuyeron, con escaso poder de convicción, en la seccional de San Luis al 3200.
Fernando es un chico que padece una profunda dependencia a las drogas. Reconoció en Tribunales, a un par de horas de su primera detención, que había entrado a robar a la casa de la anciana de Mitre al 300. Pero negó haberla violado. Tiene una veintena de antecedentes por ilícitos diversos, muchos de ellos violentos, pero ningún delito sexual en su prontuario. El juez de Menores Jorge Zaldarriaga dijo ayer que no estaban listas las pericias, ni el hisopado ni el examen médico que probarán si hubo o no ataque sexual. Hasta anoche eso no se sabía.
Ayer a mediodía efectivos de la sección Seguridad Personal allanaron el departamento de un edificio de Acevedo a la altura de Suipacha, donde Fernando vivió siempre con su mamá, que se llama Gabriela, y su abuela. No lo encontraron, pero a la tarde obtuvieron el dato de que allí estaba. Por eso seis policías rodearon el edificio a las 18 y otros tocaron la puerta. Este chico delgado, de cutis blanco y estatura mediana se entregó sin ninguna resistencia.
Debe responder ahora por una acusación escalofriante. El acta policial indica que el domingo, desde las 5.30, mantuvo cautiva por tres horas a su víctima, a quien golpeó para que le entregara dinero y, según la imputación, violó más de una vez. Fue detenido al salir de la casa con los objetos robados a la mujer. Se llevaba entre otros bienes una videocasetera, un radiograbador, ropa diversa, un reloj despertador. Según la policía sujetaba a la anciana con un cuchillo para que ella, si era preciso simular, se presentara como su abuela y dijera que buscaba un taxi para mudar las cosas. Pero llegó antes una patrulla del Comando y todo fue desmantelado.
Ayer de mañana la madre de Fernando señalaba que su hijo, por entonces prófugo, la había llamado por teléfono. “Nos hizo saber que está bien, que no nos preocupemos”, sostuvo en Canal 3. La mujer contó que su hijo se hacía cargo del robo. “Pero no de la violación. Ese es un hecho que cobró estado público sin tener pericias todavía”, rezongó. También desacreditaba la versión policial de la fuga de su hijo, que indican que vulneró un candado forzandolo con un cable o fraguándolo con fuego: “Si es tan peligroso como ellos comentan, es dudoso que se pueda escapar así nomás de una comisaría”, decía.
En el barrio de Fernando no reina la abundancia ni, para sus jóvenes, promesas de futuro próspero. En la puerta del edificio, tras su detención, conversaban tres de sus amigos adolescentes. Dos chicos y una chica que miraron con recelo pero que de a poco aflojaron su desconfianza. “El pibe es un bando”, dijo uno de ellos. “Seguro que le robó a esa mujer, sabemos que anda en el choreo. Pero lo de la violación no lo creemos ni a palos. No le da ni ahí para eso. Tiene novia, vive con la abuela, es cariñoso con ella. Con nosotros es un buen pibe”, comentó. Los tres remarcaron, con bronca, que la policía entró de manera cruenta a un departamento equivocado.
Fernando tiene una ficha cargada de episodios cruentos. El primer sumario, por lesiones leves, se lo hicieron el 11 de marzo de 2001. Tenía 12 años. Luego recibió imputaciones por lesiones, amenazas, hurto, daño en lugar público, hurto calificado, incendio intencional, robo agravado, tentativa de robo. El delito más grave fue, según la carátula, el que cometió el domingo pasado. Estuvo tres veces preso en la comisaría 6ª y una vez en la 11ª. También conoció el Instituto Nazareth y las celdas del Irar.
El juez Jorge Zaldarriaga esperaba que el muchacho fuera detenido porque entiende que requiere un tratamiento psicológico urgente. “Este caso justifica un abordaje técnico-terapéutico. Necesitamos claramente saber con qué tipo de sujeto estamos hablando”, dijo a este diario, cuando todavía Fernando estaba dando vueltas.
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