DEUDA: EL G-7 EXIGE UN RÁPIDO Y AMPLIO ACUERDO CON LOS BONISTAS
Apenas un día después del alivio que significó para la Argentina la “luz verde” de la Comisión de Valores de los Estados Unidos, que le permitirá al país presentar para su aprobación la oferta de canje a los bonistas, el G-7 emitió un comunicado donde le dedica al gobierno de Néstor Kirchner un par de muy duros párrafos. Sin diplomacia, el G-7 “urge” a la Argentina a resolver rápidamente temas pendientes.
En concreto, le exigen al gobierno de Néstor Kirchner que apure el paso en varios puntos. Lo dijeron así:
“Urgimos a las autoridades argentinas a implementar cuanto antes las acciones previas requeridas para completar la tercera revisión (del acuerdo con el FMI temporalmente “suspendido” hasta que se cierre el canje), y cumplir al mismo tiempo sus obligaciones actuales completa y oportunamente”.
“Los desafíos claves de Argentina siguen siendo las reformas estructurales, la construcción de una sana estructura fiscal y lograr una alta participación de los acreedores en una renegociación sostenible de la deuda”
La referencia explícita a la Argentina en un comunicado oficial del G-7 no es la primera del año y se produjo a días de que el Gobierno dé a conocer el prospecto definitivo con las opciones de bonos que se ofrecerán a los tenedores de la deuda en default.
Cuando menos en sus dos últimas reuniones el G-7 pidió al país negociar “de buena fe” con sus acreedores privados.
El ministro Roberto Lavagna, que también está en Washington, prefirió no opinar anoche sobre el renovado “apriete” desplegado sobre la Argentina.
La táctica de la delegación oficial es pasar por esta asamblea con el perfil más bajo posible. Sin embargo, el tono del G-7 y la presión sin ambigüedades que despliegan los países poderosos no deberían sorprender a Lavagna.
En febrero de este año ocurrió algo similar en Boca Ratón (Miami). En esa oportunidad, le pidieron a la Argentina “involucrarse constructivamente con sus acreedores para lograr un alto porcentaje de participación en la reestructuración”.
Poco después de esa reunión, Lavagna apuró el paso y designó al comité de bancos que lo asesoran en el proceso de reestructuración de la deuda.
El grupo está integrado por Gran Bretaña, Alemania, Japón, Canadá, Francia, Italia y Estados Unidos, que juntos representan más de dos tercios de la economía mundial.
Resulta obvio que lo reclamado por el G-7 a la Argentina está en línea con las presiones que —intensificadas en los últimos días— viene desplegando el director gerente del Fondo Monetario Internacional, Rodrigo Rato. Lo que demuestra, por si hacía falta, que el FMI no hace más que transmitir la opinión de los accionistas principales de ese organismo.
El Gobierno decidió suspender el acuerdo con el FMI para, se dijo, concentrarse en la negociación de la deuda. Y al mismo tiempo se puso a negociar con el FMI el tratamiento que se le daría a una serie de pagos pendientes comprometidos para lo que resta del año. En principio, se lograron postergar pagos por mil millones por un año.
Pero eso no significó firmar la paz con el organismo. Rodrigo Rato insistió con aumentar el superávit fiscal para 2005 y dedicar una mayor parte de ese superávit al pago de la deuda. Esta semana, además, criticó con dureza el proyecto de ley con el que el Gobierno busca fijar el marco regulatorio en el que se deberán desenvolver las empresas privatizadas de servicios públicos.
Los contratos con las privatizadas y una nueva ley de coparticipación fiscal son dos de las más importantes “asignaturas pendientes” que el FMI le reclama al Gobierno con insistencia.
Esta semana, además, Rato recordó temas que el Gobierno daba por superados o mantenía en un segundo plano, como la compensación a los bancos por los efectos de la pesificación, y la reestructuración de la banca pública.
Las renovadas presiones de Rato dispararon, como era previsible, la reacción del presidente Kirchner, quien rápidamente replicó, el jueves, que el FMI se comporta como un “patrón de estancia”.
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