DÍA DE TREGUA EN BOLIVIA
Toda Bolivia respiró aliviada. Por primera vez en una semana no hubo atascamientos de tránsito, las plazas quedaron libres de muchedumbres nerviosas y los policías volvieron a hacer su ronda con las manos cruzadas a la espalda disfrutando del sol. Hasta las palomas —el único pájaro paceño, en rigor— regresaron a su tranquilo picoteo en las veredas repletas de migas. Nadie se quejaba. Ninguno amenazaba. Muchos iban a misa perfumados a lavanda y con sombrero nuevo. En la iglesia de San Francisco o en la de Nuestra Señora de La Paz, los sacristanes recibían a los feligreses con el aire despreocupado de los días de fiesta. El país entero se unió al feriado por el Corpus Christi y los bolivianos pospusieron la discusión hasta el lunes que viene.
La pausa litúrgica fue la excusa que los principales protagonistas de la crisis bajaron del cielo para declarar una tregua hasta el 31 próximo, cuando el Parlamento —cerrado de apuro hace más de 7 días— deba determinar si Bolivia tendrá una Asamblea Constituyente, como lo reclama la inmensa mayoría. El cese de hostilidades fue pactado entre el jefe de la oposición, Evo Morales, con las asociaciones de mineros, maestros y campesinos que desde el lunes marchan todos los días en el centro paceño. A la pausa se agregaron la Central Obrera Boliviana y los gremios de El Alto.
Los manifestantes presionan al gobierno para que nacionalice los hidrocarburos y convoque a una Asamblea Constituyente. Se oponen al proyecto de autonomía al margen del Congreso impulsado por los departamentos del este. Los del Altiplano sostienen que esa región pretende aprovecharse de los hidrocarburos que hay en su subsuelo en desmedro del resto. Varias marchas fueron duramente reprimidas por la policía. Hubo 10 heridos y el Parlamento fue clausurado cuando algunos amenazaron con quemarlo.
Mientras funcionarios del gobierno acudían a misa en la iglesia de San Sebastián, contingentes de clase media llenaban otros templos en este país de mayoría católica. Pero muchos hicieron compras en los mercados de esta ciudad de arquitectura tan bella como deteriorada, colgada sobre los Andes a 3.400 metros de altura. Los comercios populares tienen una impronta caótica, donde conviven en contigüidad casi incestuosa zapatos y cebollas con chirimbolos electrónicos; jengibres y otras especias con morcillas y empanadas; pulóveres y salames con destornilladores y quesos.
“Hoy hay más gente que en los días de marchas, pero muchos artículos son 10% más caros. Aún no hay desabastecimiento”, dijo a Clarín José Chiqué, un puestero del Mercado de Lanza, aludiendo a los bloqueos de rutas del interior. José y su compañera —una colla que acomodaba los tomates lustrosos sobre una mesa— integran esa franja social que viene protestando contra el gobierno y apenas sobrevive con 3 dólares diarios. La mitad de los 9 millones de bolivianos son indígenas y en su mayoría sufren una extrema pobreza. Se estima que el desempleo real llega al 20%.
Ayer, casi nadie hablaba de la proclama golpista del miércoles leída por TV por dos teniente coroneles, buscados hoy por deserción. La intentona, descalificada por la mayoría de los analistas, pareció favorecer al gobierno ya que todos los sectores políticos se abroquelaron en defensa de la democracia. El tema ni ocupó los principales títulos de los diarios. “No le dé importancia. Es un hecho aislado que integra el proceso de tribalización de este país”, dijo a Clarín el analista Cayetano Llovet.
El fracaso de ese llamado también sumó aire al alivio por la ausencia de marchas. En los programas de TV se hacían votos anoche para que los opositores respeten la tregua política y continúe la calma, al menos hoy, para que toda Bolivia celebre en paz el Día de la Madre.
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